40 aniversario de London calling: Londres rinde culto a los Clash

Autor:

«El Museum of London no solo ha conseguido una exposición sobre rock, sino que le ha dado visibilidad al punk»

 

El Museum of London acoge una icónica exposición para celebrar la obra más popular de los Clash, con una retrospectiva que incluye desde instrumentos originales de la grabación hasta borradores de canciones. Por Raúl Tamarit.

 

Texto: RAÚL TAMARIT.

 

Seguramente London calling fue el disco necesario para comprender en toda su plenitud el estallido del punk en Inglaterra y, por consiguiente, el disco que marcó un antes y un después para una generación que creció con un cambio significativo en el tratamiento del rock, en concepto y forma. Por eso no es de extrañar que un disco así disponga de un discurso todavía vigente. Una amalgama de influencias bien asimiladas y un lenguaje reivindicativo que en ese momento necesitaba de un altavoz. Y The Clash fueron en ese momento los más inspirados para gritar buena parte de las injusticias sociales que estaban haciendo mella en el pueblo británico. Las políticas conservadoras de Margaret Thatcher, disturbios en los barrios más desprotegidos, auge del racismo, altos niveles de paro… Y The Clash estaban allí, viviéndolo en primera persona. Así lo hicieron constar en las letras. Y si además lo maridaron con distintos sonidos jamaicanos (ska, reggae), rock e incluso pinceladas de pop, pues ya lo tenemos.

Lo mejor de todo es que ese mensaje, que no deja de tener ciertas similitudes con estos años del siglo XXI, ha conseguido calar profundamente en la sociedad, y ha llegado de nuevo a los oídos de cientos de miles de personas que lo han escuchado cuarenta años después. No creo que sea nostalgia, más bien una reivindicación en toda regla. Y si conseguimos que ese mensaje vuelva a estar de actualidad, y que se cuele de pleno en las instituciones, prensa, autobuses públicos y museos, podremos gritar a los cuatro vientos que el punk ha ganado la partida. La llamada sirvió y se está escuchando cuarenta años después. Y así es como el Museum of London no solo ha conseguido una exposición sobre rock, sino que le ha dado visibilidad al punk y, si me lo permiten, a un mensaje de izquierdas en el momento justo en que la extrema derecha está haciendo estragos en buena parte de la vieja Europa.

 

La llamada londinense

Para un servidor The Clash siempre han sido una fuente de inspiración. Nadie supo manejar de una forma tan sensata un discurso tan delicado. Sugerir y actuar. Quizá esa era la clave, muy por encima de grupos de su generación con una línea anti-contra-todo, más nihilistas, como es el caso de otras formaciones punk que recabaron más aceptación mediática por sus escándalos. Por eso sentía que tenía que estar en la exposición en la que se conmemorara los cuarenta años de la obra magna de The Clash. Así que allí me planté, con un buen puñado de amigos que se sumaron a la expedición.

 

A la izquierda, la mesa con la que se mezclaron algunas de las canciones de The Clash. A la derecha, la Gibson blanca de caja que Mick Jones luce en el vídeo de “London calling”.

 

La primera parada sería visitar el museo, pero debido a retrasos en los vuelos, trenes, etc., lo pospusimos para el segundo día. Aprovechamos para tomar cervezas por Candem, por lugares que habían pisado Madness, Buzzcocks, Sex Pistols… e incluso descubrimos una tienda de la que es dueño el cantante de los Vibrators. Y es que, para unos amantes de toda la generación de finales de los setenta, vivir en aquellas calles es contagiarse de una magia que no todas las ciudades tienen. Bajo esa humedad nació toda una forma de vida y una generación. Pero eso no fue lo más agitado de la noche, ya que a la una y media de la madrugada nos tuvieron que desalojar del hotel por un incendio: llegaron seis camiones de bomberos y la policía nos sacó a la calle, a algunos en pijama, y acordonaron la zona. Cuando finalmente pudimos entrar a por nuestras cosas, a las ocho de la mañana, nos ubicaron en otro hotel. Pero no era momento de encantarse, teníamos una cita con The Clash. Sin apenas dormir o habiendo descansado apenas dos o tres horas nos plantamos en el Museum of London.

 

El bajo Fender Precision partido en dos que Simonon reventó en Nueva York.

 

Allí nos encontramos con un paraíso para los fans de los Clash y del London calling. Fotos de la época, en la que su estética teddy boy y rocker era más acusada que la de unos punks del 77, borradores de letras con tachones y manuscritas con el puño y letra de Strummer, los bocetos de la icónica portada y de la original de Elvis Presley de donde llegó la inspiración, la mesa con la que se mezclaron algunas de las canciones, dibujos y cartelería. Una de las cosas que también es de admirar de Strummer & Co. era la estética, cuidada hasta el último detalle, y por eso no podían faltar zapatos, gafas de sol, pantalones y camisas que llevaban en la época, algunas incluso diseñadas por ellos mismos, junto a un cuaderno de Paul Simonon en los que dibujaba los atuendos, e incluso su legendaria cazadora de cuero. Y es que la sensibilidad artística en diferentes disciplinas también estaba presente en los Clash.

 

El famoso bajo partido en dos

Pero, para alguien que es músico (tres de los cuatro Radiadores allí estuvimos y nos quedamos boquiabiertos al ver de cerca los instrumentos que tenían), es una experiencia de las que no se olvidan. La legendaria Fender Telecaster de Strummer de cerca, casi se podía tocar, con esas pegatinas y desconchones de haber vivido muchas aventuras, la Gibson blanca de caja que Mick Jones luce en el vídeo de “London calling”, (dirigido por Don Letts, igual que “Clampdown” y “Train in vain”, el documental The Clash: westway to the world, que además ha colaborado en la reedición del álbum y aportado algunas piezas visuales para la exposición), amplificadores o el pedal de bombo con la maza de madera de Topper Headon. Según me contaba Metralla, batería de Los Radiadores, con un golpe más seco y más volumen. No muy corriente y que le dio un sonido característico ganando en pegada y rapidez de rebote. Pero sin duda la joya de la corona es el bajo Fender Precision partido en dos que Simonon reventó en Nueva York y que retrató con gran acierto Penny Smith, que fue la portada emblemática del álbum.

 

Letras manuscritas y borradores de los Clash.

 

Seguramente a día de hoy es bueno introducirse de nuevo en los surcos del disco, analizar el álbum en profundidad, leer los textos, dejarse llevar por los distintos sonidos, escudriñar ritmos y estilos… London calling es un trabajo necesario. Una ventana abierta, un antes y un después en el rock mundial. Y la exposición de Londres una buena forma para volver al disco y situarlo en el lugar que merece.

 

Artículos relacionados