A pound of feathers, de The Black Crowes

Autor:

DISCOS

«La banda se encuentra en un momento creativo increíble»

 

The Black Crowes
A pound of feathers
SILVER ARROW RECORD, 2026

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

“El sonido del auténtico rock. Desde 1986 recuperando el poder de los setenta”. Así podría proclamar fácilmente el eslogan publicitario de The Black Crowes porque eso es lo que hacen, sin trampa ni cartón. Y llevan así desde 1990, cuando editan su álbum debut, Shake your money maker, con un éxito considerable, que los ha convertido, muchos años después, en un referente y los lleva a jugar en la misma división que los Rolling Stones, Aerosmith y Robert Plant.

En este su décimo álbum de estudio, el sonido es visceral y espontáneo, y se nota que la grabación la despacharan en solo diez días, con gran parte del material surgiendo en el propio estudio. Ya el inicio, con “Profane prophecy” y su riff absolutamente stoniano, lo expone bien a las claras. “Cruel streak” tira con algo más de groove y unos coros femeninos en el estribillo que recuerdan a Jimi Hendrix. Es la vertiente más rockera y directa, lo natural en ellos, que vuelve a aparecer en temas como “It’s like that”, “Do the parasite!” o “You call this a good time?”. Buenos temas que se encuentran en la estela de lo que conocíamos de ellos, quizás no tan inmediatos, pero mejores a cada escucha.

Hay también baladas y paisajes menos eléctricos, y el swing que se mece en segundo plano en “High & lonesome” dota al tema de una particular elegancia. Es algo diferente a cualquier cosa que hubieran hecho antes, con sus coros espectrales y una notable presencia del violín. El country sureño que comanda “Pharmacy chronicles” se convierte en una ensoñadora balada embellecida aún más por una slide y un piano y “Queen of the B-sides” es ya una canción prácticamente desnuda.

La segunda parte del disco es donde se alojan las canciones más interesantes. “Blood red regrets”, con su base de rock duro a lo Led Zeppelin, es una joya por la mezcla de orquestación y guitarras acústicas. “Eros blues” comienza suave, dibujada con notas de Fender Rhodes, pero pronto se rompe con arrebatos Finalmente, la oscura y cavernosa “Doomsday doggerel”, con una parte recitada, cierra el álbum con mucho más misterio del que había al principio.

No hay duda de la banda se encuentra en un momento creativo increíble y que A pound of feathers hará las delicias de sus fieles seguidores y les llevará a sus buenos momentos de felicidad.

Anterior crítica de disco: Hoggar, de Tinariwen.

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