“Una y mil veces” (2006), de Los Secretos

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

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“Otra pequeña y humilde prueba de su talento”

 

La larguísima carrera de Los Secretos no la sostienen solo sus grandes clásicos, también discos que pasaron más desapercibidos en su momento, como este “Una y mil veces” que grabaron en los estudios PKO y que recupera Eduardo Izquierdo para reivindicar su valor.

 

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Los Secretos
“Una y mil veces”
DRO, 2006

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.
Fotos de la grabación del disco: MARTA PICH.

 

Siempre he pensado que “Una y mil veces”, el undécimo disco en estudio de Los Secretos, segundo con su última formación, fue injustamente tratado en su momento y eso lo llevó probablemente al olvido. No es que tuviera malas críticas, sino que directamente apenas las tuvo. Producido por Álvaro Urquijo, él se encarga de la mayoría de las composiciones, aunque sería injusto pasar por alto las aportaciones de Jesús Redondo o incluso José María Granados. Y aunque es cierto que la figura de Enrique Urquijo sigue echándose en falta (siempre lo hará, como no puede ser de otra manera), el disco supone la confirmación, tras “Sólo para escucha”r y el directo “Concierto sentido”, de que el grupo tenía un futuro sin la presencia de uno de sus elementos esenciales.

 

 

Se inicia el disco con ‘Nada para ti’, y el clásico sonido Secretos.  Un amor acabado, las guitarras cristalinas y la dulce voz de Álvaro nos sitúan en el lugar en el que estamos. Fantástica en su sencillez, como siempre. ‘Nos vemos en abril’ es otro amor que no está, pero en esta ocasión porque está lejos. Una composición en la que se luce el dúo compositivo Jesús Redondo – José María Granados, a los que se une un sorprendente Juanjo Ramos. Dos temas y ya tenemos el convencimiento de que el álbum nos va a gustar. Porque vuelve a estar ahí el sonido de Eagles, The Byrds, Nick Lowe, Jackson Browne o Fleetwood Mac. Haciéndolo suyo en una extraña simbiosis.

 

 

‘No está todo mal’ es el clásico tema de semidisculpa de Los Secretos y ‘Llegó la soledad’ una de esas canciones sencillas que Álvaro afronta como nadie. ‘Solo para mí’ es un medio tiempo magnífico, primer sencillo del disco, dedicado por Urquijo a su hija. Aunque el epicentro del álbum lo pone ‘Nos quisimos sin querer’, tema con aromas mexicanos, obra de Jesús Redondo con el apoyo de José María Granados en la letra. Magnífica a todas luces. Debía haberse convertido en un clásico y no lo hizo. ‘Escondido’, por su parte, juega con el lenguaje no verbal de toda relación para construir magia. Prima hermana de ‘Que solo estás’, aparecida en La calle del olvido (1989).

 

 

‘Un poco de mi voz’ encara la recta final del disco con Juanjo Ramos adquiriendo el protagonismo en la composición y demostrando que puede estar sin problemas al nivel de su jefe. Con la balada ‘Háblame’ llega, para mí, el momento menos inspirado del disco, que no tarda en recuperar el pulso gracias a ‘Danielle’, tema compuesto por Paco Bastante, autor también de la música de ‘La ciudad del viento’ para Quique González. Siendo otra balada, aunque algo más rápida, tiene todo lo que no tiene ‘Háblame’: inspiración. La canción titular no me acaba de convencer tampoco, pero el grupo ya ha puesto el material suficiente a nuestra disposición para considerar el disco como espléndido. La anécdota con la instrumental y final “Tan fácil” solo sirve para darnos cuenta del magnífico guitarrista que es Ramón Arroyo.

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Y así suman otro disco más a su discografía. Otra pequeña y humilde prueba de su talento. Un disco que el amigo Santiago Alcanda llegaría a comparar con las obras de Teddy Thompson. Y no me extraña. Si cantaran en inglés y vistieran de otra manera otro gallo les cantaría. Aunque no les hace falta. Los secretistas lo somos para siempre. Una y mil veces, si hace falta.

Anterior entrega de Operación secreto: “Por el camino” (1983), de Víctor Manuel.

 

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