Niña Polaca, cuando el talento se alza combativo y emocionante

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«Han hecho uno de los discos del año, apostaría que de la década. Representan a una generación sin hacer gala de ello y cuentan lo que viven con una lírica que marca personalidad y su talento»

 

César Prieto se sumerge en el nuevo disco de Niña Polaca, ¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas? (Subterfuge, 2026). Uno de los discos del año, asegura.

 

Texto: CÉSAR PRIETO.
Foto: DANIEL DE JORGE.

 

Niña Polaca ha publicado el disco que más expectación ha causado en esta primera mitad del año. Empezaron siendo unas promesas que encandilaban a la afición, pero con este su cuarto elepé ya juegan en otra liga, la de los grandes, y luchando por los puestos de cabeza.

Su evolución es nítida, siguen siendo un grupo eléctrico y chispeante, pero ahora los arreglos se amplían y las letras ofrecen otra percepción de la vida. Sin querer ser adalides de nada, se han hecho voz de esa generación que no sabe de dónde le llega el desencanto ni el desengaño, que no vienen a ser lo mismo.

Ahí está “CSI Alicante (mi generación)”, comprometida y crítica, con una letra narrativa y tensa y una guitarra punzante, muy a lo Burning. Son directos, uno de sus objetivos es hacer «que dimita Carlos Mazón» —verso de la letra— y la búsqueda de una lucha común en una generación que creen poco activa. En “La platería” —compuesta el día del apagón— vuelven a desplegar preocupaciones comunes a las gentes de su edad, aunque sea en una canción de amor.

Sus melodías siguen siendo impresionantemente bonitas. En “Suena ABBA cuando enciendes el motor” —con acordes del cuarteto sueco al inicio—, se desvela también un amor que se alza en el tiempo, con la delicadeza de un piano y un aire soul que se acrecienta cuando el coro principal cierra la canción. Incluso, en “Sería perfecto”, hacen lo que nunca han hecho, una balada casi para bailar lentas. La voz de Claudia conduce los registros como una gran dama de la canción, frenando cuando se necesita, sin ímpetu ni grandilocuencia, dejando entrar los instrumentos para airear y entrando ella cuando lo requiere la emoción.

También encontramos, como no, energía en algunos cortes, como “Policía-Hachís” con sirenas, guitarras y voces más rugosas y constantes. Electricidad en estado puro, cuyo final es una rabia sin control en el que todo sube: voz, instrumentos y mensajes. Sin embargo, esta energía se vuelve densa, más cuidada, en “Bosque”. El amor que solo permanece en el recuerdo conforma este tema, que define que han cambiado como grupo y empiezan a valorar que las canciones no sean misiles, sean bombas de efecto retardado.

También se acercan, otra novedad, a los cantautores. En “La codicia y capital de las fuerzas extranjeras”, maravilloso y nítido título, toman postura ante la degradación de todo el litoral mediterráneo; no en vano, aunque se consideren un grupo madrileño, es en Alicante donde tienen sus raíces. Así, reclaman una vida más natural, sin discotecas de turistas, sin tantos coches, con limitaciones y sobremesas, olor a brea… Hay mucho de Serrat, uno incluso se la imagina cantada por él, y es impresionante como crece y como poco a poco se va convirtiendo en un clásico. “Olvidarme de ti” también es del ámbito de los cantautores, pero de esos más eléctricos de los años setenta, con punteos, guitarras, con prestancia, juegos entre ellas, arreglos preciosistas y solos perfectos y emotivos.

Niña Polaca han hecho uno de los discos del año, apostaría que de la década. Son combativos y son emocionantes, representan a una generación sin hacer gala de ello y cuentan lo que viven con una lírica que marca personalidad y su talento. Nos van a seguir dando grandes alegrías. Estoy seguro.

Anterior crítica de disco: Estar fuera, de Fabián D. Cuesta.

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