Amaro Ferreiro: Crecer a golpe de escenario

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“No tienes que cantar como Thom Yorke, ni tocar la guitarra como el de Muse, tienes que cantar tu canción y que se entienda. Es el mejor consejo que me han dado”

 

Amaro acompaña a su hermano Iván Ferreiro desde 2004 y, además de componer algunas de sus grandes canciones, se ha forjado una carrera en solitario. “Biólogo” es su nuevo disco. Arancha Moreno lo entrevista.

 

Texto: ARANCHA MORENO.

 

Hasta 2005 no sabíamos quién era Amaro Ferreiro, y de pronto, una de sus canciones se convirtió en una de las nuestras. “Desde aquí, desde mi casa, veo la playa vacía, ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia…”: así arranca ‘Turnedo’, el tema arrollador con el que Iván Ferreiro se presentó en solitario. Un himno de su hermano Amaro que formó parte de “Canciones para el tiempo y la distancia” (Warner, 2005), el disco en el que dejaba su banda atrás -Piratas- y llamaba a filas a su mejor compañero de viaje.

Desde entonces, los Ferreiro han formado un equipo indisoluble, complementario y lúcido, Iván ha consagrado su carrera en solitario y Amaro, que gusta del segundo plano, se ha dedicado a empujar y pulir casi desde la sombra, además de hacer sus pinitos en solitario. Pero la sombra no es tan oscura. Al entrar en la cafetería Dry Martina, en el barrio madrileño de Alonso Martínez, el camarero le felicita por su nuevo disco, “Biólogo”, y nos acompaña a la planta baja del café para poder hacer la entrevista con más calma. Un clima perfecto para trazar un viaje musical hacia este disco, un recorrido que parte desde la pasión de Amaro por escribir canciones, su verdadera vocación. “Nunca me he dedicado a ser guitarrista, he entendido la guitarra como un instrumento para hacer canciones. Tocaba muy mal, pero mi objetivo era montar una estrofa, un estribillo, algo. Siempre he tenido ese gusanillo”, explica. De pequeño “quería ser director de cine”, hasta hizo sus pinitos como actor en una serie para la televisión de Galicia cuando tenía 13 años –“no digo el nombre para que no la busquen por ahí”– pero cambió los platós y los cortos que hacía con su videocámara por el lenguaje musical: “Me dediqué más a las canciones porque era una manera de contar pequeñas películas yo solo”.

Tener un ejemplo cercano a veces es un aliciente para seguir sus pasos, y otras, un golpe de realidad que señalan las curvas del camino, los baches y los golpes. “Tenía a Iván en casa, lo veía un camino bastante difícil, y yo tenía una vida más normal. Al tener un hermano que tiene una banda con cierto éxito es difícil plantearte cómo hacer las cosas tú”. Y no porque sea un lastre: “Es una bendición, y en el fondo si ahora puedo sacar un disco es gracias a todo el trabajo que hemos hecho juntos y al trabajo que ha hecho Iván”, admite. Pero en un principio, llegó a plantearse vivir de otra cosa: “Me fui a estudiar Derecho a Salamanca, me imaginaba en el futuro en un despacho, con la guitarra debajo de la mesa, quería utilizar mi carrera como un medio para seguir con la música de forma amateur”.

Un día, sucedió algo que le abrió los ojos: “Cuando terminaba la carrera me fui de Erasmus a Maastricht, allí me encontré a gente que tenía una gran vocación por lo que estudiaban, y me di cuenta de que yo no la tenía, estaba ahí para pasar el tiempo. Cuando quedaban cuatro meses para terminar vino mi madre a visitarme y le pedí que me trajera el cuatro pistas que tenía Iván en casa. Dediqué ese tiempo a grabar canciones. Me di cuenta de que me quería dedicar a la música, que lo iba a intentar”. Y tras decidirse a apostar por ello, las piezas encajaron: “Terminé la carrera y los astros se alinearon conmigo. Iván quería montar algo y necesitaba un acompañante, y yo estaba ahí en ese momento. Fue una gran oportunidad”.

 

 

Sin tiempo para asimilarlo, Amaro pasó de grabar en casa a trabajar en un estudio y tocar ante miles de personas. “Soy un auténtico privilegiado. He hecho cosas muy rápido sin tener que pasar por ciertos sitios. Sé por donde ha pasado Iván hasta llegar donde está ahora, no ha sido fácil para él. Cuando salimos de gira con “Canciones para el tiempo y la distancia” los conciertos siempre estaban llenos. Yo no he vivido ese periplo buscando el público, ya venían a vernos”. Se olvida de señalar, sin embargo, que su periplo ha sido otro: el de aprender a marchas forzadas, brearse directamente con el público, iniciarse en la profesión con una sobreexposición que podría haberle paralizado. Antes de enfrentarse a ese primer disco, los dos se embarcaron en un proyecto muy particular, que llevaron por los bares de Vigo: “En As Ferreiro, algo entre teatral y musical, mis armas eran muy cortas, mi conocimiento de la guitarra y la voz era muy pequeño, pero aprendí un poquito. En el disco yo era muy amateur, éramos dos tipos que teníamos mucho que enseñar, pero nos faltaba mucho por aprender”. La gira nacional de “Canciones para el tiempo y la distancia” fue su escuela: “Yo aprendí a tocar en esa gira, más que en un local de ensayo. Creo que siempre me ha quedado ese pequeño complejo, como: “Este chico no toca muy bien, pero bueno, va con su hermano…”. Yo aún no sé muy bien lo que soy. Escribo canciones, las puedo llegar a tocar, pero no soy un guitarrista. Eso me ha acompañado mucho tiempo. Ahora me dicen que toco bien la guitarra, y aún me cuesta creérmelo, pero me lo creo un poco más, porque si no he aprendido algo en diez años, apaga y vamonos. Pero no soy un guitarrista al uso, para mi la guitarra es un instrumento para hacer una canción”.

Componer ha sido, desde el principio, su verdadera motivación. Por eso en todos los discos de Iván ha firmado varias músicas y letras, algunas solo y otras con él. “Al principio pensaba que no tenía ningún tipo de estilo, a veces necesito contar una historia y la cuento, a veces es una ranchera y otra una canción como ‘N. Y.’, pero ya tengo un pequeño estilo de contar mis pequeñas películas”. Su afición por el cine y lo visual se refleja en la narrativa de ‘Turnedo’: “Es como un plano secuencia. Creo que escribimos de maneras diferentes, me encanta como escribe Iván, yo cuento una especie de cuento y él se dedica más a las emociones. ‘Turnedo’ es una canción maravillosa, pero yo fui muy crítico con ella, no hay ningún tipo de poesía en el fondo, es una metáfora todo, cada frase es una escena, pero no tiene lo que tienen otras canciones, ese rollo emocional, cuando no cuentan nada pero te dicen muchas cosas”. Quizá esas maneras tan diferentes hacen que la química estalle: “Las canciones que más me gustan son las que hacemos los dos, él un poco y yo otro poco”.

 

Primer despegue en solitario

Amaro encontró un hueco para dedicarse a sí mismo dos años después de debutar discográficamente con su hermano. “Siempre he querido hacer algo por mi cuenta, en un inicio no pensé trabajar con Iván, él tenía su banda. En 2007 sufrimos el primer parón después de grabar “Las siete y media”. Tenía unas canciones y pensé que a lo mejor tenía que empezar a contar mis cosas”. Así surgió su primer trabajo en solitario, “La ciudad de las agujas”. “Es un disco hecho con mucha voluntad, pero sin todas esas armas que hacen falta. No tenía un estilo a la hora de cantar, ni de componer, ni de armar la canción. No tenía coherencia. Fue como si hiciera un master, decidí hacer un master en música, cogí el poco dinero que tenía y lo invertí en grabar un disco para aprender por mi mismo. Xoel (López) me ayudó mucho con las maquetas de las canciones, me dijo que hablara con Juan de Dios Martín para que me lo produjese… y aprendí”. La ilusión de ese primer paso en solitario le trajo sinsabores: “Fue una experiencia bastante traumática para mí, cuando llegué al estudio me di cuenta de que la idea que tenía en la cabeza no podía llevarla a la práctica porque me faltaban muchas cosas. Yo he sido autodidacta. Tenía una relación muy íntima con la música, a veces prefería pasar mi tiempo con los discos que con la gente. Para mí la música era magia. Ahora sé lo que pasa en una canción musicalmente cuando algo te revienta, he descubierto el truco. Es como empezar siendo el público y acabar arriba. En “La ciudad de las agujas” consigo un disco con cierta lógica, pero que no me deja del todo satisfecho”.

Aún no había encontrado su voz propia, y buscándola le crecieron las dudas sobre sí mismo. “Se juntaba que mi vida personal era un auténtico caos, decepciones en la vida y en lo que hacía. Pensé que el disco me iba a ayudar a ir hacia algún lado y me dejó en ningún sitio, sin saber muy bien qué hacía, si lo que hacía estaba bien, si solo estaba bien cuando estaba con Iván… me dejó ciertas dudas. Había vivido de los éxitos de Iván, que eran más suyos que míos, y necesitaba cometer mis propios errores, que es cuando aprendes. No me importaba ir a tocar para veinte personas, a lo mejor tenía que hacer ese camino que él ya había hecho”, reflexiona.

 

 

Tras esa experiencia, y después de grabar con Iván “Mentiroso mentiroso”, Amaro se asoció con el guitarrista Emilio Saiz para fundar otro proyecto, Glez. “Con Emilio fue un flechazo: es todo lo contrario a lo que yo soy. Es un guitarrista, no necesita las palabras para montar algo, solo piensa en la música, algo que no me interesa tanto porque no me hace falta para contar mis cosas. Él lo que quiere contar es musical. Tras la decepción de mi primer disco empecé a trabajar con él, para mi era fascinante. Reunimos unas cuantas canciones, algunas que estaban a mitad y otras que hice con él. Se nos ocurrió montar Glez, avisamos a Toni (Toledo), a Suso (Saiz), productor de Iván y padre de Emilio y montamos un cuarteto, supongo que para hacer canciones con otro punto de vista, creo que no pensando en algo experimental, nos salía así”. Fruto de aquello nació el disco “Demos”, obra de cuatro músicos que vivían en ciudades distintas y tenían agendas complicadas. “Fue un año de trabajo: íbamos a Mallorca, a Vigo, a Madrid… Era un proyecto complicado de entrada. Lo único que quería era grabar ese disco para tocarlo, y que de todas las tocatas que vinieran surgieran más canciones, más cosas, pero al final no pudo ser así. Lo que para mí era un principio, se acabó transformando en un final. Todo fue hacia abajo”. La experiencia fue agridulce: “Lo recuerdo como un año superintenso, creo que hicimos un disco maravilloso, pero me queda esa espina de no haber apostado más por él. Al final es un disco que no ha escuchado nadie, para que la gente lo escuche hay que ir a tocarlo, trabajarlo mucho. Eso no fue posible”.

 

 

“Entre el primer disco, que no me dejó buen sabor de boca, y este con Glez, me hizo un poco de pupa. Quería hacer otro disco, pero no iba a ser tan fácil de hacer, me entraron las dudas. Tocar con ellos era una apisonadora, yo tenía más armas que antes, pero no las suficientes aún. Ahí empieza mi travesía por el desierto”, confiesa, aunque matiza rápidamente que no fue tan árido. “Tampoco es así, tocamos un montón, hicimos “Picnic extraterrestre”, “Confesiones de un artista de mierda”… empezamos a hacer conciertos acústicos Iván y yo, a veces también con Emilio o Pablo Novoa. Hicimos muchas cosas”. En esos conciertos acústicos, Amaro empieza a coger confianza con la guitarra acústica:“En el fondo la acústica ha sido mi refugio todo el rato y es mi mejor espada”. En silencio, sigue trabajando en canciones propias, conoce a Marta Toro y empieza a trabajar con él, pero aún no se atreve a dar el paso de publicar un nuevo trabajo. “A veces te hace falta más de un solo aliado, y esa búsqueda es un poco larga. Entre concierto y concierto, un día Pablo (Novoa) me dijo: “Tienes que hacer un disco super sencillo, con tu guitarra, tiene que sonar natural, como cuando tú haces la canción””. Novoa le recomendó no ser nadie más que Amaro Ferreiro: “No tienes que cantar como Thom Yorke, ni tocar la guitarra como el de Muse, tienes que cantar tu canción y que se entienda. Es el mejor consejo que me han dado”. Decidió que el bajista y teclista sería la persona perfecta para producir su próximo disco: “Él cogió un poco las riendas de la situación. Yo iba con Martiño y dos guitarras, y él me dijo que Martiño tocase el bajo, su hijo Fizz la batería y yo la acústica. Que solo tocase yo la guitarra, y que no hubiese eléctricas ni pedales. Uso un único pedal, pero lo paso como la acústica. Lo redujimos todo, su trabajo ha sido fundamental hasta para escoger los tonos. Ese trabajo ha sido el más fundamental para “Biólogo”.

 

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“Biólogo”: la vuelta a la esencia

Tras “La ciudad de las agujas” y “Demos”, en “Biólogo” tiene mas bagaje y el aprendizaje le ayuda a definir lo que quiere hacer. “Los otros dos son como dos master, el primero es un disco en solitario y segundo el intento de ser líder de una banda. Pero yo lo que necesito es contar mis pequeñas historias, todo esto ha servido para saber lo que tengo que hacer”. Las dificultades y los errores le han ayudado a encarar este nuevo disco. “Es lo único que ayuda, que te den palmadas en la espalda diciendo que ‘Turnedo’ es guay no te ayuda en nada, te ayuda equivocarte y volver a intentarlo. Quiero saber lo que va a contar la siguiente canción, no lo que ya he contado”.

En ese nuevo comienzo recurre a dos composiciones de juventud. “‘Vacaciones’ hablaba de un niño que espera que llegue el verano para tocar la guitarra tranquilamente, y ahora cuenta que estoy de vacaciones eternamente, porque me dedico a lo que más me gusta. No lo considero un trabajo, sino una manera de vivir. ‘Madame Mim’ la hice con cierto rencor, hay algo de ‘Turnedo’ ahí, en la forma de contar algo, hablo de la desconfianza, pero ahora no la veo así, la veo súper bonita. En algún momento de mi adolescencia me estaba metiendo con el personaje de Madame Mim, pero ahora me siento muy identificado, hay que cambiar para evolucionar. No sé a quién se la hice, pero ahora me la canto a mí”. Aunque son dos canciones que hizo en sus comienzos, “ninguna es muy infantil, las podría haber escrito hace una semana”.

 

 

La que da nombre al álbum, ‘Biólogo’, tiene mucho que ver con su forma de diseccionar lo que le rodea. “Iván habla mucho, yo no hablo tanto, soy más un observador. Siempre estoy mirando a los demás, soy un voyager, aprendo mucho de la gente. ‘Biólogo’ era una chiste infantil, de un niño que en vez de decir que quería ser veterinario, decía que quería ser biólogo, porque le gustaba la palabra y era un redicho. Ahora soy un poco ‘Biólogo’ de las personas, un naturalista de los sentimientos, de las emociones. Creo que soy un biólogo que hace discursos sobre unos animales especiales: los seres humanos”. En esa disección, uno de los temas que sobrevuelan este disco es la confianza y la desconfianza: “Siempre he sido muy desconfiado, ‘Madame Mim’ tiene mucho que ver con ‘Desaparecer’, con ‘Biólogo’… hablan de confiar en ti mismo, en la gente que te rodea, o desconfiar, los celos”. Una lectura que va asociada a su experiencia vital, a las piedras del camino, y a la necesidad de tener fe en lo que uno hace. “Confía en como tocas la guitarra, en lo que haces… tienes que confiar en ti, dar un paso más, seguir aprendiendo”.

El single que adelanta el disco es ‘Trueno y relámpago’. “Son muchas historias juntas. Habla de una pareja que vive en la gran urbe y que el fin de semana se va a la sierra. De pequeño me encantaba pasear por el bosque, ahora me da miedo, me he convertido en un burgués urbanita, todos necesitamos la electricidad, Internet, cosas que no necesitaba de pequeño. También tiene que ver con una de las actividades a las que me dedico cuando no hemos estado de gira, el geocatching, la búsqueda de tesoros por medio de tu dispositivo móvil. Hay más de ocho millones de tesoros escondidos por todo el mundo: en la ciudad, en el bosque, en todas partes. Es un mundo mágico en el mundo real. Está escondido a los ojos de todo el mundo, eso me encanta”, se sincera. A esa búsqueda de tesoros, la canción le añade un componente trágico: mientras la pareja está en el bosque, empieza a llover y acaban perdidos y se mueren. “Es una amalgama de historias”, resume.

 

 

Entre las canciones de “Biólogo”, una metacanción, ‘Enfermedad estéreo’: “Habla sobre hacer una canción, cuando acabé ‘Trueno y relámpago’ di un acorde y surgió ‘Enfermedad estéreo’. Una cosa te lleva a la otra, eso me fascina. A veces vas al fondo para tomar impulso, coger otra cosa y salir para arriba. Creo que tiene que ver con David Lynch y “Atrapa al pez dorado”. Aparte de observar a la gente me observo a mi mismo. Por primera vez estoy escribiendo sobre cosas de atrás. Me observo a mi mismo hace diez años, lo que me hizo tanto daño, y me veo idiota. No me veo con culpa, sino con ternura. ‘Enfermedad estéreo’ va sobre algo que me dijo un amigo mío: hay dos tipos de personas, las que son un plomo y te llevan al fondo y las que son un corcho y te mantienen a flote”.

En ‘Lógica del límite’ encontramos un aire cercano a Diego Vasallo, del que Amaro se declara seguidor. “Soy super fan de Diego Vasallo, no sé si esta canción viene de Diego, pero Suso le produjo dos discos, yo le he escuchado mucho… Me sorprende, para mí era la canción rara del disco y es la favorita de mucha gente. Me ha costado bastante terminarla. La empecé hace muchos años, pero no la he acabado hasta que el disco estaba hecho. Ahora es la letra que más me gusta, hace un camino. Empieza hundido, viendo que se puede estar peor, y acaba eufórica, no sabiendo dónde está el límite. La idea parte de un libro de Eugenio Trías, “Lógica del límite”. Es una canción política a nivel personal: todos estamos esperando que los políticos nos cambien la vida, y tenemos que empezar a cambiar nosotros. Somos los que ponemos los límites, los que tenemos que llevar el límite más alto para vivir en un mundo mejor”.

Cogidas de la mano, ‘Lógica del límite’ y ‘Música de contrabando’ “son como la cara A y la cara B. Es como esa serie, “The Knick”, sobre unos médicos a principios del siglo XX, que son la vanguardia de la medicina, pero no saben curar la apendicitis, las mujeres mueren dando a luz… Esa canción me lleva a eso: ahora vamos a un hospital y nos hacen un TAC, dentro de doscientos años nos verán y pensarán que no sabíamos nada. Es la evolución del ser humano. Y tiene que ver conmigo, sobre qué soy: ¿un tío que hace canciones, acompaña a su hermano con la guitarra, un artista…? Las primeras frases las saqué de una película de Sherlock Holmes, no recuerdo cuál era”. Y entre referencia y referencia, aprovecha para reflexionar fugazmente sobre el protagonista al que dio vida Arthur Conan Doyle: “Sherlock Holmes es un personaje increíble pero la mayoría de las películas sobre él son una mierda. Mis películas favoritas son ‘El secreto de la pirámide’ y ‘Mr Holmes’. El personaje me gusta más que las películas o los libros. Es como un símbolo”.

El recorrido por “Biólogo” continúa con ‘Uña y carne’: “Con 16 años lo que más oía eran los Smiths, ya no porque los tengo tan dentro… En cada etapa la canción me dice una cosa diferente. Son mis ídolos, pero por esa idolatría no he querido hacer nunca nada que se pareciera a ellos. Esta canción es un homenaje a los Smiths. El riff es de Johnny Marr, ‘Uña y carne’ es la traducción de ‘Hand in glove’, para mi es la mejor canción que habla de los enamorados, del orgullo de cuando se tienen el uno al otro y todo da igual. Monté la canción robando ciertas frases para contar la continuación de ‘Hand in glove’”. Narra “ese momento de una relación en el que te das cuenta de que nada va a ser como querías. No es como tú crees, no vais a ser uña y carne toda la vida. Es una canción reflexiva”.

 

 

Otro de los cortes del disco es ‘Experto en tropezar’, una de las últimas creaciones de Amaro. “Cuando la hice pensé que ‘Experto en tropezar’ era otro, pero al acabarla me di cuenta de que hablaba de mi. Ahora que vivimos en un mundo con tantos expertos en todo, lo único en lo que nadie es experto es en tropezar, a nadie le gusta equivocarse. Creo que hay que poner en valor equivocarse, es lo que nos hace avanzar”.

Algunos compositores miran hacia dentro para conectar con los demás, pero parece que Amaro empieza mirando hacia fuera para acabar mirándose hacia sí mismo. “Puede ser, hay ese rollo de observador y luego pasarlo por tu filtro, por ti mismo. Es un disco hecho desde la felicidad. Me va bien, estoy contento, es más fácil reflexionar desde ese punto de vista”. Lo ha grabado en Estereoarte, en Vigo, el estudio de Luis Antelo, con Pablo Novoa, Fizz Novoa, Marta Toro y la colaboración de Martí, de Mucho. “Es la estrella invitada. Queríamos darle un barniz un poco sofisticado o moderno y pensé en Martí para que metiera los sintes. Lo hicimos un día en el estudio de Rosillo, cuando grabamos los pianos y teclados de Pablo”. La grabación, concentrada en apenas un mes, es una producción autoeditada que distriye Warner. “He tenido suerte con eso. Cada vez que hice un disco, me arruiné y esta vez es el disco más barato que he hecho, y no echo en falta nada, todo va más o menos rodado”.

Tras discos complejos, Amaro ha facturado un trabajo sencillo que le permita tocar y rodar más. “Eso es fundamental. La imposibilidad de poder tocar me dio mucha rabia, este está hecho para que pueda ir solo con una guitarra y tocar doce canciones, para poder ir en trío con Martiño y Fizz, y con Pablo. Es un disco que se adapta a cualquier espacio. Mi plan es hacerlo en trío, pero yo solo con la guitarra ofrezco otra cosa”. Ahora sí siente que tiene armas para enfrentarse a lo que venga, o a lo James Bond: tiene licencia para tocar. “Totalmente (sonríe). Me ha costado mucho pero lo he conseguido, haber hecho el disco y estar aquí es suficiente. No tengo ninguna expectativa, todo lo que venga estará muy bien”. De momento, lo que viene es el Festival Portamérica, en julio, algunos conciertos por Galicia, el Live The Roof el 10 de septiembre y un concierto en Madrid, en Costello, en noviembre. “Espero tocar en Barcelona, Madrid, País Vasco, al sur… Lo estamos montando todo, pero con intenciones de tocar bastante”. Sin pausa de ningún tipo, la trayectoria musical de Amaro ya supera la década, pero el viaje de “Biólogo” solo acaba de empezar.

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