“Wrong creatures”, de Black Rebel Motorcycle Club

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DISCOS

“Este disco supone la confirmación de BRMC como referentes del garage noise contemporáneo”

 

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Black Rebel Motorcycle Club
“Wrong creatures”
ABSTRACT DRAGON /PIAS

 

Texto: SARA MORALES.

 

Han pasado muchas cosas desde que, en el verano de 2015, los tres miembros de Black Rebel Motorcycle Club comenzaron a esbozar en sus cabezas este álbum. Arrancaron la aventura creativa estando su fémina batería, Leah Saphiro, recuperándose de una complicada cirugía cerebral que, afortunadamente, logró superar con éxito. Dispuestos a crear nuevos temas en mitad de aquella convalecencia, encerrados en su claustro particular de North Hollywood llamado The Bunker, decidieron tirar por el camino del perfeccionismo y la minuciosidad. Buscaban diferenciarse de sí mismos y de todo lo demás, pero en esa carrera de auto—exigencia máxima se toparon con un gran enemigo artístico, la desidia. “Se hizo tan largo el proceso creativo que, en algunos momentos, llegué a odiar este disco. He pasado de odiarlo a disfrutarlo”, confiesa el vocalista y guitarrista Peter Hayes.

Cuando optaron por dejarse llevar por la naturalidad, se sinceraron con ellos mismos y se quitaron de encima el peso de la presión comenzaron a brotar temas y pistas, de una lucidez y una franqueza tales que hoy son los que conforman con sobrada dignidad el repertorio de este octavo disco, “Wrong creatures”, grabado casi en su totalidad en el estudio que poseen en Los Ángeles.

Cada una de las canciones están a la altura de la más que consolidada carrera del trío estadounidense y de lo que se esperaba de ellos llegados a este punto de su trayectoria, pero lo de ‘Spook’ y ‘Echo’ es pura excelencia. La primera, escrita en Santa Cruz y grabada en Joshua Tree a diferencia del resto del disco, se enreda magistralmente entre las cuerdas de los guitarrazos que iluminan un rock and roll con uñas y altamente desafiante. La segunda, ‘Echo’, el contrapunto oscuro de la luminosa ‘Spook’, nos presenta a unos Black Rebel Motorcycle Club algo sesenteros desfogándose en un cuidadoso estallido de pop lisérgico con una instrumental dulce y cósmica.

Es cierto que el grueso del álbum está bordado a base de pespuntes psicodélicos porque, además de la brillante ‘Echo’, encontramos ‘King of bones’ que presenta la cara más áspera del género combinado con un rock de tono bajo y una potente base de distorsiones; o ‘Calling them all away’ —la más experimental del elepé junto con la intro instrumental ‘DFF’—, que recoge un halo onírico y cierto sentido hipnótico compartido con ‘Ninth configuration’.

Que Nick Launay (Arcade Fire, Nick Cave and the Bad Seeds) no solo haya estado detrás de la producción del álbum sino que, según el propio grupo, durante todo el desarrollo ha sido como un miembro más para ellos, se nota en el acabado redondo de cada tema. En que cada explosión de guitarras, bajos y batería se eleve hasta las cotas más altas de ese garage sucio, pero alegre, que han puesto sobre la mesa BRMC con este álbum, siendo el single de adelanto —’Little thing gone wild’— el culmen de todo ese trabajo.

Para ellos, “Wrong creatures” es como un viaje por la historia del rock and roll en el que incluso se han atrevido con la balada bluegrass de ‘Haunt’ y esa dramática sección vocal, la oscura americana ‘Question of faith’, el space rock de ‘Carried from the start’, la exótica y cabaretera ‘Circus bazooko’ o la setentera ‘All rise’. Un disco con sino exorcista que les ha servido para medirse, para desahogarse, para recuperarse a sí mismos y para coger fuerzas a la hora de enfrentarse al mundo de nuevo. “Esa sensación de estar encerrado dentro de ti y cómo, al final, acabas saliendo ahí fuera a pelear por las mismas cosas que todo el mundo”, explica Been, el otro vocalista, guitarrista y bajista de la banda.

‘Wrong creatures’ es la confirmación de BRMC como referentes del garage noise contemporáneo. De cómo saben tocar la fibra desde hace años con sus ritmos cargados y atmósferas envolventes, y ahora vuelven a hacerlo a través de este personalísimo paseo de doce canciones por los grandes subgéneros del rock. Con letras nómadas e itinerantes, y con el sentido ambiguo y carácter enigmático al que nos tienen acostumbrados; aunque la muerte luzca generosa en este disco y todos nosotros no seamos más que criaturas equivocadas dispuestas a escuchar.

Anterior crítica de discos: “Bending the arc”, de The Mission.

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