“Tres anuncios en las afueras”, de Martin McDonagh

Autor:

CINE

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“Una clase maestra de escritura de guion, tanto a nivel de construcción de personajes como de diálogos capaces de combinar el humor negro más drástico con el drama más profundo”

 

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“Tres anuncios en las afueras”
Martin McDonagh, 2017.

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

Como ya hiciera con “Escondidos en Brujas” (2008) y sobre todo con “Siete psicópatas” (2012), Martin McDonagh nos ofrece una clase maestra de escritura de guion, tanto a nivel de construcción de personajes como de diálogos capaces de combinar el humor negro más drástico con el drama más profundo, además de jugar con las expectativas del espectador, al que no se le ofrece ningún tipo de clausura. Dado el tipo de rabia sobre el que se construye el filme, cualquier cierre es imposible.

Mildred Hayes (Frances McDormand), tras hartarse de la inacción e ineptitud del departamento de policía de Ebbing, Misuri, coloca tres incendiarias pancartas sobre la violación y asesinato de su hija destinadas a enfurecer a los agentes y, en última instancia, a despertar a toda la comunidad. Las acciones de Mildred proceden en realidad de una ira más profunda, de la constatación de que no se trata de un problema con el caso de su hija, sino de una misoginia tan enraizada que no solo no se preocupa por la violencia inflingida a las mujeres, sino que incluso trata de negarles el derecho a la cólera y la indignación. La reacción de los vecinos, desde el cura del pueblo hasta el dentista, es inmediata y, por supuesto, la que cabría esperar: la defensa a ultranza del statu quo. El modo en que la comunidad responde, los inesperados aliados que encuentra Mildred y la comprensión de que la única manera de cambiar las cosas es quemándolas desde abajo nos ofrecen una metonimia casi perfecta, una lectura de un momento histórico y de un sentimiento generalizado. La rabia de Mildred y la brutalidad que la acompaña es permisible porque es fácilmente reconocible. A ello ayuda el modo en que Frances McDormand hace uso de cada músculo de su rostro para mostrar la ira del personaje y la fragilidad sobre la que se construye.

Así, el veloz desenfreno, los diálogos hilarantes y retorcidos y la maniática violencia que son la marca de la casa en las obras previas de Martin McDonagh se desarrollan aquí a partir de un MacGuffin que no es tal, sino que mantiene su relevancia a lo largo de todo el film, ofreciéndole a las sucesivas escenas un peso y una trascendencia que resultaba mucho más difícil localizar en aquellas. A pesar de la oportunidad perdida para tratar otras violencias sistémicas que es el personaje del agente Dixon (Sam Rockwell), “Tres anuncios en las afueras” es una película pertinente que comprende y reconoce la validez de una rabia claramente justificada y que no deberíamos tratar de calmar.

Anterior crítica de cine: “Wonderstruck. El museo de las maravillas”, de Todd Haynes.

 

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