“A corazón abierto”, de Mikel Erentxun

Autor:

DISCOS

 “Se trata de una obra que se antoja esencial para entender al Erentxun actual, sin concesiones”

 

mikel-erentxun-13-04-16

 

Mikel Erentxun
“A corazón abierto”
GASA/WARNER

 

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

 

La grabación de este disco guarda una de esas historias cuyo relato, en la práctica, no conduce a ningún sitio y no sirve de gran cosa rememorar, pero que sí ayuda a entender mejor las motivaciones que se esconden detrás de un plástico negro, circular y agujerado en el centro (hablamos de un vinilo). Así que vamos con ella, pero antes rebobinemos un poco.

A Mikel Erentxun, el tsunami económico que a todos los que no tenemos cuentas en Panamá nos puso patas arriba, hundiéndonos la cabeza en los cascostes de nuestra propia y triste realidad, le pilló en pleno proceso de reconversión, tratando de reorientar su carrera. Lo que motivó una bofetada doble (una por mejilla): pérdida natural de ventas y público –como a tantos compañeros suyos– y un comenzar de nuevo que le pedía el cuerpo pero que nadie de su entorno le recomendaba. Así que terminó —repitamos, como tantos— abocado a algo inédito para él: a encaramarse a los escenarios con la única compañía de su guitarra y a defender las canciones desde el hueso ante audiencias reducidas. Los conciertos multitudinarios quedaban muy atrás.

Pero la sorpresa llegó cuando él mismo se dio cuenta que se lo pasaba bien, que estaba descubriendo una parte del oficio que al haber comenzado tocando en un grupo, por muy acústico que fuera, se había perdido, y a sus cuarenta y muchos —ahora tiene 51 años— comenzó a saborear la magia del garito y el pequeño teatro, a maravillarse ante la comunicación que se generaba en esos shows que, en rigor, eran fruto de las circunstancias (seamos honestos: de la necesidad). De ese modo, este donostiarra dicharachero y vitalista disfruta como pocos en esa cercanía del recital acústico, y probablemente ha extraído una de las mayores lecciones que su vida musical le ha deparado: él solito puede sostener dos horas de repertorio en directo y hacer que el público, según requieran las circunstancias, se estremezca ante un cancionero íntimo, o entre en ebullición despachando una colección de hits adheridos a la memoria y que tiende a propulsar imbuyéndolos de rock and roll. Utilizando una expresión muy suya, los acústicos le ponen cachondo.

Por si no hubiera suficiente, a Erentxun se le acumulan los proyectos: compone mucho (tanto que podría editar, tranquilamente, un disco al año y guardar temas para singles) y se le acumulan las ideas. Así que, y nos acercamos a este “A corazón abierto”, en el otoño pasado se encontró con dos proyectos: un epé de cuatro temas que serviría como colofón al álbum “Corazones” y la grabación de un disco en directo con el que dejaría testimonio de esos bolos acústicos que menudean en su agenda. Al final, el epé se retrasó y salió en Navidad (en edición limitada para coleccionistas) y “A corazón abierto”, que él imaginaba como álbum navideño, se edita esta misma semana (el sábado 16 de abril), únicamente en vinilo (no hay cedé), en edición de 500 copias y solo para el Record Store Day. ¿No habíamos dicho que los tiempos son complicados?

“A corazón abierto” se ideó desde el primer momento con la intención de que fuera un disco: no recoge el audio de un concierto registrado cualquier noche en cualquier rincón de España o América, no. Se grabó el 1 de octubre de 2015 en un estudio de grabación, Moon River, de Santander, pero con la presencia de unos pocos asistentes. Todo pensado, meditado para capturar el sonido en las mejores condiciones pero arropado por el calor del público. Una iniciativa personal de Erentxun puesta en pie con la ayuda en los controles y la coproducción de Fernando Macaya.

Tras escuchar el álbum, sobrevuela una cierta sensación de congoja al pensar que puede quedar como disco menor, oculto, o destinado solo para fans, cuando resulta vital para entender el camino que inició con “Ciudades de paso” (2003), le trae hasta aquí y que suponía ir desprendiéndose de elementos superfluos para reformular una etapa de imprescindible madurez que justo en esta grabación implosiona, pues es su ejemplo más preciso, la muestra más descarnada: Erentxun solo con su guitarra y su voz, sosteniendo las canciones, impulsándolas sin aditamentos. Reinventándose y reelaborando su propio cancionero en un momento en el que, como artista de directo, no sabe qué le deparará el futuro, pero sí ha sellado una fórmula de la que primero tuvo que aprender sus códigos e ingredientes y que hoy maneja con soltura y le permite subirse a un coche o un avión y acercarse a cualquier club con la seguridad ya no de que el público disfrutará, sino de que él mismo se lo pasará en grande.

Entendiendo que “A corazón abierto” debe funcionar como disco autónomo a contabilizar en su discografía, de entre los temas seleccionados para él (suponemos que en directo interpretaría más) ha optado por escoger un repertorio valeroso, sin concesiones, que se adentra solo en composiciones de sus últimas obras: de “Detalle del miedo” (2010) a “Corazones” (2015), las menos comerciales de su carrera (o las que peor han funcionado comercialmente, que no es necesariamente lo mismo). Es como que Erentxun tiene un mensaje que ofrecer y, terco, se empecina en subrayarlo. Hasta el mismo (espléndido) diseño de la cubierta incide en la idea: tras una portada impactantemente rockera, el negro lo domina todo en solemne (pero cálido) minimalismo gráfico, como anunciándonos lo que vamos a encontrar al pinchar el vinilo (negro también, nada de juegos de colores tan propios de los festejos del Record Store Day): un intérprete concentrado y entregado a la sobriedad que, curtido en miles de contiendas escénicas, domina la “interpretación” (a la que tantas veces damos tan poca importancia), la dramatización, doma los tempos y es consciente de que su voz puede simular terciopelo tanto como tornarse abrasiva o alzarse desbocada.

Arranca el disco con una rugosa ‘Penumbra’ que da paso a una tenue ‘Desfile’, antesala de ‘Veneno’, con presentación incluida y uno de los momentos más intensos de la grabación, un tema escalofriante (con letra de Rafael Berrio) que proviene de “Electrica PKWAY” (2012), ese disco maldito e inmenso que clama a gritos una edición “grande” (como mínimo “regular”) que lo dignifique y ponga en valor. Tras él arriban ‘Corazón salvaje” (del epé que se editó a finales del año pasado, como coda del álbum “Corazones”), ‘El último vals’ y ‘El oficio más viejo del mundo’, un tema inédito que nació para el doble “El corredor de la suerte” (2006) pero acabó descartado, y que ahora ejerce de golosina con sabor dylaniano (armónica incluida) aproximándonos a un Erentxun poco frecuente, el retratista (la letra es suya y de Jesús María Cormán).

La cara B se abre con una toma frágil de ‘Si te vas’, casi etérea, con la guitarra punteando discreta desde detrás, cediendo todo el protagonismo a la voz, el aire y el silencio. La armónica reaparece para despachar una severa lectura de ‘Versus rockanrol’, también con letra de Berrio, y editada originalmente solo como complemento en un single de “Detalle del miedo”. Siguen una sentida y magnética ‘El mejor de mis días’ y una acre ‘Corazones’, en la que su autor invoca ese espíritu del rock and roll que alentó sus primeros días en la música, el que lo llevó de Elvis Presley a Stray Cats, del rock and roll clásico al renacimiento del rockabilly en los primeros años ochenta. Un rock and roll que palpita en el corazón de muchas de sus canciones y al que, precisamente, recurre en sus actuaciones acústicas. A él se abraza de nuevo en el corte con el que concluye el álbum: ‘El hombre que hay en mí’. Unas notas al piano sirven de despedida de tanta sobria intensidad desplegada a lo largo de once temas.

No aspira –su propia edición reducida lo impide– “A corazón abierto” a escalar listas, ni a disco del año, ni a refulgir en la discografía de su autor, su intención es más íntima: fijar un tiempo, el que hoy está viviendo Mikel Erentxun, dejando testimonio grabado de una forma de hacer, con las canciones vestidas con lo mínimo. Canciones que no solo resisten, sino que despojadas de maquillaje, como nacen cuando una guitarra las va modelando, muestran ángulos desconocidos. Por ello, no estamos ante un disco menor, al contrario: se trata de una obra que se antoja esencial para entender al Erentxun actual, sin concesiones.

 

 

Anterior crítica de discos: “Tercera guerra mundial”, de Full.

 

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