“Yankee Hotel Foxtrot” (2002), de Wilco

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OPERACIÓN RESCATE

Wilco-15-04-17

“Tweedy se mantuvo firme. Les gustase o no a los responsables de la compañía aquella música, era parte de su alma y no iba a renunciar a ella”

 

Una grabación llena de tensión y roces y el desacuerdo de su compañía de entonces casi acabaron con la publicación de “Yankee Hotel Foxtrot”, un disco que el líder de Wilco, Jeff Tweedy, defendió con uñas y dientes. Fernando Ballesteros cuenta su historia.

 

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Wilco
“Yankee Hotel Foxtrot”
NONESUCH RECORDS, 2002

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

El 23 de abril de 2002, el día que salió a la venta “Yankee Hotel Foxtrot”, el disco ya había vivido lo suyo. Para empezar tendría que haber estado en las tiendas un año antes, pero en la gestación y primeros pasos de este disco nada fue fácil. Con el grupo al borde de la ruptura y golpeado por la incomprensión de su discográfica, el camino no fue una plácida línea recta, más bien se trató de un tortuoso viaje que por momentos pareció que iba a acabar con todo.

Vayamos por partes. Wilco pasaba por un momento terriblemente complicado, con Jeff Tweedy enganchado a los calmantes para soportar sus migrañas y un clima interno que terminaría con las salidas de Ken Coomer y sus baquetas y de Jay Bennet. Este último, genio creativo y multiinstrumentista, había logrado con Tweedy llevar a la banda a terrenos por los que pocos hubieran apostado unos años antes, pero entre ellos había una permanente tensión cuando confeccionaban este disco. La llegada del productor y músico Jim O’Rourke, que acabó sustituyendo a Bennet como mano derecha del líder, fue señalada desde un principio como la causante del paso hacia la experimentación de los de Chicago. Sin embargo, corren historias que que desmienten esta creencia tan arraigada entre la prensa y los fans, que aseguran que Jim tuvo que frenar a Jeff en sus ansias experimentales.

En cualquier caso, el matrimonio artístico Tweedy-Bennet que había alcanzado su cima en el soberbio “Summerteeth” se terminó, y el final, en medio de aquellas sesiones, no fue nada amistoso. De aquel desencuentro y de todo lo que se movía en el grupo, que era mucho, dio buena cuenta Sam Jones en el extraordinario y revelador documental “I Am Triying to Break Your Heart”, un trabajo que puso sobre la mesa todo lo que ocurrió en aquel turbulento proceso de grabación. Bueno, en la grabación y en lo que vendría después.

 

Operación salida
Pero la salida a la venta de “Yankee Hotel Foxtrot” también fue complicada. Si la relación entre las cabezas pensantes del grupo había saltado por los aires, la de los chicos con su compañía no le iría a la zaga, dando lugar a un episodio que arroja bastante luz al funcionamiento de la industria y nos ayuda a entender algunos de los cataclismos que ha sufrido en las dos últimas décadas. Wilco pertenecían a Reprise, una subsidiaria de la multi Warner, y cuando sus ejecutivos escucharon el trabajo que tras tantos sudores y disgustos habían alumbrado, decidieron no publicarlo. La luminosidad pop de su anterior disco, “Summerteeth”, su obra más Beatle con un puñado de canciones que tenían un potencial comercial más que evidente, les había creado a los señores del sello otras esperanzas diferentes.

Tweedy se mantuvo firme. Les gustase o no a los responsables de la compañía aquella música, era parte de su alma y no iba a renunciar a ella, de manera que con la carta de libertad de Reprise en el bolsillo y con un Jeff cargado de problemas, salieron de gira y decidieron colgar estas once canciones en la red de forma gratuita. Con los ojos de 2017 suena casi normal, pero estábamos en 2001, ellos lo hicieron primero. Y les salió bien.

Con el disco al alcance de cualquiera, fueron muchos los sellos que se interesaron por aquellas canciones y, finalmente, Wilco decidieron que Nonesuch sería su siguiente hogar. Lo paradójico y casi increíble del caso es que su nueva compañía como la anterior, Reprise, era filial de Warner, ambas pertenecían al mismo grupo empresarial. De manera que Warner había pagado la grabación, había indemnizado al grupo porque el trabajo no les interesaba nada y unos meses más tarde, había vuelto a desembolsar la pasta para recomprar los derechos que había perdido sobre el disco. Definitivamente, de aquellos despachos no debió de salir el galardón a empresario del año.

Esta historia tan increíble como real está contada en el film de Sam Jones. Pero no olvidemos que estamos hablando de un disco, así que vamos con las canciones.

 

 

No es por cargar las tintas contra quienes no supieron verlo en su momento, pero parece imposible resistirse a una obra a la que es muy difícil ponerle una sola pega. Desde la secuencia de los títulos hasta el último detalle, en “YHF” encontramos a un grupo que ha sorteado mil tormentas y ofrece once canciones como once soles, en la que la inicial ‘I am trying to break your heart’ nos pone sobre aviso de que no habrá parajes tan soleados como los de su antecesor. Daba igual, son siete minutos en los que las capas de guitarras, los teclados que salpican el collage sonoro y el Tweedy sufridor que emerge van tejiendo una canción sublime.

Pero el disco no mordía, y aunque el propósito del grupo al entrar en el estudio era no repetirse, tampoco eliminaba de forma radical cualquier mirada a su pasado. ‘Kamera’, pero sobre todo ‘War on War’ con uno de los mejores textos firmados por Tweedy, dan buena fe de ello.

 

 

Sin embargo, aunque la crítica fue casi unánime en sus alabanzas, entre los fans hubo debates encendidos en los foros de la época. La sección más tradicional, los que no querían ver a Wilco alejarse demasiado de Uncle Tupelo y de sus primeros pasos como grupo, lo recibieron de uñas, aquellos “ruiditos” les echaba para atrás. Lejanas reacciones ya que parecen hoy en día más que exageradas. De hecho, despojadas de sus ropajes, las canciones tenían mucha vida propia. El propio Jeff Tweedy con sus excursiones en solitario nos lo ha demostrado en más de una ocasión. Todas las canciones del disco han pasado con muy buena nota la prueba de la interpretación de un tío que se sube solo a tocar con su guitarra acústica. Hasta el más recargado de los temas tiene en su interior un aliento de clasicismo, y lo más clásico del elepé tambie´n esconde algún elemento novedoso, una sorpresa que va a terminar sobresaltándonos: un cambio de ritmo, un arrebato de ruidismo, o esa voz femenina que al final de ‘Pot Kettle Black’ repite de forma inquietante ‘Yankee Hotel Foxtrot’.

Los arreglos de cuerda de ‘Jesus etc’, ese violín que conquista y que da paso a una melodía irresistible, se ha convertido –posiblemente– en la canción más popular de su repertorio, igual que ‘Heavy Metal Drummer’, nostálgica en su texto pero alegre y con un sonido y un potencial para asaltar listas que no supieron ver los directivos de Reprise.

 

 

Al margen de los temas más radiados, otros como ‘Ashes of American Flags’ suben la media hasta la matrícula. Junto a los dos finales, ‘Poor Places’ y ‘Reservations’, conforman una trilogía de emoción pura, dejando claros los motivos por los que ha pasado a la historia como uno de los mejores discos de la primera década de siglo.

El cuarto asalto de Wilco, más allá de sus dos “Mermaid Avenue” con Billy Bragg, vendió más que los tres anteriores juntos. Al final, por lo menos desde el punto de vista artístico y comercial, porque del personal nos tendrían que hablar ellos, merecieron la pena las curvas del viaje.

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