“Tienes que contarlo”: Impecable directo de Lapido en Madrid

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“A Madrid llegaron con un par de conciertos más encima, los engranajes perfectamente ajustados y corsés, los justos”

 

José Ignacio Lapido regresó a Madrid para presentar en vivo la gira de “El alma dormida”, su octavo disco en solitario. En la Joy Eslava estuvo Arancha Moreno. 

 

José Ignacio Lapido
Joy Eslava, Madrid
3 de febrero de 2018

 

Texto: ARANCHA MORENO.
Fotos: J. PEREA.

 

Madrid desplegaba la alfombra roja de los Goya y vestía camisetas de Metallica la noche que Lapido regresó al escenario de la Joy Eslava. Seiscientas personas optaron por el rock clásico en el mismo escenario en el que, dos años atrás, 091 hizo triplete al comienzo de su anunciada resurrección. Esta vez era la primera que tocaba allí en solitario, un salto de aforo respecto a El Sol, donde solían recalar sus giras. La última, además, cambió de sala y el sonido le jugó una mala pasada. Pero eso fue hace ya más de dos años. Esta vez venía a presentar “El alma dormida”, y congregó a tanto público en Madrid como hace un par de meses en Granada. Allí jugó en casa, pero aquí, de alguna forma, también.

Ver una gira fuera de tu ciudad tiene varias ventajas. Una, que conoces otros escenarios y otros públicos. Otra, que vas comprobando cómo va engrasándose el espectáculo. Las giras de Lapido no suelen ser muy largas, pero cuando empieza el rodaje el directo se va haciendo cada vez más compacto. En Granada, como bien contó el compañero Eduardo Tébar, el repertorio fue imbatible (a excepción de ‘Escalera de incendios’, por un cambio de última hora) y las canciones en vivo ya mostraban redondez. Sin embargo, el directo adolecía de algunas pausas entre canción y canción, y se dilataba un poco. A Madrid llegaron con un par de conciertos más encima, los engranajes perfectamente ajustados y corsés, los justos. Saltar a un escenario es como el que empieza a correr: al principio sientes un poco de frío, pero enseguida entras en calor. Ellos decidieron hacerlo con la intro instrumental de ‘Pájaros’, dejando sonar la música para ir preparándose para lo que estaba a punto de ocurrir. Después ya no hubo forma de pararlo.

 

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“Lapido estaba bien flanqueado por Víctor Sánchez (guitarra), Popi González (batería), Jacinto Ríos (bajo) y Raúl Bernal (teclados), derrochando clase”

 

¿Se toca mejor fuera de casa?, nos preguntábamos ayer algunos compañeros. Tal vez existan menos corsés cuando no está mirándote la gente de tu ciudad. Menos presiones, menos miedo a las expectativas. O tal vez sea al contrario, y sea en Madrid donde la mirada es más dura, el verdadero barómetro. Quién sabe. Aquí llegaron dispuestos a desplegar el mejor rock de su trayectoria solista. La fortaleza de ‘Nuestro trabajo’ y la sobresaliente ‘Luz de ciudades en llamas’, que siempre nos deja sombras en el corazón. Lapido estaba bien flanqueado por Víctor Sánchez (guitarra), Popi González (batería), Jacinto Ríos (bajo) y Raúl Bernal (teclados), derrochando clase y deseando que saliésemos del concierto “tarareando algunas de las canciones”. De eso se trata, al fin y al cabo: de dejar que sus letras y melodías nos acompañen. Y de aprender algo por el camino. Nos lo cuenta en la imbatible ‘¡Cuidado!’, esa carta de presentación del nuevo disco que en directo es un himno guitarrero muy celebrado. Una descarga eléctrica que le hace justicia a la propia prevención de la letra, captando nuestra atención, poniéndonos las warning del coche, mostrándonos el cable rojo de la bomba. La voz de José Ignacio no acaba de explotarnos en la cara, no nos habla con tanta fiereza, pero las guitarras sí.

Dice el músico granadino que desde pequeño “quería hacer canciones como las de misa”, y que ya era hora de ponerse a ello. “De misa o de bares”, puntualiza con sorna sobre la country ‘Estrellas del purgatorio’. Es la antesala de la divertida ‘Dinosaurios’ y de la vieja compañera ‘No digas que no te avisé’, previas al maravilloso empaque oscuro de ‘Noticias del infierno’. Pero para maravilla, esa joya del nuevo disco que es ‘Lo que llega y se nos va’, ese canto a la tristeza del tempus fugit, al ubi sunt, esa mirada descarnada al vacío que dejan los seres queridos, la sensación de estar en el mundo apenas tres días y ser conscientes de nuestra soledad, de la tristeza, de saber que la vida no es para siempre. Metafórica, acongojante en cada verso y con un puente instrumental estremecedor, que narra tanto como la propia letra, algo que ocurre en muchas de las canciones de Lapido, capaz de expresar tanto sentimiento con la guitarra como con los textos. Ese dolor que tan bien transmiten los flamencos y que él sabe traducir desde el rock.

 

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“Esa joya del nuevo disco que es ‘Lo que llega y se nos va’, esa mirada descarnada al vacío que dejan los seres queridos”

 

Con el cuerpo así, revuelto, nos prepara para la balada de la noche. Apenas oímos un acorde fugaz de Raúl al piano sabemos que está a punto de sonar ‘Algo me aleja de ti’. Cuenta que no la tocaron ayer en Valencia, y bromea diciendo que es de las que dejan caer la lagrimilla a sus escuderos. Ellos se ríen. Cuánto agradecemos a Bernal que, más de diez años atrás, insistiera para poner su piano al servicio de Lapido, aunque su jefe esgrimiera que la suya era “una banda de guitarristas”. Menos mal que venció el empeño y el talento de Raúl, porque ahora no entenderíamos esta escudería sin la belleza y el genio de sus teclas. Tampoco lo haríamos sin la complicidad que tiene con su colega Víctor Sánchez, en ese vis a vis guitarrero en el que José Ignacio y él se complementan como si fueran uno solo. Acercándose para dialogar con sus cuerdas, equilibrándose cuando Lapido coge la acústica y Víctor le saca furia a la eléctrica, repartiéndose solos brillantes. Todo eso sin olvidar la base rítmica que forman Popi González –en boca de algún periodista, el mejor batería de todo Granada– y el ex 091 Jacinto Ríos, experimentando su vuelta al rock apuntalando desde el bajo. Es el único que no hace coros cuando suena, entre otras, ‘No queda nadie en la ciudad’.

Recuerda Lapido que Madrid es la ciudad que alberga, entre otras cosas, la sede del Parlamento y la del Consejo del Poder Judicial: “El sitio adecuado para tocar ‘La versión oficial’”. Sigue desplegando su ironía cuando anuncia “un éxito” e interpretan ‘La antesala del dolor’. Pero, efectivamente, lo es. Porque el público la canta, Víctor la baila con la eléctrica y Raúl toca los teclados de pie, que es algo que hace cuando la adrenalina le impide tocar sentado. Hasta el vocalista se está dejando arrastrar por la emoción, y así llegan a la enérgica ‘El dios de la luz eléctrica’, con la que se ausentan del escenario.

 

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“Cuánto agradecemos a Bernal que, más de diez años atrás, insistiera para poner su piano al servicio de Lapido, aunque su jefe esgrimiera que la suya era una banda de guitarristas”

 

No hay concesiones para el viejo repertorio de los Cero en la velada. Reivindica su propio cancionero, ese que le estuvo esperando mientras resucitó a su exbanda, ocho discos bien sólidos. Lo mejor es que el pasado no se echa en falta. Todavía quedan algunas de sus mejores balas listas para la traca final. Llega entonces la delicadeza de los teclados de ‘En el ángulo muerto’, la electricidad con la que transmite ese escondite perfecto desde el que Lapido sigue escribiendo con agudeza exigiéndose más que nadie. Tal vez sea ese el secreto de su particular éxito: pelear por estar a la altura de lo que espera de sí mismo. Lo que suceda después con sus canciones es cosa nuestra, de los medios y del público.

El contraste feliz de la melodía de ‘La hora de los lamentos’ y el rock and roll contagioso de ‘Cuando por fin’ nos llevan casi al borde de la despedida, pero se marchan sin saludar, y sabemos que volverán. Volverán porque no han cantado ‘Escalera de incendios’ y la necesitamos para seguir creyendo que, a pesar de todo, hay una luz al final del túnel. Que mañana habrá algo mejor esperándonos al otro lado. La necesitamos como aquellas cosas que descubrimos y no sabemos por qué no estaban antes en nuestra vida. La última es ‘Cuando el ángel decida volver’, y se recibe con júbilo. El cierre perfecto, ese que les hace sonreír y regalar la púa entre las primeras filas, aunque después del saludo, Jose Ignacio desaparece del escenario con cierta rapidez, sin detenerse mucho en el agasajo. No va con él.

 

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“Acercándose para dialogar con sus cuerdas, equilibrándose cuando Lapido coge la acústica y Víctor le saca furia a la eléctrica, repartiéndose solos brillantes”

 

Ha sido un directo apabullante, sin ninguna fisura. ¿El mejor concierto en lo que va de gira?, le preguntamos después a Víctor Sánchez en las catacumbas del recinto, donde reducen ya las revoluciones, y admite que seguramente sí. Han cumplido con sus expectativas. Lapido se ha roto las manos con las cuerdas, y nos las muestra, pero también parece satisfecho. Unos metros por encima de sus cabezas, la sala empieza a vaciarse. “El rock and roll ha muerto, menos mal que está Jose”, dice uno de los espectadores más conmovidos. Otra aprovecha para dar un buen saqueo al merchandising: “Quiero uno de cada cosa”. Como si en cada objeto estuviesen prolongando las sensaciones que les ha transmitido desde el escenario. No sabemos si el rock and roll está moribundo, pero sí que cualquier amante del género debería acercarse a un concierto de Lapido. Del género, o simplemente de las canciones. Algunos, por suerte, lo hacemos desde hace tiempo, entre ellos Amaral, que no se pierden al granadino si tienen ocasión. “Tienes que contarlo”, me dice Juan Aguirre en algún momento de la noche. No hay manera de expresarlo con palabras, pero lo sigo intentando.

 

Repertorio de Lapido en Joy Eslava:
1. Pájaros.
2. Nuestro trabajo.
3. Luz de ciudades en llamas.
4. Lo creas o no.
5. Mañana quién sabe.
6. Cuidado.
7. Como si fuera verdad.
8. Estrellas del purgatorio.
9. Dinosaurios.
10. No digas que no te avisé.
11. Noticias del infierno.
12. Lo que llega y se nos va.
13. Algo me aleja de ti.
14. No queda nadie en la ciudad.
15. La versión oficial.
16. No hay prisa por llegar.
17. La antesala del dolor.
18. El Dios de la luz eléctrica

19. En el ángulo muerto.
20. El más allá.
21. La hora de los lamentos.
20. Cuando por fin.

21. Escalera de incendios.
22. Cuando el ángel decida volver
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