“Superscope”, de Kitty, Daisy & Lewis

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DISCOS

“Un paso más de esta tríada que apuesta por el espíritu oldie para revestirlo de una actualidad cuidada, dimensional y multicolor”

 

superscope-24-10-17

Kitty, Daisy & Lewis
“Superscope”
SUNDAY BEST/PIAS, 2017

 

Texto: SARA MORALES.

 

Suenan vintage, pero ni siquiera superan los treinta años de edad. Estos tres hermanos, que llevan desde 2005 lanzando singles y discos al mundo, ya se asientan cómodamente en el podio del rockabilly europeo gracias a una propuesta multiinstrumental y poliédrica en la que los tres tocan, cantan y crean. Es lo que tiene ser hijos de uno de los ingenieros de sonido más influyente de Londres — Graeme-Durham de The Exchange Recordings— y de la que fuera batería de The Raincoats —Ingrid Weiss—.

Han mamado la música y los sabores del country, el rythm and blues, el punk y el swing desde pequeños, conocen al dedillo las formas analógicas y poco a poco se van adentrando en los derroteros digitales correspondientes a la época que les está tocando vivir a ellos. Por eso, en este cuarto disco que lanzaron el pasado 29 de septiembre y andan presentando ahora —”Superscope”— encontramos ya el uso frecuente de sintetizadores, efectos y una producción más refinada y actual que ha corrido de su cuenta. Eso sí, sin olvidar su gusto por el sonido de los cincuenta y los setenta que siempre presentes son, al fin y al cabo, los referentes de su música.

Pese a todo, Daisy —la mayor de los hermanos— ha querido matizar que este es, de todos los álbumes del trío, el menos anacrónico de todos los que hasta ahora forman su discografía: “No hay demasiada nostalgia ni recreación de épocas pasadas. “Superscope” es una mezcla de todas nuestras mentes, un verdadero crisol”. Y de verdad que lo es. Una amalgama con algo de pasado, mucho presente y más futuro que nunca; de cuerdas, viento y percusión, de tres timbres diferentes, de una docena de estilos, pero un solo pulso, un solo corazón.

Lewis es el encargado de abrir el disco con ‘You’re so fine’ y vuelve a repetir con su voz en ‘Love me so’, dos canciones para imponerse como el crooner setentero que perfectamente podría haber sido si aquel hubiera sido su tiempo. Los silencios dan paso a la instrumentación, relevante en este álbum más que en ninguno de los tres anteriores dada la implicación de violines, violas y cello en temas como ‘Team strong’ —escrita por Kitty sobre la amistad—, la presencia de saxofonistas y trombonistas como ocurre en ‘Slave’ o ese dulce matrimonio entre las cuerdas y el piano que podemos escuchar en ‘Just one kiss’.

Mucho jazz en este elepé, voces de doble pista, efectos retro y tecnología punta; la instrumental con la que cierran el álbum, ‘Broccoli tempura’, es una buena muestra de lo que son capaces de hacer y, sobre todo, de lo que puede estar por venir. Y mientras tanto, continúan trabajando en base a una sólida cama de rock con ese núcleo indeleble de guitarras, bajo y batería, que lo mismo tira al punk nervioso de ‘The game is on’, al tono pegajoso de ‘Black Van’ y ‘Down on my knees’ o a la seducción de pasajes como ‘Whole lot of love’.

“Superscope”, un paso más en la carrera de esta tríada consanguínea que un día decidió apostar por el espíritu oldie para revestirlo de una actualidad cuidada, dimensional y multicolor. Y hoy lo han conseguido.

Anterior crítica de discos: “Próxima B”, de Júlia.

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