Amaral: Viaje al centro de su universo

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“Amaral invierte más que nunca en la puesta en escena, trabaja duro en los aspectos que elevan el directo, pero sus canciones y sus instrumentos habituales bastan para sostener un concierto solvente de principio a fin”

 

Días antes de arrancar la gira española de “Nocturnal”, Amaral invita a un reducido círculo de periodistas a viajar a Córdoba para presenciar un ensayo general de lo que ofrecerán en directo. Allí estuvo Arancha Moreno.

 

Texto y foto de apertura: ARANCHA MORENO.
Fotos inferiores: MARTA SANZ.
Última foto: PROMO SIN FRONTERAS.

 

Con la música ya no se viaja. Se viaja por afición, para ver un concierto fuera, o con la imaginación, si uno cierra los ojos y escucha, pero por trabajo se viaja muy poco. Sin embargo, Amaral rompe la norma. Sucedió hace cinco años, cuando invitaron a blogs y medios pequeños a cubrir el inicio de la gira de “Hacia lo salvaje” en Zaragoza, y ocurre ahora, cuando proponen a medios generalistas y especializados acudir al “ensayo general” previo al arranque de la gira “Nocturnal”. Esta vez hay que viajar a Pozoblanco, en Córdoba. No sabemos en qué consistirá exactamente el ensayo, pero ir a ciegas a veces intensifica la curiosidad.

Somos pocos medios: EFE EME, Europa Press, Efe, “El País”, “Metrópoli”, Radio 3 y “El Heraldo de Aragón” –los de casa también deben estar ahí–. El autocar arranca desde la madrileña Plaza España a las 9:35, después de una fugaz llovizna que dura lo que tardamos en atravesar la plaza. Una parada a media mañana en el Hotel Verona de Puertollano nos traslada al pasado, un viaje en el tiempo al que poco después se sumarán campos y más campos llenos de ovejas, vacas y cerdos. Un paisaje lleno de prados, animales y curvas, muchas curvas. Confundido, el conductor decide darnos unas cuantas vueltas por los alrededores, y hacer un par de cambios de sentido improvisados hasta llevarnos a Dos Torres, donde nos alojaremos esa noche. La calle de entrada es tan estrecha que no cabe ni el autobús, y antes de quedarnos encajados nos bajamos para cruzar a pie la plaza hacia el Hotel Los Usías. Tomamos el lugar, o el lugar nos toma a nosotros, quién sabe: hotel acogedor, pueblo acogedor, gente acogedora. “¿Habéis venido a ver los aviones?”, nos pregunta una tendera, deseosa de echar la tarde con menos prisa que conversación (cuán necesario este cambio de ritmo, cuando uno viene de una ciudad como Madrid). “No, hemos venido a ver a Amaral”, respondemos, y ella nos cuenta que al día siguiente hay una especie de desfile aéreo, y el pueblo se engalana de flores para recibir a los militares y mirar al cielo. Motivos de viaje bien diferentes, aunque horas después nos veremos mirando hacia arriba, pero con otro espectáculo.

Mucho queso después (en entrantes, ensalada y postre, como señala divertido Pablo Camuñas, responsable de la agencia de comunicación Promo Sin Fronteras), partimos rumbo a Pozoblanco. El manager de la banda, Manuel Notario, nos ha adelantado algunas claves: el ensayo será un concierto para los medios, algunos ganadores de un concurso de Radio 3, que retransmite el concierto, y el público de Pozoblanco. La gente de la localidad ha sido invitada para agradecer el buen trato dispensado al grupo, que ha estado ensayando en el Teatro El Silo la puesta en escena de su nueva gira.

Las entrañas del teatro son un hormiguero por el que corretean decenas de miembros del “staff” de Amaral: responsables del sonido, del montaje, de la iluminación… un amplio equipo humano que pone todo a punto para el show. Al otro lado del pasillo aparecen Juan y Eva, atendiendo a un medio audiovisual antes de acercarse a saludar al resto de la prensa. “Muchas gracias por venir”, nos dice enseguida Juan, y Eva mira también agradecida. Bajo sus ojos brillan ya una especie de estrellas de purpurina, un detalle que apunta en la misma dirección que el resto del espectáculo: todo es nocturno, todo es “Nocturnal”. Con naturalidad, en un rincón cualquiera, el dúo nos cuenta que llegaron el día anterior, y estuvieron ensayando el concierto hasta altas horas de la noche, y que su equipo lleva varios días trabajando duro para dejar el montaje a punto. Alguien de producción se dirige a Juan y Eva y les anuncia: “¡Media hora para empezar!”. Por fuera, nada se rompe: la charla sigue. Pero por dentro, Eva es puro nervio. Unos segundos después se disculpa y busca una rendija para escaparse a su camerino y concentrarse antes del inicio del show. El ensayo no es tan informal como el pasillo: realmente es un concierto, con todo a punto, delante de 800 personas. Y con los ojos de la prensa encima, que también inquieren e inquietan.

 

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Al otro lado de la puerta

Mientras las tripas del teatro son un revoloteo constante, al otro lado de la puerta el moderno auditorio empieza a llenarse con un goteo de cordobeses que se saludan mientras buscan su butaca. Nos han hablado de lo espectacular del juego de luces, y los fotógrafos buscan el mejor sitio para captar lo que va a ocurrir cuando el grupo salta al escenario. Todo comienza con una pantalla circular, en la que una luna creciente empieza a convertirse en luna llena. El cielo del teatro se llena de constelaciones, y bajo ellas aparecen las siluetas de Eva, Juan y sus tres músicos: Toni Toledo a la batería, Ricardo Esteban al bajo y Tomás Virgós a los teclados. En la pantalla del fondo aparece un faro mientras Eva, acústica en mano, interpreta una versión intensa y a la vez sosegada de ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, uno de los cortes de su nuevo disco.

“Queriamos enseñaros lo que no se ve”, cuenta Eva mirando al patio de butacas. Explica que acostumbra a ir a los ensayos de las obras del Teatro Real, a los que le invita una amiga y donde solo acuden las familias de los artistas antes del gran estreno. Así surgió la idea de invitarnos a este ensayo, pero poco después advierte algo: “Los ensayos se pueden cantar o no a voz plena, eso no va a suceder aquí”. Nada de medias tintas. Amaral ha venido a quemar todas las naves, algo que queda claro en cuanto la vocalista tira la pandereta y arranca la adrenalínica ‘Revolución’. Es un directo con garra, en la que la zaragozana derrocha la voz y las ganas de contagiar su energía, alargando el palo del micrófono al público con una actitud más heavy que pop. Y el respetable se deja contagiar: ‘Kamikaze’ recibe una acogida entusiasta, como buen clásico del repertorio.

El arranque ha sido tan intenso que Eva agradece la acogida a Pozoblanco, y su “qué nerviosa estoy” es respondido con otra avalancha de aplausos a los que sigue ‘Salir corriendo’. La noche va a transcurrir por varios senderos: los temas nuevos de “Nocturnal”, que suelen acompañarse en la pantalla del fondo por el símbolo de la mano que aparece en el disco; los clásicos que no pueden dejar de tocar y algunos viejos temas que llevaban tiempo sin incluir en la gira. Hablando de sus temas más antiguos, rescatan ‘No sé qué hacer con mi vida’, de su primer disco (“Amaral”, 1998), con un arranque muy percutivo, y ‘Siento que te extraño’ (“Una pequeña parte del mundo”, 2000), enredados ambos en esa nostalgia del tiempo que se fue, aunque a veces las dudas existenciales se empeñen en permanecer.

 

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El universo sobre ellos

Las estrellas brillan cuando interpretan ‘Nocturnal’, la canción que da sentido al disco, al concepto y a la noche, con una de las puestas en escena más bonitas del directo. Tras ella, y con una gigantesca lámpara a lo “Fiebre del sábado noche”, suena una muy bailable ‘Lo que nos mantiene unidos’, como bailable es también ‘500 vidas’. Entre ambas, “una conocida vuestra”, anuncia Eva, que coge la armónica para tocar ‘El universo sobre mí’. “Ha pasado mucho tiempo hasta que hemos conseguido tener el universo sobre nosotros “, dice señalando techo. Y ahí lo tienen: el universo entero sobre sus cabezas, y al fondo, una transición de imágenes que empujan en el mismo sentido noctámbulo, intercalado con imágenes de la naturaleza. El concierto es nocturno y salvaje, dos de los conceptos que más se respiran en sus últimos discos.

El escenario ha roto las imposturas habituales en la colocación de los músicos: la batería está en primer plano, a la derecha; al fondo están el bajista y el teclado, y a la izquierda, Aguirre con su guitarra, sosteniendo la música con clase y humildad. En el centro del equipo brilla Eva, completando esta especie de semicírculo orientado al público. Empecinados en no bajar el ritmo en ningún momento, los zaragozanos no dan tregua a la calma musical. Las canciones suenan intensas, enérgicas, potentes. La tímida Eva sube al escenario guerrera y se convierte en una leona: su voz poderosa llega a todos los rincones de la sala sin titubeos. No deja de serpentear por el escenario, bailar e interaccionar con el público, además de jugar con la iluminación, dándole un nuevo sentido a las imágenes y las luces que completan el mensaje cantado. Puro espectáculo que no decae en toda la noche, sin dejar de lado lo importante: son cinco músicos tocando, sin alharacas de ningún tipo. Dos guitarras, un bajo, unos teclados y una batería. Amaral invierte más que nunca en la puesta en escena, trabaja duro en los aspectos que elevan el directo, pero sus canciones y sus instrumentos habituales bastan para sostener un concierto solvente de principio a fin. No hay trucos de magia, solo canciones bien defendidas en directo por una banda que crece concierto a concierto, gira a gira, año a año.

 

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Aún queda tiempo para más clásicos, como ‘Estrella de mar’ o ‘Cómo hablar’, y para las nuevas: ‘Noche de cuchillos’, tras la que alguien le grita que es “¡La mejor voz de España!” (“tampoco hay que exagerar”, se defiende tímidamente), y ‘La ciudad maldita’. Esta última, de temática frágil por aludir a un capítulo familiar duro, se presenta con más cuidado. “Hay que saber perdonar, cerrar las heridas”. Pero ni la canción con más dolor deja una estela de sabor amargo. Nada más acabar, irrumpe ‘Hoy es el principio del final’, y la fiera, aparentemente en calma, vuelve a despertar: Eva abandona las tablas para subir las escaleras de las gradas y correr desbocada entre el público, que le acompaña de pie y enfervorecido. Minutos después, ‘Marta, Sebas, Guille y los demás’ se viste de traje casi eclesiástico, a capella y con órgano, más breve que de costumbre, antes de encarar ‘Cuando suba la marea’ y una de las más solicitadas en las gradas, ‘Días de verano’. El show corre sin perder intensidad, pero aún queda concierto por delante. Entonces, llega otra de las nuevas: ‘Cazador’.

 

 

Las guitarras de ‘Hacia lo salvaje’ ponen el punto final a una primera vuelta que levanta al público de sus asientos, pidiendo a gritos otra canción más. Al contrario que en otros conciertos, el regreso al escenario no es aplaudido y silenciado rápidamente para que empiecen: el teatro entero está en pie durante largo rato, rompiendo en palmas y vitoreando impresionados por el espectáculo. “Gracias, no voy a poder cantar”, se quiebra Eva, que se aleja de los focos buscando una sombra donde secarse alguna lágrima furtiva y beber un poco de agua que le ayude a digerir la emoción por la calidez de los asistentes. Así afrontan el primer single de su último trabajo, ‘Llévame muy lejos’, y cierran la noche con otro de los temas que les consagraron como grupo, un evolucionado ‘Sin ti no soy nada’, que es celebrado con un “oeoe” por cordobeses y foráneos. Aún impactados por lo sucedido arriba, el escenario se vacía y los ochocientos invitados van abandonando el patio de butacas. “Elegante en su globalidad”, dice un andaluz bien plantado. “Un directo mú bueno, mú bueno”, dice una cordobesa que sonríe con los ojos.

 

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El principio del final

Nuestro viaje no acaba ahí. Cinco minutos después vemos de nuevo a Eva y Juan entre los camerinos, celebrando la previa a su próxima gira de pabellones: una veintena de fechas que arrancarán el 7 de mayo en el S.O.S. Murcia, y que recalará el 14 en Bilbao. A juzgar por lo vivido esa noche, el espectáculo está listo para ser exportado a grandes recintos como los que van a visitar. “Estaréis cansados, ¿no, Juan”, le pregunta Notario al guitarrista de Amaral, planteándole si aún le quedan fuerzas para charlar con los medios. “Estamos felices”, responde él, dispuesto a lo que venga.

El equipo entero decide celebrar esa especie de pre estreno musical brindando con champán, y aún con la adrenalina dentro, Eva y Juan vuelven a reunirse con la prensa en uno de los camerinos, haciendo una especie de círculo para comentar la jugada con los periodistas. Afirman que han tocado muchas canciones de “Nocturnal” porque siempre tocan las del último disco, y las demás las han aclimatado para la ocasión, aunque no necesariamente. “‘Sin ti no soy nada’ no es que cuadrase en ese criterio, pero para nosotros siempre fue una especie de bolero o de tango arrastrado, y la hemos desnudado para llevarla a ese terreno”, detalla Eva, que añade que ‘Días de verano’ “me gusta especialmente porque me parece una canción de los 60, el tipo de estructura, la armonía, el arreglo que hace Tomás con un Hammond…”. “Es increíble que sea la canción más hispana que tenemos, inspirándonos en músicos de California, es el colmo de la colonización cultural”, dice Juan entre risas.

¿Os reconocéis en las canciones que tocábais al principio?”, le pregunta el compañero de Europa Press a la banda. “Sí, pero hay otras en las que no”, admite el guitarrista. Basta que Eva se levante a por un pañuelo para que Juan lance su primer secreto inconfesable en la reunión: “Hay canciones que no tocaría nunca”. Eva se gira entre alucinada y divertida, y le escucha decir: “Hay una canción, que si existiese “El ministerio del tiempo”, volvería al estudio y la cambiaríamos del todo, es ‘Tarde de domingo raro’. El arreglo es un error completamente. Y luego cambiaría cinco putas notas de una canción que se parecen demasiado a una guitarra de Bowie: que es ‘Toda la noche en la calle’. Y no nos dimos cuenta”. Se refiere al tema ‘Rebel rebel’.

 

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El corrillo con los medios lo afrontan con la suficiente sinceridad como para reflexionar sobre la vida que cobran sus composiciones cuando saltan al público. “Hay veces que cuando la canción se hace tan sumamente popular, a ti se te escapa”, cuenta Juan de ‘Marta, Sebas, Guille y los demás’. Y en ese trajín de canciones que se escapan de sus autores, el guitarrista añade algo más: “Está bien echarle un pulso a tu audiencia. Decirles: “Tíos, es que no vamos a volver a escribir ‘El universo sobre mí’, ni vais a escuchar ‘Hacia lo salvaje parte 2’. Esto nos ha emparanoiado mucho. A la gente está bien que les lleves la contraria. No creo que nos salga escribir ‘Cuando suba la marea parte 2’. ¿Para qué, si ya está escrita?”. De un tiempo a esta parte, el público se encadena a sus éxitos, pero ellos se niegan a anclarse a ellos. Tal vez ahí esté la clave de la evolución de cualquier grupo: no hacer lo que la gente espera, sino lo que uno disfrute creando y haciendo. Y Amaral disfruta mucho caminando sin mirar solo hacia atrás.

Pasada la medianoche, es tan buena hora como cualquier otra para bajar a la cafetería de enfrente del teatro y cenar algo para reponer fuerzas. Las caras están más relajadas, los ánimos por las nubes y las ganas de subir a un escenario más vivas que nunca. Se acabaron los ensayos y las esperas. Amaral están listos para la acción, tan dispuestos como siempre, pero más preparados que nunca. A la mañana siguiente, justo antes de regresar a Madrid con la poderosa imagen del directo grabada en la retina y la memoria, dos aviones cruzan el cielo sobrevolando nuestras cabezas.

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