“Violence” de Editors

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DISCOS

“Catalizador de las heridas sociales desde la ternura y la necesidad del corazón individual, para mutar en cicatrices de las que aprender y poder hacer música”

 

 

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Editors
“Violence”
PLAY IT AGAIN SAM/PIAS, 2018

Texto: SARA MORALES.

 

Los miedos, las inseguridades, la soledad y la ansiedad han venido a reencontrarse en el sexto álbum de los de Birmingham. A sustentar los cimientos conceptuales de nueve canciones que, entre la magia detallista de una producción brillante —la de Leo Abrahams en colaboración con Ben John Power— y el cada vez más directo croonerismo de Tom Smith, nos miran a los ojos para hablarnos muy claro: la cosa está complicada ahí fuera, el mundo es agresivo y daña el aplomo del individuo que vaga desamparado por el mundo. El consumismo congela la imaginación, los informativos dañan la sensibilidad, las preocupaciones modernas nos paralizan, el poder engaña, corrompe… Y nosotros, cada vez más lejos los unos de los otros, acabamos aprendiendo a aceptar la derrota.

Pero hay un lugar, siempre lo hay, donde refugiarse; y ese rincón nos lo están poniendo en bandeja con este disco. Un trabajo gestado a finales del verano de 2016 y grabado en Oxford hasta mediados del 2017, que se aleja del perfil minimalista del anterior “In dream” (2015) y se moja hasta las rodillas de mensajes, alegatos humanos y cobijo para nosotros.

Que habla de violencia, la que nos rodea, sí. De dramatismo también, no hay más que contemplar la portada. Pero en la conexión entre las personas y los lazos que se crean entre ellas está la magia, está la salvación. Y de eso va “Violence”.

En estas nuevas composiciones demuestran que han encontrado el equilibrio perfecto entre el talante acústico de guitarras y los fragmentos más procesados de sintes disidentes; entre la gélida incisión de la electrónica más fina, la emotividad del mensaje, la voz como guía y unas cuerdas y una percusión calientes. La llave maestra de un sonido que abre la puerta a la salida, a la oportunidad, a aprender a encontrar en uno mismo y en los demás la mejor forma de ampararse; y en ‘Belong’ —el tema que cierra el disco y, posiblemente, el más experimental— lo legitiman. Oscura, espacial y fría que, sin embargo, habla del calor entre dos personas que se necesitan.

De compás lento encontramos ‘No sound but the wind’, una conmovedora balada que, inspirada en el sentido post-apocalíptico de “The road” —la novela de Cormac McCarthy— describe con ternura la grandeza de la paternidad y la maternidad ante la catástrofe, ya sea física o moral. “Nosotros no tenemos más tiempo, te ayudaré a llevar la carga, te llevaré en mis brazos”, canta Smith sentado al piano. O ‘Nothingness’, con un preámbulo instrumental inquietante que acaba estallando en un latido semi disco de los setenta que comparte con ‘Darkness at the door’, solo que esta desde una perspectiva más optimista.

Un canto a la juventud y a no perder la esperanza en el futuro, envuelto de crítica social incisiva, en ‘Hallelujah so low'; el single que la banda eligió como adelanto de este disco donde resplandece elegante esa hermandad —medio folky— entre sonido acústico o esencial (con palmadas incluidas) y distorsiones poseídas que enajenan.

‘Magazine’ es rotunda y categórica contra los controladores del sistema, a base de reverbs, stereos, ráfagas y redobles de batería con uno de los estribillos más pegajosos del disco: “Tengo poco secreto para ti”, dice, mientras unos coros femeninos van dotando de otra dimensión al tema.

Pero hay una tríada especial y dogmática en “Violence”. De una capacidad sensorial generosa y ganadora. La compuesta por los tres temas más redondos y conmovedores: ‘Cold’, canción que abre el álbum, tejida de sintetizadores y fulgor técnico, que abriga a pesar de su nombre. El homónimo ‘Violence’, con un dubstep eléctrico que genera una impresión desesperada en el solo celestial y unilateral de Smith. Y ‘Counting spooks’, cargada de atmósferas y efectos que parpadean para dejar oír juicios como “Esta ciudad está tan cansada como nosotros”.

Editors han dado en el clavo este 2018 con un álbum envolvente y arrebatador. Catalizador de las heridas sociales desde la ternura y la necesidad del corazón individual, para mutar en cicatrices de las que aprender y poder hacer música. Como esta.

Anterior crítica de discos: “Tórtel y Alberto Montero alucinados”, de Tórtel y Alberto Montero.

 

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