Thorsten Schütte, director de “Eat that question”: “Frank Zappa era un cronista social que huía del romanticismo”

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La última cinta sobre Frank Zappa, titulada “Eat that question”, acaba de ganar el premio Zabaltegi en el Festival de Cine de San Sebastián. Allí estuvo su director, Thorsten Schütte, presentándola ante la prensa, y allí charlaron con él Javier Aguirre y Manuel de la Fuente.

 

Texto: JAVIER AGUIRRE / MANUEL DE LA FUENTE.

 

“Eat that question” es el título de un documental sobre Frank Zappa que acaba de obtener el premio Zabaltegi en el pasado Festival de Cine de San Sebastián. Meses después de su paso por Sundance, la película triunfaba en Donostia mientras se prepara su proyección en salas comerciales de toda España, lo que confirma el interés por un género en boga: en los últimos meses, con la comercialización de documentales sobre figuras como Kurt Cobain, Amy Winehouse o los Beatles, no resulta infrecuente ver cine rock en las carteleras españolas.

Aprovechando este auge del género, el filme rescata a uno de los músicos fundamentales del siglo XX, Frank Zappa, cuya trayectoria vive un proceso de creciente reivindicación. La película es un proyecto trabajado durante años por el cineasta Thorsten Schütte, que recurre a una apuesta arriesgada: mostrar cómo era Zappa en sucesivas entrevistas de archivo dispuestas en orden cronológico y sin recursos de voz de off ni carteles explicativos. A través de la evolución de sus opiniones y su música, el espectador asiste a la explicación de algunos de los acontecimientos más importantes del siglo pasado desde el verbo afilado de un músico excepcional. Sobre ella hablamos con su director, Thorsten Schütte, el pasado 19 de septiembre en San Sebastián, adonde había acudido para presentar su obra. Plenamente consciente del material con el que trabajaba y de la orientación de su película, nos explica diversos dilemas a los que tuvo que enfrentarse.

 

¿Por qué decidió hacer un documental sobre Frank Zappa?
Muy sencillo: no existía una película así, era necesario hacerla. En 2008 empecé a pensar que desde crío me había influido mucho la figura de Frank Zappa y revisando algunas de sus entrevistas me di cuenta de que estaban llenas de detalles, gestos, miradas y palabras que arrojaban luz sobre algunos aspectos que habían permanecido en segundo plano. Vi además que, a lo largo de los años, desde sus primeras entrevistas de los años 60, había una serie de patrones en su discurso que se repetían una y otra vez, dando a sus postulados una solidez que había que resaltar. Por ejemplo, en aquellas entrevistas ya alertaba de la censura cuando la gente aún no se preocupaba demasiado por un asunto que adquiriría una gran importancia cuando el mismo músico la combatió años más tarde, en la década de los 80. Quería contar precisamente eso: cómo manteniendo un discurso coherente se fue convirtiendo en una figura mediática en Estados Unidos. Hay algunos documentales que se centran en el aspecto visual o en la opinión que tenían otros músicos sobre Zappa, pero mi interés era diferente. Me propuse hacer una película en la que solo apareciera hablando el propio Zappa.

 

Una preocupación habitual en estos casos es la recepción de los fans. ¿Se puso en contacto con ellos durante la realización del filme?
Sí, me han ayudado bastante los fans a la hora de suministrar información y orientarme en la
búsqueda de material. No hay que subestimar el trabajo de los aficionados que durante años se han encargado de recopilar las grabaciones y entrevistas del músico. Por ejemplo, hay una intervención muy esclarecedora de Zappa en el programa “Crossfire”, a mediados de los años 80, donde le vemos exponer sus opiniones políticas. La CNN no conservó ese programa y la copia que ha sobrevivido se debe a un fan que grabó el programa en su momento. Es un fragmento muy importante en la historia de la música, de la televisión y de la cultura. Lamentablemente, que no se conservara desde la propia cadena da cuenta de la poca importancia que se le otorga en los medios norteamericanos a la preservación de su propio material.

 

Por eso también adquieren valor los documentales, para alertar de la pérdida de archivos audiovisuales.
Es una constante y hay muchos ejemplos. Me viene a la cabeza ahora un concierto de Chet Baker en Alemania que se emitió en directo, que fue trascendental y del que no se conservan más que testimonios porque nadie lo grabó. En 1994 entrevisté a varios músicos de Zappa que estaban ensayando un homenaje póstumo con una banda llamada “Band from Utopia”. Al final todo ese material se descartó y no se emitió porque la compañía que me lo encargó no lo vio interesante. El problema no es menor, tenemos a diario un montón de medios que emiten entrevistas y programas que se pierden porque no existe una conciencia de archivo.

 

En su película, vemos sobre todo a Zappa como un artista muy relacionado con su contexto. No era un músico que se dedicase a divagar sobre su vida y el entorno cultural y político emerge en cada secuencia.
Exacto, resulta tan evidente que no era necesario explicar de qué año es cada declaración que aparece, ya que el contexto político aparece en todas partes, no solo en las entrevistas, también en las canciones y en las distintas acciones que llevó a cabo. Para que fuera todo mucho más claro nos propusimos usar siempre fuentes principales, que las entrevistas no fuesen grabaciones de grabaciones, ya que lo fundamental era que se viesen y oyesen sus opiniones y su música con una calidad óptima. Y curiosamente en ocasiones las grabaciones que nos proporcionaban los fans tenían mejor calidad que las que se conservan en los archivos de las propias televisiones. También respetamos al máximo las texturas originales sin recurrir a una manipulación digital que homogeneizase demasiado un material tan diverso.

 

 

Se ha destacado del filme su montaje ágil que consigue que no perdamos la atención. ¿Qué le preocupaba más del montaje?
Me preocupaba bastante tomar distancia con el material, porque a mí me puede gustar mucho Zappa pero intentaba situarme en todo momento en la perspectiva del espectador para que no le resultase reiterativa la sucesión de entrevistas. No dejaba de pensar en que la tensión narrativa podía decaer a la hora de metraje. Porque al final de su vida, cuando enfermó de cáncer, su tono de voz se volvió muy monótono y no quería que la película se derrumbase al final. Habría sido como correr un maratón y no cruzar la línea de meta.

 

¿Cuándo percibió que la apuesta de no incluir elementos explicativos externos era viable?
Una vez acabamos el primer montaje y se lo mostramos a los productores. El montaje final dura hora y media pero la primera versión era más larga, de tres horas. Recuerdo que le mostramos esa versión primigenia a los productores. Imagínate las dudas que albergaba yo entonces, iban a contemplar tres horas de entrevistas con Frank Zappa. No paraba de mirarles de reojo, pero no me llegaba ninguna pista debido a la oscuridad de la sala. Al terminar, me dijeron: “Thorsten, no nos hemos aburrido ni un solo minuto”. Fue ahí cuando me di cuenta de que la película funcionaría, de que le atraería a la gente a la que no le gusta especialmente Zappa, porque muestra a una persona que tiene cosas que decir.

 

Una trayectoria tan prolífica como la de Zappa requiere de un proceso de selección. Vemos que ha mantenido en el documental dos hechos fundamentales, como son los problemas que tuvo con la censura a principios de los años 70 (cuando se le prohibió estrenar una obra en Londres) y los ataques de la extrema derecha durante el reaganismo.
Esos son los dos momentos álgidos, pero Zappa sufrió la censura incluso antes de empezar a grabar discos. En la película mostramos un fragmento de su concierto para bicicletas en el programa de televisión de Steve Allen en 1959. Entonces Zappa era un chaval muy joven y tímido, con pinta formal y sin su bigote característico. Cuando acaba el programa, el presentador se despide con ironía diciéndole que valora que su música es arriesgada, pero que no vuelva jamás a tocarla en televisión. Más allá de la broma, el comentario es muy revelador de las tensiones que soportaría a lo largo de su carrera, ya que su música no se ajustaría nunca a los patrones comerciales. En la película quería mostrar este contraste entre un músico empeñado en sacar adelante su obra y un entorno que se le pone en contra. Incluso cuando empieza a tener sus primeros éxitos, vemos que no todo el mundo lo acepta por ese carácter indómito que le caracterizó hasta el final.

 

La película huye de la sentimentalidad pero al final sí sentimos una cierta emoción cuando le vemos cogiendo la batuta pocos meses antes de morir sabiendo cuál va a ser el desenlace. ¿Pretendió que tuviese un final emotivo?
Zappa era de todo menos un músico romántico. Su posicionamiento es el de un observador que contempla su sociedad y decide registrar lo que ve, pero sin apelar a la sentimentalidad. Eso suponía un problema, ya que tuvimos que eliminar algunas secuencias que se podrían haber malinterpretado porque aparecía poniendo de los nervios a cierta gente con su carácter ácido. Nuestro compromiso era enseñar cómo era Frank Zappa pero sin provocar rechazo, abrir el personaje a nuevos públicos. Hay que tener mucho cuidado con eso cuando editas fragmentos de entrevistas porque puedes ofrecer un retrato distorsionado del biografiado. El problema no era menor, también corríamos el riesgo de que resultase insoportable: si tienes durante hora y media a un personaje exhibiendo su inteligencia eso puede causar cierta irritación. El punto de conexión emocional de la película con el espectador no es tanto el final como el concierto de bicicletas que comentaba antes, cuando su personalidad no está aún desarrollada y se encuentra en estado embrionario. Al verle tan joven y tímido, se crea una empatía con el espectador mediante esa sensación de vulnerabilidad que no tendría ya de adulto. Es un momento crucial del filme.

 

¿Cómo valoró qué entrevistas y canciones incluir entre todo el material que se conserva sobre él?
Sí solo hubiésemos una película para fans, no habría salido nada interesante. Para empezar, porque hay muchos tipos de fans distintos: los que prefieren su etapa de los 70, los que se centran en sus primeros álbumes con los Mothers of Invention, los que se inclinan por sus solos de guitarra, etc. Teníamos muchas grabaciones inéditas de los años 60 y 70, pero las quitamos porque no aportaban gran cosa: el objetivo no era exhibir una serie de datos ni explicar qué músicos entraban y salían de su banda, sino dar a conocer el discurso y carrera de Zappa. No quería mostrar una cronología exhaustiva, por eso hubo que eliminar un montón de actuaciones de conciertos de los 70 que no se han visto jamás. Comprobamos que sí, que tenía su interés detenerse en determinadas canciones, pero que al final todo resultaba demasiado repetitivo y afectaba al ritmo de la película. Otra decisión importante fue elegir la naturaleza del material que íbamos a incluir: ¿qué sería mejor, mostrar grabaciones inéditas para deleitar a los fans o centrarnos en material ya visto para no desviar la atención sobre el núcleo central que es la narración? Optamos por lo segundo. Así, hay un momento en que le vemos cantando ‘Dinah-Moe humm’. Ese fragmento está extraído de la película “Baby snakes”, que los fans conocen de memoria, pero mi objetivo era que se viese el contacto cercano que tenía con el público, cómo flirteaba con las chicas, y eso se ve perfectamente en esa grabación. Hay un montón de información en ese fragmento que hizo que lo mantuviésemos y descartásemos del montaje final otras canciones como ‘Baby snakes’ o ‘Honey, don’t you want a man like me?’

 

Esa labor de arqueología en búsqueda de grabaciones raras podría resultar estéril si se carece de un objetivo concreto. Es decir, ¿para qué incluir filmaciones raras de ‘Dinah-Moe humm’ si disponemos de la mejor y editada además por el propio Zappa?
Exacto, eso es justo lo que pensé.

 

¿Por qué le dedicó a la película a Gail, la viuda de Frank Zappa fallecida en 2015?
Gail era una persona compleja. Tuvimos que pelear mucho para que nos diera permiso para usar el material y crear la película, pero su preocupación era legítima. A mí me gusta mucho la música de Zappa pero no comparto muchas de las cosas de los fans, y una de ellas es cómo la atacaron durante años por su gestión del legado del músico. Le presenté a Gail el proyecto en 2008 y al cabo de los meses de insistencia mantuvimos reuniones en su casa. Poco a poco me fui ganando su confianza hasta que me firmó la carta que me permitía ir a las televisiones a rescatar grabaciones de Zappa. Gail entendió que nuestro proyecto era novedoso y también sentía cierta curiosidad por ver qué encontraba yo rastreando por los archivos televisivos. Cuando vimos con ella y con sus hijos el montaje final fue muy emotivo: ya estaba enferma y le sirvió para contemplar el retrato que había hecho de su marido. Pese a las dificultades iniciales, llegamos a buen puerto y me permitió concluir la película sin interferir en mi punto de vista, un asunto innegociable para cualquier cineasta.

 

La película supone un elemento importante en la revitalización de la figura de Zappa. ¿Siente que el filme cumple también esa labor?
Es difícil, en los tiempos actuales, revitalizar el interés por un artista que lleva fallecido más de veinte años. Los fans ya lo conocen de sobra y me despierta curiosidad descubrir su reacción ante la película. Muchos empiezan a verla intentando reconocer cada fragmento, incluso compitiendo en plan “esto lo había visto, esto no”. Sin embargo, lo más importante era contar la historia. Si hubiera hecho una película para los fans, lo habría llenado todo de grabaciones inéditas, pero no podía hacer eso y me parece una actitud elitista que no lleva a ningún sitio. Lo fundamental no es que haya mucha gente que haya visto ya las grabaciones, sino que hay todavía más gente que no las ha visto nunca y a esas personas nos dirigimos, porque, insisto, queremos dar a conocer a Frank Zappa. Por otra parte, todo este tiempo transcurrido desde su muerte le está convirtiendo en un clásico y espero que “Eat that question” contribuya a otorgarle el valor que merece su obra y mucha gente descubra a un músico fundamental.

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