“Toys in the Attic” (1975), de Aerosmith

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

“Un universo de espirales, escaleras de caracol y madrigueras de conejo”

 

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Juanjo Ordás regresa a 1975 para reivindicar el tercer elepé de los estadounidenses Aerosmith, “Toys in the Attic”. A su juicio, mucho más que dos singles de peso: lo sitúa como el primer gran disco de la banda de Steven Tyler.

 

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Aerosmith
“Toys in the attic”
COLUMBIA, 1975

 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

El primer gran disco de Aerosmith, ni más ni menos, y el tercero de su colección. “Toys in the Attic” vio la luz en abril de 1975 tras su debut homónimo, “Aerosmith” (1973) y “Get Your Wings” (1974), ambos publicados en la misma compañía. Pero si alguien quiere saborear la esencia clásica de la banda, “Toys in the Attic” es el lugar ideal para empezar. Lo tiene todo: canciones, sonido y ejecución. Pero sobre todo, recoge por primera vez en poco más de media hora todo el misticismo de Aerosmith: la locura, el sexo, la extrañeza. Un universo de espirales, escaleras de caracol y madrigueras de conejo.

A mediados de los setenta, y a un ritmo de disco por año, Steven Tyler ya tenía muy claro qué historias cantar, y sus compañeros sabían que su misión era reivindicar las raíces del rock estadounidense y llevarlas un poco más lejos. Solo de ese modo sería posible el demencial relato de ‘Uncle salty’ y el parto de ‘Round and round’, una proyección del blues más allá del propio blues. No se trataba de inventar nada nuevo, sino de reinventar.

 

 

La famosa ‘Walk this Way’, el corte cuatro firmado por Tyler y Joe Perry, era en realidad un cúmulo de acordes de rock and roll cincuentero tocados sobre una base bailable. Algo parecido podría decirse de la propia ‘Toys in the Attic’, un rock elevado a la anfetamina con la que abrían el disco. ¿Influencia británica? En realidad, poca.

 

 

Aerosmith redescubrieron nuevos capítulos en el libro del rock and roll yanqui y de paso se ganaron la atemporalidad. Los singles ‘Walk this Way’ y ‘Sweet Emotion’ se han descontextualizado en anuncios de televisión y películas, pero aun así siempre tienen algo que decir. Trascienden a su era, su contenido se extiende a lo largo de los años y llevan a remolque a “Toys in the attic”, que no posee ni un clásico popular más, pero cuyo cuerpo macizo sigue siendo manjar para manos expertas.

 

 

Si “Toys in the Attic” habla de algo, es del desenfreno, de las pulsiones y del drama. No evita las consecuencias, muy al contrario. ‘Round and round’ recapacitaba con terquedad y ‘You see me crying’ cerraba el disco, tal vez por su condición de balada orquestal, pero es indudable que ejercía de coda, de pisotón al freno, de mar de lágrimas. Algo ha ocurrido después de tanto descoque, hay una llamada de atención. Las luces del coche que quedan encendidas, el motor en marcha. Y tú dentro pensando. Pensando. Pensando…

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