Cànem: Los sonidos de la excepcionalidad

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«Cànem apostaba por una sonoridad acústica netamente valenciana, aunque mecida por las aguas del Mediterráneo y recalando en sus distintas riberas»

Se reedita «Cave canem», una de las joyas perdidas del folk valenciano. Un disco grabado en 1987 por el grupo Cànem que, veintitrés años después, sigue resultando una obra excepcional y a contracorriente.


Texto: JUAN PUCHADES.


Fue el principio y fue el final. Con «Cave canem» («cuidado con el perro», en latín) debutaba discográficamente en 1987 el grupo valenciano Cànem (Cáñamo, en catalán) y con él se despidieron: poco después la formación se disolvía y algunos de sus miembros, con Toni Torregrossa a la cabeza, daban forma a Urbàlia Rurana, una banda que estos días ha celebrado su veinte aniversario y que está considerada, sobre todo en sus inicios, como artífice de la renovación del folk local. Sin embargo, el capítulo anterior, el que corresponde a Cànem, había quedado olvidado, sepultado en la era del vinilo, las ediciones independientes y las tiradas cortas, recordado por quienes estuvimos cerca de aquella aventura, algunos amigos, músicos, aficionados o periodistas que contribuimos, con el boca a oído y a lo largo del tiempo, a transmitir que «Cave canem» era una obra fascinante, muy probablemente la mejor pieza que dejó el folk valenciano en la década de los 80.

Hace unos días, Toni Torregrossa me comunicaba la buena nueva: veintitrés años después de su primera publicación, «Cave canem» acababa de salir planchado en una edición en CD (a cargo de Picap) para la que se ha logrado recuperar el máster original –algo casi milagroso–, trabajar desde él y amplificar el sonido, ponerlo al día respetando todos los matices originales. El resultado es, sencillamente, majestuoso. Volver a escuchar esta joya con una sustancial mejora en la calidad sonora supone un innegable placer. Pero lo verdaderamente sorprendente es que, casi un cuarto de siglo más tarde, este disco tan atípico como hermoso, mantiene incólume su encanto y sigue representando un territorio virgen, por inexplorado.

En todo caso, si el amable lector ha llegado hasta aquí sin huir despavorido en cuanto ha tropezado con el término folk, que no tema, Cànem no practicaba esa aridez estilística tantas veces asociada a muchos representantes hispánicos del género, más interesados en el didactismo antropológico –tan palizas él, tan poco digerible– que en construir algo contemporáneo desde la tradición. Cànem se adscribía a la segunda tendencia –no en vano, posteriormente Urbàlia Rurana fue modelo a seguir y auténtico catalizador de esa «ripopostra» que desde el Piamonte italiano reivindicaba Mauricio Martinotti pero trasladada al ámbito catalanohablante–, apostando por una sonoridad acústica netamente valenciana, aunque mecida por las aguas del Mediterráneo y recalando en sus distintas riberas, ciñéndose al concepto de «canción», musicando a poetas clásicos (y también rebuscando en la poesía árabe valenciana) y modernos, tomando prestadas melodías populares, escribiendo composiciones propias y sellando un disco que muestra a una banda imaginativa, propensa a incidir en los matices y los colores cálidos, capaz de imprimir fuerza épica a ‘El cavall blanc’ pero especialista en baladas tan conmovedoras y frágiles como ‘El jardí’, ‘Pren-me enaixí con al patró que en platja’ o ‘Carta a l’exili’.

«Cave canem» es un disco ejemplar, gozoso, una ventana abierta por la que entra el sol y la brisa del mar. En el texto con el que Vicent Sanchis prologa esta nueva edición, lo sitúa, por su excepcionalidad, al lado de piezas como los estrenos de Pep Laguarda, La Rondalla de la Costa, Bustamante y Remigi Palmero, y razón no le falta: en aquellos años, durante una década, antes de la debacle cultural valenciana que el PSOE propició y que el PP se encargó de materializar (unos cavaron la fosa, los otros fueron los enterradores), algo sucedió en la música de estas tierras. Tal vez, entonces, con mayores dosis de ingenuidad y optimismo, las esperanzas permanecían intactas y la música se beneficiaba de ello.

Ahora, que tantos grupos indies andan obnubilados por el folk norteamericano, podrían pegarle una escucha a este CD para observar que por aquí también hay una rica tradición acústica, sólo hay que saber aprovecharla. Maderita, con Julio Bustamante al frente, parecen dispuestos a mantener la llama encendida. Que no se apague.

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