Surfin’ Bichos: Gloriosa anomalía

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“Surfin’ Bichos fue una anomalía. Gloriosa, podemos asegurar, con su sonido fiero, impulsivo y gozosamente eléctrico”

 

Xavier Valiño reflexiona sobre la carrera musical de Surfin’ Bichos a partir de la última recopilación de su discografía, “El mundo por los pies: 1988-1994”.

 

Texto: XAVIER VALIÑO.

 

“Dentro de los Bichos destaca como compositor y letrista la guitarra y la voz Fernando Alfaro. Sus creaciones literarias y musicales son las que nos ocupan. Sus descripciones y revelaciones nos muestran huellas y sombras que rompen nuestras seguridades a la hora de hablar de Dios, una vez que nos invitan a tratar el acorde secreto que nos pone en conexión con el innombrable. Emplea con mucha frecuencia el lenguaje religioso aunque en un tono muchas veces cargado de una ironía más que ácida. En sus textos se encuentra el rechazo a un Dios convencional que legitima y tranquiliza conciencias y que enorgullece seguidores portadores de una verdad y un discurso que acaba de ponerse en práctica, un Dios ya imposible. También queda fotografiado, a veces solo en negativos, un Dios buscado y presentido en palabras e impulsos amorosos, pero que se desvanece al quebrantarse el alma. Por último escuchamos el grito jubiloso del ¡aleluya! que proclama la presencia divina que nos envuelve y protege del sentido de la muerte”.

Este texto es solo una pequeña parte de un estudio más en profundidad hecho en su día por Antonio García Ramírez, quien revisó desde un punto de vista espiritual los textos de Surfin’ Bichos, publicándolo con el título de “El salmista enfurecido. Lo religioso en los Surfin’ Bichos” en una revista universitaria de Teología. Probablemente haya sido el único caso en el que un grupo de rock se ha investigado desde ese enfoque, lo que manifiesta claramente que no se trataba de una banda más, sino todo lo contrario.

 

 

El universo que entre 1988 y 1994 trazó Surfin’ Bichos es, cuando menos, atípico. En un momento en el que la escena de los 80 que algunos calificaron como “Movida” languidecía, y en el que los grupos independientes de los 90 aún daban sus primeros pasos (cantando mayoritariamente en inglés), Surfin’ Bichos fue una anomalía. Gloriosa, podemos asegurar, con su sonido fiero, impulsivo y gozosamente eléctrico, a lo que habría que sumarle esas letras únicas que se prestaban a interpretaciones como la señalada.

Fue en 1988 cuando Fernando Alfaro, Joaquín Pascual, José María Ponce –sustituido más adelante por José Manuel Mora– y Carlos Cuevas fundaron el grupo en Albacete, al que se sumó posteriormente Isabel León. Surfin’ Bichos se convertía así en el punto de partida de la que probablemente seas la saga más brillante del rock independiente español, con Chucho, Mercromina, Is, Travolta, Los Alienígenas o Burrito Panza como alguno de sus ilustres descendientes.

Carlos Pérez de Ziriza define perfectamente a la banda madre en su recomendable libro recientemente editado “Indie & rock alternativo”: “Una banda que esgrimía un rock hirviente y descarnado, con ecos de Pixies o The Velvet Underground, armado sobre los escabrosos textos de Alfaro, repletos de referencias bíblicas. Tramaron una espléndida retahíla de álbumes que no encontró el eco merecido, pese al tránsito de La Fábrica Magnética a un subsello de RCA. Quedaron encajonados entre el ocaso de las grandes estrellas del pop de los 80 y una escena indie que, en España, aún estaba casi en pañales”.

 

 

Desde su desaparición en 1994, tras editar cuatro discos (“La luz en tus entrañas”, 1989; “Fotógrafo del cielo”, 1991; “Hermanos carnales”, 1992 y “El amigo de las tormentas”, 1994), más un mini-álbum de cinco versiones (“Family Album I”, 1993), el grupo se había reunido únicamente para una gira en 2006. Ahora, con motivo de los 25 años desde que se publicó su álbum más celebrado, el tercero, harán una nueva gira que cuenta ya con seis fechas cerradas y que, además, sirve para presentar la integral de su obra.

Ese es el gran mérito de “El mundo por los pies: 1988-1994” (Virus-Sony): presentar la totalidad de su producción tal y como recientemente se ha hecho con la “Integral” de Carlos Berlanga que hace poco comentamos aquí y que debería ser el ejemplo a seguir con otros artistas patrios. Así, esta caja de seis compactos, un deuvedé y un libreto incluye todas las letras de las canciones del grupo, los créditos perfectamente detallados de todos sus discos y la explicación de la procedencia de todas las canciones que no aparecieron en la primera tirada de los discos.

 

 

Además de toda su discografía, con abundantes caras B, rarezas y temas inéditos, varios de los cuales ya aparecieron en las reediciones de cada uno de los discos por separado en 2006, se incorpora su primera maqueta (“Primera cebolla sónica”, 1988), hasta ahora inédita. Por su parte, “Hermanos carnales” aparece ahora en formato de disco doble, tal y como se asegura que fue concebido en un principio, con los subtítulos de “Elliot, el triunfador”, el primero, y “Beverly, el retraído”, el segundo, aunque la inclusión en este último de grabaciones en directo y maquetas no dejan muy clara cuál era la verdadera intención, probablemente porque nunca se concretó.

El deuvedé incluye el documental “Buzos Haciendo Surf”, en el que el director gallego Rogelio Abraldes aprovechó el renacimiento del grupo en otoño del 2006, doce años después de su ruptura, con una catártica gira de reunión, para recordar su trayectoria en una brillante cinta que les hacía justicia. A mayores, se le suma también los veintidós minutos del concierto llamado Fuerte y que sirvió de presentación de “Hermanos carnales” en 1992, cinco canciones que hasta ahora solo habían contado con una edición en formato VHS en 1992.

 

 

La caja se completa con un libro con imágenes inéditas, una breve presentación de Fernando Alfaro y un texto de Rafa Cervera que expresa perfectamente su relevancia y que sirve para rematar este recuerdo de la banda con líneas como estas: “Fueron algo fuera de lo común desde el principio. Echémosle un vistazo a las letras de Alfaro, a esa sucesión de sangre, carne, demonios, infiernos, agua, tormentas. Imágenes religiosas y mitológicas, el mal hecho carne, la carne como sinónimo de lo que está mal. Lázaro, Saturno, Leda y Charles Manson. Volvamos a escuchar –esta caja nos lo permite– ese rock magullado que se nutre de cosas diferentes, que a veces explota como una condena o nos susurra al oído como una tentación. Las canciones de un grupo que convierte en fuerza sus afinidades y obtiene poder de sus fricciones”.

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