Amyl and the Sniffers, la postura visible, sincera y directa del punk actual

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«Lo suyo es el rock duro y el punk embrionario de los Sex Pistols, edulcorado con el sonido tajante y salvaje del In utero de Nirvana»

 

Manolo Tarancón repasa la carrera de la banda australiana que, liderada por la imponente Amy Taylor, se ha colocado en una posición privilegiada para los amantes del punk y del rock duro, con tan solo tres discos.

 

Texto: MANOLO TARANCÓN.

 

Como pequeñas gotas de agua de un grifo mal cerrado, incluso los que somos fans de lo nostálgico encontramos en la contemporaneidad algo de esperanza en esto que seguimos llamando música, tal y como la entendemos, a pesar de los pesares. Que Amyl and the Sniffers hayan teloneado a AC/DC, Weezer o Green Day es lo de menos.

Solo una anécdota. Detrás de la figura segura y provocadora de Amy Tylor se erige un grupo sólido, que sabe lo que hace, dando pasos adelante sin experimentos y sin subirse al tren de las nuevas tendencias. Porque lo suyo es el rock duro y el punk embrionario de los Sex Pistols edulcorado con el sonido tajante y salvaje del In utero de Nirvana. Menos denso que este último álbum, eso sí, pero machacón como sus ritmos y guitarras.

Nos han regalado tres elepés desde 2019, si bien se estrenaron con un par de cortos que arrancaron allá por 2017. El primero de ellos tuvo su origen en un arrebato al volver de una discoteca. Amy compartía piso con otros miembros de la banda, y sin más intención que las ganas, lo grabaron con escasos medios —solo dos pares de auriculares, por lo que dos de los músicos tenían que sincronizarse por intuición— en casa y del tirón. Al día siguiente, ya estaban disponibles en Bandcamp los primeros seis minutos de la banda y no pasaron desapercibidos.

Remarquemos que no son norteamericanos ni británicos. De Melbourne, Australia, por lo que el mérito de llegar con el tiempo a las giras internacionales y agotar entradas en ciudades de Estados Unidos o Europa cuenta con un mérito extra. Las canciones respiran pura provocación en las letras, con algunas proclamas feministas muy bien tiradas, una voz característica que narra más que canta, pero reconocible desde la primera sílaba; siempre con ese toque socarrón en el que tan cómodamente parecen moverse.

Los riffs de la guitarra de Declan Martens son trallazos pegadizos sin tono limpio, salvo alguna ligera excepción. En directo no cuentan con guitarrista adicional a diferencia de en los discos donde, lógicamente, existen overdubs y algunos —escasos— solos y sonidos más propios del noise o del shoegaze. Alguna excepción: el tema “Hertz” se pasa de notas rápidas y académicas, tappings incluidos, como si de una banda de metal se tratara. Porque algo de eso hay, puestos a reconocer pequeñas pinceladas de otros géneros secundarios, el hardcore es un género que no solo les gusta, sino que se mueven en él con soltura. Solo hay que remontarse al cambio de ritmo del tema “Choices”, de su segundo álbum Comfort to me (2021), para casi esperamos escuchar un doble bombo. Se hace innecesario: la increíble técnica y control del ritmo del batería Bryce Wilson, que se entiende a las mil maravillas con el bajista Gus Romer —batería de formación—, nos da esa opresión donde el silencio brilla por su (buena) ausencia.

No necesitan de teclados ni de más instrumentos para ofrecernos canciones frescas y originales con mucha vitalidad y mala leche. Batería, bajo, guitarra eléctrica y voz. Del mismo disco del que hablaba anteriormente, nos encontramos con temazos como el ya citado “Hertz”, “Guided by angels” o “Freaks to the front”. Todos ellos ya se han convertido en clásicos de su repertorio.

Su disco homónimo de debut mantiene el tipo con gran altura. De ahí viene uno de los himnos imprescindible para sus seguidores, “Control”. Bendito problema cuando llegamos al más reciente Cartoon darkness (2024), porque, a las canciones ya citadas, hay que incluir a la fuerza otras de gran factura, y el sonido del disco (calidad de la mezcla, empaste entre instrumentos y voz, producción meticulosa) es sensacional, como ya ocurriera en el anterior. Ya solo por el riff machacón y continuo con la voz de Amy y las respuestas estilo coro de taberna —otra de las marcas de la casa (escúchese “Got you”o muchas otras)— en el tema de inicio “Jerkin’” merece realmente la pena.
Pero no se queda ahí. La dureza de “It’s mine” o el ritmo pegadizo de “Tiny bikini”, cantada con voz angelical como paradoja de lo que nos cuentan, son una maravilla. Sí, ya sé. Unir o comparar a los Pistols pasando por Nirvana parece apuntar muy alto, pero a buena fe que esta banda merece estos elogios y comparativas.

Y ojo, no por copiar o lanzar etiquetas definitorias, sino porque ahí reside su esencia; y lo demás es puro sonido propio con una pasmosa originalidad, de ese que hoy en día cuesta tanto encontrar, capitaneado por una mujer segura de sí misma y que, llevando músicos más que notables, es la cara dominante de un proyecto que está destinado a perdurar y seguir creciendo.

Conciertos no les faltan. Esperamos con ansia nuevas canciones que reafirmen, si cabe, todavía más su maravillosa propuesta, tan dura como visceral, tan machacona como irresistible, tan pegadiza como cualitativa.

Cinco canciones imprescindibles:
5- “It’s mine”, de Cartoon darkness (Trade Records, 2024).
4- “Guided by angels”, de Comfort to me (Trade Records, 2021).
3- “Control”, de Amyl and the sniffers (Trade Records, 2019).
2- “Jerkin´”, de Cartoon darkness (Trade Records, 2024).
1- “Freaks to the front”, de Comfort to me (Trade records, 2021).

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