“¡Ave, César!”, de Joel y Ethan Coen

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CINE

 

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“Un filme marcado por agudos y delirantes diálogos y un ritmo veloz garantía de risas y diversión a lo Coen. ”

 

 

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“¡Ave, César!”
Joel y Ethan Coen, 2016

 

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

 

No somos pocos los que esperamos, como agua de mayo, el estreno de todas las realizaciones que vengan firmadas por Joel y Ethan Coen. El humor negro, hastío y cinismo con que tan característicamente ven y nos muestran el mundo en sus películas es tan difícil de definir como de imitar, y está presente tanto en los salvajes dramas como en las alocadas comedias con las que nos han deleitado los últimos treinta años.

“¡Ave, César!” encaja mucho mejor en la segunda categoría y nos hace recordar “O brother!” (2000) y “Quemar después de leer” (2008) antes que “Fargo” (1996) o “No es país para viejos” (2007). Una serie de locuras, casualidades, chapuzas y accidentes se suceden a lo largo de un día en la vida de Eddie Mannix (Josh Brolin), un productor conocido (también históricamente) por su capacidad para “arreglar” todo tipo de tejemanejes del backstage hollywoodiense. Todo lo que ocurre, desde un alocado secuestro hasta un embarazo no deseado, ocurre de manera esperpéntica e irracional, gracias al tipo de personajes ineptos y sin ningún tipo de autoconocimiento que pueblan el universo de los Coen, aquí interpretados por todo un elenco de estrellas que exageran magistralmente sus actuaciones para conseguir la deconstrucción de ciertos estereotipos. Aunque parece necesario mencionar a la (doble) columnista rosa de Tilda Swinton, a un George Clooney encantador en su vis más cómica, y a Channing Tatum como un Gene Kelly de chiste, el gran descubrimiento es Alden Ehrenreich, tal vez el nombre más pequeño del cartel de “¡Ave, César!”, encargado de dar vida a un actor de westerns obligado a reinventarse en el melodrama por el sistema (fordista) de producción de los estudios en los años cincuenta. Y, por supuesto, todo ello marcado por agudos y delirantes diálogos y un ritmo veloz garantía de risas y diversión a lo Coen.

La película está llena de guiños y referencias, demostrando no solo un enorme conocimiento de la historia de la época dorada del cine más clásico sino un gran cariño por esas producciones que todos adoramos. Sin embargo, al llevar al extremo de la parodia por exageración todo lo mostrado, el filme es capaz de hacernos ver que por mucho amor y respeto que tengamos por todas aquellas ficciones que nos hicieron (y siguen haciendo) soñar, al final no son más que eso, ficciones. Con todo un abanico de personajes insensatos y situaciones absurdas, “¡Ave, César!” nos recuerda que entonces, como ahora, el cine de los grandes estudios de Hollywood (y puede que la vida en general) no era sino una fábrica de mentiras en las que, aun así, nos encanta creer.

 



Anterior crítica de cine: “El mal que hacen los hombres”, de Ramon Térmens.

 

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