Álex de la Nuez: «Mi postura no va a ser la más adecuada para tener éxito»

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«Yo sin querer fui bastante responsable del detonante de la separación de Tequila»

 

De sobra conocido en la industria musical, Álex de la Nuez está detrás de pelotazos como “¡Chas! Y aparezco a tu lado”, tema que grabó con el dúo Álex & Christina, y “Dame más”, que sonó muchísimo en una campaña publicitaria. Pero ha vivido muchas vidas más, algunas de ellas como bajista de Tequila o productor de Azúcar Moreno y Objetivo Birmania. Cuarenta años en la música que no han sido fáciles de transitar por lo que, a veces, prefiere no entrar en detalle. Carlos H. Vázquez charla con él a colación de su nueva canción, “Rimando hasta la victoria”.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.
Fotos: CORTESÍA DE DELAROSA FILMS.

 

Podría haber un grupo de músicos que se atribuyera el rango de superviviente. Posiblemente, los que llevan más de veinte o treinta años de oficio que en su momento tuvieron un éxito, una canción del verano, un puñado de buenos temas, y hoy se les sigue recordando.

Sucede «algo» cuando uno ve en YouTube (dónde si no) a Álex de la Nuez «rimando hasta la victoria» (así se llama su última canción), con chaqueta de traje, vaqueros y gafas de sol, paseándose por Granollers hasta una sala de conciertos a la que entra como Moisés: separando los mares. Todo empieza en la puerta de lo que parece un colegio, con Álex observando a un chaval que intenta seguir con una acústica los acordes de “¡Chas! Y aparezco a tu lado”, de Álex y Christina. «Quieres ir tras de mí, pobrecito de ti… No me puedes atrapar…». Unos segundos de oteo y Álex de la Nuez se va henchido de orgullo, cantando, cruzándose por la calle con una madre y sus dos hijas. Y dice: «…un cantor de los de siempre, olvidado de la historia… Con mi verso impertinente, con más pena que con gloria, sigo aquí, luchando al frente, rimando hasta la victoria». Entonces, forma con sus dedos el signo de la victoria. Ahí sucede ese «algo» que te hace pensar muchas cosas, como «¿qué es lo que le estará pasando a Álex de la Nuez?». Mientras charla en esta entrevista, su hijo juega al Fortnite.

 

Leí un tuit tuyo el pasado 5 de julio en el que decías: «Busco trabajo. Cuarenta años de experiencia en recibir “no” por parte de la industria discográfica. Incluso después de varios números uno». ¿Qué ha pasado para que no te den trabajo?
Realmente no es así. Me dijo una vez una persona que no fuera diciendo por ahí que buscaba trabajo. Lo que pasa es que vi un tuit de alguien que tenía un currículum que te cagas diciendo que buscaba trabajo y yo hice una broma parecida en ese sentido. Efectivamente, no tengo trabajo, pero tampoco lo busco. Es una cosa que se viene repitiendo desde hace cuarenta años.

 

¿Dices en tu caso?
Sí. En mi caso. En el año ochenta publico con los Zombies y en el 81 es cuando me llaman de Tequila. Pero ya empiezo a llevar maquetas de lo que posteriormente acabó siendo Álex & Christina. En principio, el proyecto era del estilo de Belle de Jour, que era lo que quería hacer cuando empecé con Christina [Rosenvinge]. Entonces me topé con un tipo de Warner, que me dijo: «Álex, tengo a doscientos “negros” aquí que no venden ese tipo de música. ¿Cuándo un blanco va a tener éxito haciendo música, digamos, funky?». Durante los veinte años siguientes, todos los blancos hicieron música funky. Ese fue el primer «no» que me dieron con ese proyecto. El tipo se equivocó, pero me mandó al carajo.

 

¿El tipo era Álvaro de Torres? Sé que dijo que no también…
No. Pobrecillo. Álvaro fue el único que acabó creyendo en Álex & Christina. Bueno, Álvaro me dijo que no a otras cosas durante cinco años. Es decir: yo le iba mandando maquetas y me iba diciendo que no también. Pero al final, en una de esas, conseguí grabar.

 

Si no querían blancos haciendo funky, ¿qué querían?
Buscaban una Estefanía de Mónaco. Yo estaba trabajando haciendo microfilms, como fotocopias. Tenía que desgrapar catálogos del IMSERSO y microfilmarlos, porque en aquel tiempo no se digitalizaba. Así que, trabajando de eso, me ponía los cascos y escuchaba a [Rafael] Abitbol. Entonces, cuando oí a Estefanía de Mónaco en el contexto de Abitbol, caí en que eso era Charlotte Gainsbourg, Françoise Hardy… Y que, realmente, lo que estaban buscando no se alejaba tanto de las cosas que a mí me gustaban. Me puse a componer en esa onda y así entramos en Warner.

 

«El problema que plantea “¡Chas! Y aparezco a tu lado” habla de algo muy típico: ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se cumpla»

 

¿Se disculpó a toro pasado alguien que te rechazó en su momento?
La verdad es que ni uno. Pero te voy a contar una anécdota mejor sobre esto: un crítico muy famoso, no voy a decirte quién, cuando se enteró de que yo entraba en Tequila, me dijo en tono despectivo en la puerta del Rock-Ola: «¿Y tú vas a saber tocar rock and roll?». Me callé y me fui, pero jodido. Tequila hizo un casting a cuarenta bajistas, lo que pasa es que yo juntaba más o menos cierta calidad musical y la imagen entraba perfectamente dentro de los estándares de Tequila. Seguía enviando maquetas, y entre el 81 y el 88, que es cuando publico, uno de los que se interesó fue Paco Martín, que lo intentó; llegamos a grabar, pero nos lo tumbó RCA. En ese tiempo, todo el mundo me decía que me olvidara de «esa chica que cantaba fatal». Pero hubo un caso todavía más sangrante: fue en EMI, cuando otra persona —que en paz descanse— que sí escuchó nuestra propuesta, nos dijo: «Me gusta mucho, pero ¿sabes qué? Lo que no veo es la imagen. No os veo a vosotros. ¿Os importa que me quede con la canción para un grupo que tengo?». Es de chiste.

 

Tu entrada en Tequila se produce cuando Felipe Lipe deja el grupo debido a las fricciones con Alejo Stivel y Ariel Rot. ¿Qué es lo que te encuentras tú cuando llegas?
Pues no había cambiado mucho la cosa. Me di cuenta bastante pronto de que Felipe era un chivo expiatorio. Intentaron ver si quitando a Felipe se arreglaban las cosas entre ellos. Esa es la sensación que tuve. Pero no cambiaron mucho las cosas, claro. De hecho, yo sin querer fui bastante responsable del detonante de la separación de Tequila; expuse mi punto de vista con respecto al papel de cada uno y la importancia que tenían, pero lo hice como fan, y a Ariel le sentó fatal. Dijo que no aguantaba más y que se acabó el grupo. Creo que el tiempo me ha dado la razón, ya que cuando volvieron también regresó la fórmula Tequila. Nadie, ningún fan, pedía que las letras de Tequila fueran muy sustanciales. La «conceptualidad» que por ejemplo tenían los grupos de la Nueva Ola no la tenía Tequila, pero ni falta que le hacía. Sin embargo, Ariel estaba obsesionado con que el discurso de las letras era insustancial y que el planteamiento de la música tenía que ser mucho más rompedor. Pero a mí, como fan, me gustaba el rock and roll, entonces el detonante fue mi comentario.

 

¿Y el detonante de la separación de Álex & Christina?
Después de esos años (del 81 al 88) en los que me decían que no, porque no la querían, me he tirado otros treinta en los que me han dicho que no y me han sugerido que cogiera a una chica. Esto me lo han sugerido dos productores importantes. Cuando Christina decide unilateralmente dejar Álex & Christina, el disco que iba a sacar en solitario [Que me parta un rayo] tenía canciones que estaban preparadas para un nuevo disco de Álex & Christina y que yo había arreglado (o bastantes de ellas). Eran canciones que ella me presentó con la guitarra. La música la hacía muy bien, pero aquello necesitaba un pequeño retoque. Es decir, un concepto. Las canciones se arreglaron y se presentaron como maquetas, pero en Warner nos dijeron que no les gustaban, y aquello fue el detonante para que el grupo se terminara de separar. Esas canciones ya estaban preparadas para el disco de Álex & Christina y a mí no me dieron la oportunidad de seguir. Me echaron de Warner.

 

¿Qué hiciste después?
Al cabo de un tiempo tuve que ponerme a trabajar en un bar, pero de repente surgió la oportunidad de hacer la versión de Steve Miller Band (“Give it up”) para una campaña de Kas entre otras cosas. El trabajo publicitario lo pagaban bastante bien. Hice esa versión, y creo que soy el único artista en el mundo al que después de haber tenido un número uno de ventas, como fue “Dame más”, no se le ha renovado el contrato. Después de eso no pude seguir grabando.

 

 

Se dice que fue Ray Loriga quien animó a Christina a presentar sus canciones en solitario a Warner, cuando todavía existía un contrato por un disco contigo. Pero Warner decidió darte carta blanca y grabar el material de Christina.
Sí, pero no te voy a contar la verdad.

 

¿Por qué no?
En este caso no es por respeto, sino porque es muy fuerte y uno es dueño de su silencio.

 

Pero hay muchas versiones de lo sucedido. Christina comentó que no se contó con su opinión para el Festival de la OTI de 1988. Esto fue lo que dijo en una entrevista en Efe Eme: «La compañía hizo una jugada promocional para que fuéramos al Festival de la OTI, Álex estaba a favor y yo estaba en contra. Me pusieron contra las cuerdas. Acabé aceptando a regañadientes y luego me quedé muy resentida».
[Risas] Cuando una vez conté un poquito más de esto, me llamó una persona que sabía toda la verdad, y me dijo: «Álex, tú eres tonto. Tú no sabes nada». Y no; yo sé lo que pasó, pero no lo cuento. Christina tiene que justificar su actitud de alguna manera, porque ella sí que se mantiene en activo, pero yo, cuando veo esas cosas, ¿cómo quieres que me las tome?

 

¿Crees que no se entendió “¡Chas! Y aparezco a tu lado”?
El problema que plantea “¡Chas! Y aparezco a tu lado” habla de algo muy típico: ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se cumpla. Que no explicáramos bien la canción y pareciera una chorrada no es mi responsabilidad, porque yo no hice la letra. Cuando ella [Christina] me viene y me dice «se me ha ocurrido esto» y me pregunta qué me parece, yo lo respondo que me sonaba un poco «así», pero que a veces lo chocante funcionaba y que tirara con ello. Entonces, cuando la gente creía que la canción era de Enrique y Ana, creo que había más responsabilidad de Christina. Y a mí no me recuerda nadie porque no me movía. La responsabilidad de que Álex & Christina se convirtiera en un grupo de un éxito muy comercial la tuvo ella.

 

Cito a Christina de nuevo, pero esta vez en una entrevista publicada en Rockdelux: «En el momento me dejé arrastrar y llegué a grabar el segundo disco, El ángel y el diablo. Pero incluso antes de que se editara, yo ya dije que no estaba a gusto y que me marchaba de la banda». ¿Eso es cierto? ¿Ella se quería marchar antes del segundo disco?
No. En absoluto. Yo me enteré de la separación cuando ya habíamos grabado las maquetas del tercer disco, y lo supe por mi madre. No tenía ni la más mínima noticia. Lo tendría pensado, pero yo no sabía absolutamente nada. Es cierto que hubo una cosa que a mí no me gustó, que es que para la portada del tercer single del segundo disco vino ella con un dibujo de Ray en el que salía ella sola. Hombre, tenía que entenderme; éramos un dúo. Lo veía un poco feo. Soy muy amigo del bajista de Annie Lennox y la situación es exactamente calcada a la separación de Eurythmics. También ha sido el mismo caso de Marta Sánchez, el mismo de todas esas personas que dicen que en solitario lo van a hacer mejor. Yo ahora sufro muchísimo menos con el hecho de hacer una música que pueda parecer comercial. Christina sabía que en ningún momento era mi deseo hacer música comercial. La fórmula que encontramos es una fórmula de lo más digna y yo no me arrepiento ni me avergüenzo lo más mínimo.

 

«Me he tirado otros treinta años en los que me han dicho que no y me han sugerido que cogiera a una chica»

 

Estuviste con Zombies, Tequila, Álex & Christina… Fuiste músico de sesión de Mecano en Descanso dominical… Componías, producías… ¿Para qué tocar en un grupo si podías tener trabajo a la sombra como compositor o productor?
Tengo un punto de diva, porque quiero ser yo el artista. Nunca me ha gustado estar a la sombra. He preferido no publicar a menos que no fuera mi proyecto. Es una manía mía que puedes decir que es una tontería, pero quería publicar yo. Empecé a producir a Azúcar Moreno, a Objetivo Birmania… Pero no era el tipo de vida que quería llevar, prefería poner copas.

 

No se te acreditaron dos canciones de Tequila, ¿verdad?
Sí. Son las maquetas que yo grabé. La música de uno de los temas es mía, cosa que Ariel niega rotundamente, pero es que sobre eso no pueden hacerle nada. Yo toqué en esas maquetas y rellené las hojas de AIE. De hecho, ellos me llamaron y me dijeron que me estaba metiendo en un terreno muy grande, porque si hubiera tocado con un grupillo se podía reclamar, pero esto con Tequila había que investigarlo. No pensé que bastara con hablar con Alejo. Cuando le preguntaron a él si yo había grabado esas maquetas dijo que no se acordaba. Con lo cual, quien calla otorga.

 

¿Qué canciones eran las que no se te han acreditado en concreto?
Una se llamaba “Dudas” y la otra se llamaba “La isla” [aparecieron finalmente en el recopilatorio Tequila forever]. Son dos maquetas que aprovecharon para meter. Otra cosa que recuerdo es que, en un homenaje que se hizo [Mucho Tequila!], Christina grabó la canción de Tequila que más me gustaba, “Nena”, porque me encantan los arreglos de metal. Y me hizo gracia que Christina la grabara, porque era «la pesada de la novia de Álex», y que hicieran un disco y yo no apareciera por ningún lado me hacía gracia. ¿Cómo quieres que no ponga lo que puse en Twitter? Si has investigado, habrás visto que me llevo de puta madre con todo el mundo, no tengo enemigos por ningún lado.

 

Pero hay un artista en Japón al que acusaste de plagio. Me refiero a Sunplaza Nakano-kun con la canción “Runner”, por las similitudes que tiene con “¡Chas! Y aparezco a tu lado”. Esto lo hablaste con Warner, pero este músico resulta que es de Sony. ¿En qué ha quedado esta denuncia?
Lo último que me comentó un abogado amigo es que eso, en cualquier caso, estaría prescrito. ¿Cómo es posible que un tío en Japón haga una copia de un tema de España? Hubo otra versión también. En ese momento, en 1988 y 1989, Japón estaba más lejos de España de lo que ahora está Marte, y que una cosa llegara a Japón podía tardar años. Dentro de la editorial de Warner se enviaban las canciones entre ellos para, digamos, realimentar su catálogo. Entonces hubo una artista japonesa que hizo una versión, pero esta vez con permiso, porque pertenecía a Warner. Recuerdo que estábamos grabando en Londres el segundo disco de Álex & Christina y salimos a cenar por Chinatown. Nos metimos en un restaurante y, de repente, cuando estábamos pidiendo, empezó a sonar nuestra canción en japonés. Christina me dijo: «“¡Chas! Y aparezco a tu lado” es un tema chino y lo has copiado, hijo de puta». Palabras textuales.

 

¿Cómo te defiendes de algo así?
Pues haciendo milagros. Imagínate preguntarle en tu inglés a un camarero chino, en su inglés también, que de dónde salía esa música. A base de gestos, nos trajo un papel en chino en el que decía que allí había una tienda de discos, que lo habían comprado en ese sitio y que era de una artista de Warner. Efectivamente, en los créditos salían nuestros nombres. A Christina debería enorgullecerle, porque habían versionado la letra. Por cierto: le preguntamos qué decía la letra a la dependienta de la tienda y nos dijo que no lo íbamos a entender nunca, porque era una historia de fantasmas [risas].

 

 

En tu último tema, “Rimando hasta la victoria”, dejas claro que tú tienes muy limpia la conciencia: «Entre estética y postura / dictadura de la audiencia / yo elijo mi conciencia / por la santa cara dura». ¿Antes que la música siempre ha estado tu conciencia?
Sí. Yo sé que mi postura, evidentemente, no va a ser para nada la postura más adecuada para tener éxito. Ya lo sé. Pero es que yo no pensaba grabar tampoco esta canción. Iba a ser una de las cuarenta y cinco mil canciones que tengo en mi Pro Tools que no saco porque no tengo a nadie que me las publique. Yo presento canciones constantemente a compañías de discos y me dicen que no por un motivo o por otro. Esta canción fue por una apuesta entre dos personas que se habían pasado con los chupitos.

 

¿En qué consistía la apuesta?
Fue en plan: «¿Qué hay que poner para sacar el disco? ¿Tres mil? ¿Dos mil? ¡Los pongo yo!». Al final se echaron para atrás, pero pusimos la mitad. Cuando se les pasó el efecto, uno cumplió y la otra persona no, pero ya teníamos para hacer la canción. ¿De dónde saco yo para grabar una canción? No tengo ese dinero.

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