“Un hombre rubio”, de Christina Rosenvinge

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DISCOS


“Un disco cohesionado, de gran nivel compositivo y con mucho contenido en el que profundizar”

 

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Christina Rosenvinge
“Un hombre rubio”
EL SEGELL DEL PRIMAVERA

 

Texto: JAVIER ESCORZO.

 

Toda obra de arte requiere de una motivación, un detonante que ponga en marcha la maquinaria creativa de su autor. En “Un hombre rubio” (El Segell, 2018), el último disco de Christina Rosenvinge, la chispa fue un encargo de la cantaora Rocío Márquez, que le pidió que pusiera letra a un romance para su próximo trabajo (el espléndido “Firmamento”). Sorprendentemente, Christina, tan rubia, tan pálida, tan nórdica, tenía un potente vínculo con el mundo flamenco a través de su padre, Hans Jørgen Chr. Rosenvinge. Él era un ingeniero danés que, en su viaje de novios, recorrió España junto a su mujer en un descapotable y se enamoró profundamente del cante jondo y de la poesía de García Lorca, hasta el punto de que decidieron instalarse en nuestro país. Durante su adolescencia, Christina mantuvo una relación tirante con su progenitor, que falleció cuando ella tenía veintiséis años. A raíz del encargo de Rocío Márquez volvió a pensar en el flamenco y, por extensión, en su padre. Meses más tarde, el 6 de marzo de 2017, escribió del tirón ‘Romance de la plata’, en cuya letra exhíbe por vez primera los sentimientos que despierta en ella la figura paterna. Al terminarla, reparó en que justo ese día se cumplía el vigésimo sexto aniversario de la muerte de su padre. Por eso el día de Todos los Santos se vistió con un traje de su progenitor y fue a su tumba para cantarle la canción.

 

 

Una vez encontrado el hilo compositivo, solo había que tirar de él. En ‘Pesa la palabra’ aborda la relación paterno filial desde el punto de vista de los hijos que no son reconocidos por sus padres (en realidad, la canción está inspirada en una frase del torero Manuel Díaz “El Cordobés”, en la que afirmaba haber tenido un padre de humo). Las diferentes relaciones entre padres e hijos es uno de los temas importantes del álbum, pero no el único: ‘El pretendiente’ tiene un punto social, al enfrentar el destino de un emigrante africano con las cuatro reinas de la baraja española, mientras que ‘Berta multiplicada’ habla de Berta Cáceres, activista hondureña del medio ambiente que fue asesinada el año pasado.

 

 

Hay también espacio para el machismo, entendido como un modo de actuar lesivo para las mujeres, pero también para los hombres, ya que les encierra en una encorsetada y asfixiante forma de entender la masculinidad, obligándoles a reprimir algunos aspectos de su carácter como el cariño o la emotividad, algo que deja patente en ‘La flor entre la vía’. El propio título del disco, “Un hombre rubio”, juega con la definición que la RAE hace del término “hombre” (ser animado racional, hombre o mujer). En esa misma línea, también publicó una serie de irónicas preguntas en sus redes sociales: “Hola @RAEinforma. Si un hombre es un “ser animado racional varón o mujer”, ¿la hombría es también una cualidad de las mujeres?”. “Hola @RAEinforma. ¿Yo soy un hombre público (que tiene presencia e influjo en la vida social) o una mujer pública (prostituta)?”. “Hola @RAEinforma. ¿Si Neil Armstrong hubiera sido mujer se diría que es el primer hombre que pisó la luna?”. No es la primera vez que toca temas feministas; ya lo hacía en ‘El souvenir’, una famosa pieza de Álex y Christina, y en algunas canciones de sus primeros discos en solitario como ‘Tengo una pistola’ o ‘Alicia’.

 

 

Musicalmente, “Un hombre rubio” suena más cálido que el anterior, “Lo nuestro” (El Sewell, 2015), que presentaba unos ambientes mucho más sombríos y claustrofóbicos. Ahora las melodías vuelven a brillar por encima de la producción, con tremendas gemas pop como ‘El pretendiente’, ‘Ana y los pájaros’ o ‘Berta multiplicada’, que resulta casi bailable. El mantra de ‘La flor entre la vía’ con ese ritmo tribal acaba hipnotizando, como sucede con otros más pausados (‘Pesa la palabra’ o ‘La piedra angular’). En el disco, que produce ella misma, incluye muchos guiños a David Bowie, cuya muerte le afectó mucho. Seguramente sea más evidente en las guitarras de ‘El pretendiente’.

“Un hombre rubio” es, en definitiva, un disco cohesionado, de gran nivel compositivo (tanto melódica como líricamente), y con mucho contenido en el que profundizar.

 

 

Anterior crítica de discos: “Gran poder”, de Pájaro. 

 

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