Beautiful freak, de Eels, la primera página del libro de Mr. E

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TREINTA ANIVERSARIO

«Es conmovedor leer a un artista que decide, que, a pesar de todo, merece la pena levantarse una vez más»

 

Hasta el origen de los Eels, a través de un análisis del disco con el que debutaron, se retrotrae Fernando Ballesteros. Un trabajo que pone sobre la mesa los claroscuros vitales y artísticos del líder, Mark Oliver Everett.

 

Eels
Beautiful freak 

DREAM WORkS, 1996

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

La carrera de Mark Oliver Everett, el alma de Eels, comenzó unos años antes de que la banda llegara a nuestras vidas con el disco del que vamos a hablar. El artista, por aquel entonces conocido como Mr. E, ya había editado como solista, en 1992, A man called E, con la etiqueta de Polydor y lo cierto es que tuvo cierta repercusión. Es más, el single “Hello cruel world” llegó a convertirse en un pequeño éxito en el circuito de radios universitarias. Su siguiente asalto, Broken toy shop, que vio la luz un año después, no encontró tanto eco y aquel fue el momento, tras la finalización de su contrato con Polydor, en el que Mark se vio obligado a darle un nuevo impulso a su carrera.

La historia que vivió en sus primeros años no fue muy diferente a la que han experimentado cientos de artistas. Lo podemos resumir diciendo que la compañía le dejó abandonado a su suerte. Mark se marchó de Virginia a finales de la década de los ochenta y emigró a tierras californianas para intentar edificar una carrera. El destino puso en su camino a John Carter, que trabajaba para Atlantic. A John le gustaron tanto las canciones de Everett que inmediatamente quiso que formara parte del catálogo del sello. En la compañía no vieron tan clara la maniobra y el fichaje se frustró, pero, meses después, cuando Carter fue despedido, se convirtió en el representante del joven Mark.

El nuevo mánager contactó con Davitt Sigerson a quien le encantó el material de Mr. E, de manera que, cuando fue nombrado presidente de Polydor, una de sus primeras medidas fue consumar su fichaje. Hasta aquí las buenas noticias. Las malas llegaron cuando en Polydor decidieron reestructurar su directiva, se cargaron a Sigerson y, sin su gran valedor en la compañía, no movieron un dedo para promocionar un segundo disco que pasó totalmente inadvertido.

 

 

Eels. Un nuevo comienzo para Mark Oliver Everett

Extinguido el contrato que le unía a Polydor por dos discos, Mr. E se vio en la calle y obligado a reconducir su carrera. Jonathan “Butch” Norton, que ya había tocado la batería en sus presentaciones como solista, fue el que más fuerza hizo para formar un nuevo grupo e iniciar una etapa que partiera desde cero, también con un nombre novedoso. Cuentan que fue Carter quien tuvo la idea de bautizar a la banda como Eels, entre otras cosas, para que sus discos no estuvieran muy lejos en las cubetas de los que había editado como E. Así nació el trío, rematado por el bajista Tommy Walter, que en 1996 debutó con Beautiful freak.

Con ellos se metió en el estudio y grabó una maqueta en la que ya se encontraba “Novocaine for the soul”, una canción que algunas emisoras independientes comenzaron a radiar. El nombre de Eels ya sonaba y despertó el interés de varias discográficas, entre las que DreamWorks Records, que se acababa de crear, se llevó el gato al agua.

Una niña con ojos enormes que aparece en la portada gateando nos da la bienvenida a la obra que nos ocupa. La pequeña fue definida por Mark como una Susan en miniatura. Y Susan, de la que volveremos a tener noticias, era una de sus exparejas.

“Novocaine for the soul”, la canción que abre el elepé y a la que ya nos habíamos referido, entra con una introducción de xilófono, un sonido peculiar, casi inquietante, para un tema que va ganando en intensidad hasta estallar en un estribillo rotundo y efectivo. El vídeo, dirigido por Mark Romaneck, en riguroso blanco y negro, muestra al grupo flotando en un callejón tocando y gesticulando al ritmo de la música y fue programado con asiduidad en MTV en una época en la que esto era un pasaporte hacia el éxito.

Beautiful freak tenía muy buenas canciones y jugaba con maestría con distintos sonidos. No es difícil, por ejemplo, rastrear la influencia del hip hop en “Susan’s house”, el segundo single del álbum y otra de sus grandes canciones. Ya anticipamos que volveríamos a tener noticias de Susan, a quien también dedicaba el precioso tema que daba título a la obra.

En “Rags to rags” y “Not ready yet”, con su desgarrador estribillo y esa inseguridad para hacer frente al mundo que exhibe, el trabajo de guitarras, que va desde lo delicado al riff potente,  es sobresaliente. La oscuridad está muy presente en las cinco primeras canciones de un disco que nos ha recibido avisando de que la vida es dura. Mensaje recibido.

Aun así, hay espacio para momentos de esperanza como los de “My beloved monster” y para los deseos de ser amado en “Guest list”, en la que juega con los sentimientos de soledad que están muy presente en los surcos del disco. También en “Flower”, uno de los momentos más destacados del álbum y, para el que firma estas líneas, los tres minutos y medio que mejor sintetizan, tanto desde el punto de vista melódico como desde el lírico, las muchas virtudes que lo adornan.

Pero hay mucho más “Mental” se interna por los caminos del rock más pesado cuando hacen acto de presencia los coros y hasta te llega a recordar al hombre que lo cambió todo en el mundo del rock en la década de los noventa. “Your lucky day in hell” devuelve la calma con inspiración gracias esos agudos con los que Everett nos cambia el paso de vez en cuando; y “Manchild” echa el cierre a golpe de balada, digamos clásica.

 

 

Una vida contada para entender a un creador único

Escuchado en su momento, Beautiful freak corría el riesgo de situarse en un terreno de juego indefinido, a medio camino entre el escritor de canciones, más o menos tradicional, y la etiqueta alternativa que, por aquel entonces, lo invadía casi todo. Ocurre, que para entender mejor la grandeza de Everett como autor y situar su obra, es imprescindible contar con una visión panorámica de su trayectoria, y esta, como es lógico, la terminamos teniendo con el paso del tiempo.

Dos años después del debut del grupo, llegaba Electro-shock blues (98), con textos que procedían de una serie de tragedias familiares que le habían tocado vivir. Tuvo que ser difícil levantarse tras la enfermedad y muerte de su madre, el fallecimiento de su padre —el reputado científico, Hugh Everett— y el suicidio de su hermana Liz, ocurrido en 1996. Aquel disco era una maravilla que supera a Beautiful freak y que, al mismo tiempo, lo explicaba.

Luego aparecieron: Daisies of the galaxy (00), que reducía las dosis de oscuridad abriendo las ventanas de su sonido, Souljacker (01), Shootenanny! (03) y el excelso doble Blinking lights and other revelations (05), y fue en este momento en el que a muchos fans que habíamos conocido a Mr.E una década antes se nos abrió un nuevo mundo, casi descubrimos a un nuevo autor.

En aquel proceso jugó un papel relevante la publicación de Cosas que los nietos deberían saber. El libro apareció en 2008 y como miles y miles de lectores, muchos de ellos en España,  ya han comprobado es una maravilla; pero es que, además, ahora que estamos hablando de las canciones de Mark Oliver Everett, nos permitió conocer aún mejor al autor de aquellas oscuras composiciones  de discos como Beautiful freak.

Ya teníamos constancia, a través de entrevistas y reseñas, de algunos de los palos que le había dado la vida y lo duros que fueron aquellos primeros años con la banda, pero ahora lo compartía de una forma cruda, sirviéndose de unas páginas en las que lo compartía todo y ofrecía más de una impagable lección de vida. Es conmovedor leer a un artista que decide, que, a pesar de todo, merece la pena levantarse una vez más. Mark lo consigue dando rienda a sus inquietudes como escritor y armado con toneladas de un sentido del humor, capaz de hacer que, en algunos momentos bien crudos, lleguemos a esbozar una sonrisa. Los milagros del arte.  Llegados a este punto, entendíamos bastante mejor de dónde procedía el humor negro, la forma de resistir que había adoptado y que plasmaba también, de forma desgarrada, cuando se ponía a componer canciones.

En los últimos años he leído decenas de artículos retrospectivos sobre Mark Oliver Everett y todos sitúan el punto de partida en aquellos dos discos solistas como E. Yo mismo lo he hecho, pero ya que hemos llegado hasta aquí y todos somos admiradores, no está de más que recordemos que su origen como artista y su debut discográfico se remonta a 1985 cuando editó Bad dude in love, un elepé que, con toda justicia, ha sido olvidado por casi todo el mundo. Un horror de disco. Si no lo han escuchado, le pueden echar un rato al asunto. Eso sí, se aconseja que, siguiendo las enseñanzas de Mr. E, lo hagan provistos de buenas dosis de sentido del humor.

Anterior entrega: Murder ballads, los crímenes cantados de Nick Cave.  

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