“This year’s model” (1978), de Elvis Costello

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

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“Una obra maestra que conserva intactas sus propiedades, a cuatro décadas vista”

 

El 17 de marzo se cumplieron cuarenta años de la publicación de “This year’s model”, el segundo trabajo discográfico de Elvis Costello y el primero en el que se hizo acompañar de The Attractions. Un disco que grabaron en los Eden Studios al oeste de Londres, y que analiza Carlos Pérez de Ziriza, autor del libro “Tres minutos de magia”, que pone el foco en Costello, entre otros milagros del power pop y la new wave.

 

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Elvis Costello
“This year’s model”
RADAR, 1978

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

 

Si el don de la infalibilidad fuera algo empíricamente demostrable, pocas sagas de álbumes sustentarían la tesis con mayor vigor que aquella secuencia de discos que Elvis Costello despachó entre finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando dejó de ser un anónimo programador informático de la firma Elizabeth Arden para descorchar, a ritmo estajanovista, una de las carreras más ricas y diversas de la música popular de las últimas décadas.

Sus cinco primeros largos, todos producidos por Nick Lowe entre 1977 y 1981, son no solo canónicos para entender la fulgurante irrupción de la nueva ola británica en su versión más elástica (en cuestión de meses se sucedían las mutaciones sonoras), sino también colecciones de canciones que resisten el paso del tiempo con la misma frescura con la que fueron concebidas.

 

 

Dentro de esa cadencia de disco por año, el segundo de ellos, que justo ahora acaba de cumplir nada menos que cuarenta primaveras, es uno de los definitivos. Por la incorporación de The Attractions como su soporte instrumental (en su debut había contado con los norteamericanos Clover), que se afianzaría con el tiempo como su troupe más leal, y que ya en este trabajo hacían notar el peso de los teclados de Steve Nieve y la base rítmica formada por Bruce y Pete Thomas. Y por el acabado fibroso y punzante de todas sus canciones, aupadas en textos descreídos que destilaban vitriolo, muy lejos todavía del transparente sentimentalismo de sus obras de mediana edad.

 

 

Pocos de sus discos albergan tal promedio de clásicos incontestables: ‘No action’, ‘The beat’, ‘Lip service’, ‘Lipstick vogue’, ‘Little triggers’, ‘Radio, radio’ y, sobre todo, ‘Pump it up’ y ‘(I don’t want to go to) Chelsea’. No es de extrañar que haya sido reeditado en tres ocasiones: en 1993 por Rykodisc (con seis extras), en 2002 por Rhino (con doce cortes de propina) y en 2008 por Hip-O/Universal (con once tomas alternativas y un directo grabado en Washington en febrero de aquel 1978). Una obra maestra que conserva intactas sus propiedades, a cuatro décadas vista.

 

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: ““I should coco” (1995), de Supergrass.

 

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