Ana Curra regresa a la mirada de las Costus

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EL RITMO DE LA SEMANA

Ana Curra: «Ibas a su casa y siempre estaban pintando. Todos (Eduardo, Olvido, Almodóvar, Tesa de los Zombies…) nos reuníamos allí, pasábamos las tardes charlando, fumando, compartiendo ideas…, pero ellos siempre pintando, siempre trabajando»

 

En un viaje a Cádiz acompañada de Ana Curra, Sara Morales ha visitado la exposición de las Costus. Sobre esta escapada escribe en su columna de los lunes, El ritmo de la semana.

 

Una sección y fotos de SARA MORALES.

 

Nos habían invitado a Cádiz para participar en su Feria del Libro y presentar nuestro Conversaciones con Ana Curra una vez más. Unas páginas, estas nuestras, por las que no pasa el tiempo, no caducan, continúan vigentes y más vivas que nunca porque se sustentan en la veracidad de un relato de vida construido desde la sinceridad más descarnada. La generosidad de Ana en su flashback existencial para mí, a tumba abierta en el salón de su casa todas aquellas mañanas de 2020 y 2021, dio lugar a un libro tan honesto, tan valiente, tan revelador e inspirador que todavía hoy remueve, zarandea y sobrecoge.

Así lo entendieron los lectores y el mundo de ahí fuera en su día, hace ya cinco años; así se sigue entendiendo todavía hoy. Por eso, que nos llamaran para dejarnos caer por la “Tacita de plata” con la misión de recordar aquella catarsis tan creativa como psicológica transferida al papel, y situarnos de nuevo frente a un público desconocido, nos atrapó. Otra ciudad en la que dejar la semilla, otra ocasión para seguir ahondando en convencimientos y reivindicaciones. Otro viaje juntas.

La escapada, ambientada un entorno maravilloso de ficus imposibles y la inmensidad del océano, se centró en el Baluarte de la Candelaria con unas jornadas dedicadas a las letras y a la literatura. Pero también nos dio para asomarnos a la Caleta, para perdernos por las calles empedradas de ese casco histórico señorial y misterioso que transporta al siglo XVIII, para compartir un cucurucho de quisquillas y visitar la exposición de las Costus.

De manera permanente, hace ya tiempo que habita en el Espacio de Cultura Contemporánea de Cádiz —ECCO—, imponente, colorista, eléctrica, subversiva, a gran formato y distribuida en cuatro salas contiguas sugerentemente iluminadas. Se trata de la colección El valle de los caídos y uno de los retratos, el primero nada más entrar, es el de la propia Curra representando la templanza como una de las virtudes monumentales que custodian la Cruz de los Caídos a modo de esculturas: «Recuerdo perfectamente cuando me pintaron. Las botas con las que aparezco las hice yo misma, uní dos modelos de botas diferentes, los cosí y les puse las tachuelas que fui a comprar al Rastro», me cuenta.

 

 

«Ibas a su casa y siempre estaban pintando. Todos (Eduardo, Olvido, Almodóvar, Tesa de los Zombies…) nos reuníamos allí, pasábamos las tardes charlando, fumando, compartiendo ideas e impresiones… Ellos te invitaban a entrar y a hacer lo que quisieras, pero ellos, durante ese rato, seguían trabajando, siempre pintando, siempre brocha en mano», continúa recordando Ana.

Así nació esta colección de pinturas impresionantes en las que, de entre fondos caleidoscópicos que tiran de toda la paleta cromática e impactos fluorescentes —toda una modernidad en la época—, emergen las figuras de Alaska, de Tino Casal, de McNamara, de Bibiana Fernández… También de amigos menos conocidos que ejercían de modelos y de ellos mismos, de Enrique Naya y Juan (José) Carrero.

«Juan era rubio, de sonrisa permanente, dulce y mirada limpia. Era como una divinidad. Enrique era moreno, tenía una mirada más incisiva, mucha socarronería y un humor más mordaz. Tenían caracteres totalmente opuestos y, por eso mismo, se complementaban tan bien. Al principio hacían exposiciones conjuntas, pero con la obra de cada uno diferenciada y por separado, con el tiempo empezaron a pintar cuadros juntos mano a mano», explica.

Me cuenta Ana que se conocieron en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, por eso la ciudad les recuerda y les rinde tributo acogiendo parte de su obra. Luego se fueron a vivir a Madrid, a la calle La Palma, donde levantaron aquella casa-taller por la que circulaba lo más granado de La Movida madrileña en un momento histórico y compartido de explosión creativa y libertad. «Es fascinante la vuelta de tuerca que las Costus le dieron a la represión y a la dictadura con esta obra y con la serie El chochonismo ilustrado. Fueron muy valientes, muy atrevidos, muy transgresores. Hay que reivindicarlos siempre», concluye Curra.

Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: El impacto medioambiental de la música en España.

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