Slash y Marta Sánchez y otras colaboraciones imposibles (1)

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“Bill Drummond, que se subió al escenario de los Brit Awards con muletas y una imagen impactante, sacó un arma y comenzó a disparar balas de fogueo a la audiencia VIP”

 

A raíz de las colaboraciones de Joaquín Sabina y Andrés Calamaro en el nuevo disco de Julio Iglesias, Fernando Ballesteros rememora otros tantos matrimonios musicales chocantes e inesperados.

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

Seguro que ya te has enterado de que Joaquín Sabina y Andrés Calamaro han colaborado con Julio Iglesias en el nuevo disco del artista español que más discos ha vendido en todo el mundo. Es muy probable que a muchos os haya sorprendido. A un servidor le ha chocado tanto la colaboración que la cabeza se ha puesto a dar vueltas buscando otros matrimonios artísticos sorprendentes.

En algunos casos, la sorpresa viene dada por lo diferentes que son los protagonistas, en otros porque uno es tremendamente respetado y el otro, en fin, no tanto. Unas veces el resultado es positivo a pesar de la extrañeza inicial y en ocasiones se han gestado auténticos desastres dignos de ser recordados. Vamos a abrir fuego repasando unos cuantos, seguro que vuestra cabeza encuentra otros tantos. ¡Juguemos, pues!

 

1. Slash no le dice que no ni a Marta Sánchez

La colaboración más polémica que recuerdo. Al menos, la que en su día levantó más polvareda. Y no era para menos: Slash, que había reinado años antes con Guns N’Roses, ponía sus seis cuerdas al servicio de de la exvocalista de Olé—Olé.

Fue en Azabache (Polygram, 1997), el tercer asalto en solitario de la española. Slash colaboró en el single ‘Moja mi corazón’, pero no era el único título en el que se podía escuchar su guitarra. Había otra, titulada ‘Obsession’, incluida en la banda sonora del film ‘Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre’(Reb Braddock, 1996) en la que ya se había materializado la colaboración con su correspondiente tormenta. De sobra es conocido que la afición heavy y hardrockera siempre se ha caracterizado por su fidelidad, pero también por su exigencia, y a la chavalada no le sentó nada bien que su héroe tocara con la que por entonces algunos conocían como la “reina del pop español”.

La revista “Heavy Rock” dio testimonio gráfico de la que se montó. Su portada no dejaba lugar a dudas, titulaban con un tajante “¡¡Slash vendido!!”. Pero la pregunta es: ¿qué pudo pasar por la cabeza del hombre de la chistera para aceptar? Conviene aclarar que este señor nunca ha tenido muchos remilgos a la hora de dar el “sí quiero”. Son múltiples las apariciones de su guitarra en obras de otros artistas, con Michael Jackson a la cabeza. Existe incluso un elepé que recopila esas participaciones suyas con otros grupos y solistas. En algunas ocasiones lo haría por admiración, en otras por dinero y en el caso de Marta Sánchez… pues mire usted: si atendemos a como explicó el propio Slash su participación en la canción ‘Nada puede cambiarme’ de Paulina Rubio, seguramente lo hizo sin pensar en las consecuencias y porque sí, sin más motivos.

Tomen nota: en 2011, cuando le preguntaron por su aparición en la canción de la mexicana cinco años antes, el gunner respondió que cuando lo hizo ni siquiera la conocía y aclaró que otras veces ya había actuado así. Es muy posible que con Marta ocurriera lo mismo y mientras muchos se rasgaban —nos rasgábamos— las vestiduras, el protagonista no le diera la mayor importancia a su incontinencia colaborativa.

 

 

2. The Hives y Cindy Lauper, unidos por la Navidad

Cinty Lauper y The Hives, dos generaciones y dos mundos muy distintos. La chica exitosa, la cantante norteamericana que triunfó a lo grande en los ochenta y los suecos garageros que nos alegraron el comienzo del siglo XXI con su receta a base de festivos himnos imbatibles como ‘Hate To say I told you so’. Fue la Navidad la que los unió, en concreto, el cuento ‘In A Christmas Duel’, que grabaron de forma conjunta en 2008.

Los suecos aprovecharon el tiro para salirse de su guion habitual y levantar un sonido que entroncaba directamente con el de los girl groups de la dećada de los sesenta, algo así como una puesta al día de lo que hicieron bandas como las Ronettes en su día. En ese habitat sónico emergía la voz de Lauper para redondear una canción muy disfrutable. Todos terminaron muy contentos con esta colaboración. Algunos optimistas vieron un pariente —aunque fuera lejano— del grandioso ‘Fairyrtale of New York’ de los Pogues y Kirsty MacColl. Tampoco conviene exagerar, pero aunque en un primer momento la noticia sorprendió a muchos, es justo reconocer que la unión dio resultado y puede seguir ambientando nuestras Navidades en el futuro.

 

 

3. KLF y Extreme Noise Terror: delirio en los Brit Awards

Lo mejor es que sentemos las bases de esta historia explicando quienes fueron The KLF para que nos resulte menos extraño lo que vamos a leer sobre ellos en las siguientes líneas. El dúo formado por Bill Drummond y Jimmy Cauty había protagonizado otras aventuras, más o menos exitosas, antes de pasar a la historia como KLF. Dance, Acid House y electrónica encontraban su hueco en la fórmula de estos dos personajes que tenían tan claro cómo firmar singles de éxito que se permitieron el lujo de editar un libro, una especie de manual en el que explicaban como crear un número uno. Casi nada.

En 1991 The KLF eran uno de los grupos favoritos del público, y con esa vitola acudieron a interpretar un tema en los Brit Awards. Allí se presentaron de la mano de Extreme Noise Terror como invitados especiales con los que compartir escenario. Se trataba de una de las uniones más desquiciadas e inesperadas que se hayan podido contemplar. Los abanderados de aquel House con estribillos y una de las bandas más bestias del mundo, con su grindcore punk a cara de perro.

Aquella actuación dejó a todo el mundo en estado de shock, más aún cuando Bill Drummond, que se subió al escenario con muletas y una imagen impactante, sacó un arma y comenzó a disparar balas de fogueo a la audiencia VIP, que a esas alturas había abandonado toda esperanza de comprender lo que allí estaba ocurriendo. El punto culminante tuvo lugar al final de la actuación, cuando un colaborador de la banda anunció ante el auditorio: “The KLF have left the music business”. No era broma, se fueron y lo hicieron borrando todo rastro del grupo. Unos tíos de palabra. De hecho, hicieron desaparecer toda su música en el Reino Unido. Aquella actuación histórica fue la última. A Drummond, que había vivido la música desde todos los ángulos: mánager, directivo de discográfica, A&R, estrella… aquello ya no le interesaba.

Fuera del negocio que tanto les aburría, un día se fueron al banco, sacaron los beneficios que habían cosechado durante su última etapa musical y se plantearon qué hacer con aquel millón de libras. Barajaron todas las opciones y, finalmente, decidieron marcharse a una isla de Escocia y quemarlo ante uno de sus asistentes y un periodista que dio fe de aquel destructivo acto. El material sirvió para grabar un documental que presentaron de gira por el Reino Unido y la experiencia fue contada con detalle en “The KLF: Caos y magia: La banda que quemó un millón de libras”, un libro que John Higgs altamente recomendable.

 

 

4. Happy Mondays y el olvidado Karl Denver

En “24 Hours Party People” hay una escena en la que dos actores que interpretan a Shaun y Paul Ryder, los chavales que terminarían convirtiéndose en los Happy Mondays, aparecen viendo la tele con su padre. Acaban de dejar la adolescencia y entre risas y palabras malsonantes –a su estilo — se entretienen despachando a los artistas que aparecen en pantalla. Entre ellos está Karl Denver, de quien bromean sobre su falsete, su bigote y sus pintas desfasadas y del que Shaun dice cosas como “Adoro a este puto tío”.

Denver había sido un artista bastante popular en el Reino Unido que consiguió colar varios éxitos en las listas, después de una trayectoria que le había llevado también por Estados Unidos antes de ser expulsado de allí por problemas con inmigración y devuelto al Reino Unido. Pero a principios de los ochenta, cuando se sitúa la escena que acabamos de describir, había quedado más que fuera de onda. El ciclón que encabezaron los Beatles y que lo cambió todo le había borrado del mapa muchos años antes.

Karl se había convertido en un artista que frecuentaba el circuito de cabarets cuando, recién estrenados los años 90 y a punto de cumplir sesenta años los Mondays le rescataron, acordándose quizá de aquellos tiempos en los que bromeaban sobre sus pintas cuando aparecía en la tele. El grupo de moda, posiblemente la formación que mejor sintetizó esa mezcla entre cultura de club, espíritu raver y pop que explotó en Manchester hace tres décadas, recurrió al olvidado Denver para grabar el tema ‘Lazyitis’ y compartir escenario. El veterano cantante les daba la réplica en una canción, que, por otro lado, contiene algo más que un guiño al ‘Ticket to ride’ de los cuatro de Liverpool.

Happy Mondays y Karl Denver no tenían nada en común, de acuerdo, pero conociendo cómo funcionaban sus cabezas, tampoco nos puede extrañar demasiado que se decidieran por una colaboracióno tan inesperada.

 

 

5. Enrique Morente y Sonic Youth, pasión por saltar fronteras

Otra mezcla insospechada. Enrique Morente y Sonic Youth nos dejaron muchas muestras a lo largo de sus trayectorias de que les gustaba ir más allá de los límites que, en principio, acotaban sus respectivos campos de acción. Se movieron por donde quisieron y de la forma que les dio la gana. Artistas con mayúsculas, en definitiva.

A pesar de proceder de mundos tan diferentes, con el paso del tiempo sus caminos terminaron cruzándose. Morente había dado muestras de que era capaz de enfrentarse a todos los prejuicios y a aquellos que no hacen más que alimentarlos.

El andaluz había firmado “Omega” (El Europeo Música, 1996) con sus paisanos Lagartija Nick, un disco del que se ha hablado mucho aquí y sobre el que se seguirá escribiendo dentro de décadas. Nueve años después, el escenario del Festival Greenspace de Valencia fue el marco en el que se vivió la colisión de dos mundos: a un lado, el de Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo y Steve Shelley, con su experimentación sonora, el feedback, el ruido, la electricidad; al otro, el de Morente, las palmas, los ritmos flamencos, la voz que sale del alma. Salió mucho arte de aquel choque de titanes. No podía ser de otra forma.

Aquella unión se volvió a reeditar en formato reducido en 2009, cuando los norteamericanos estuvieron en la exposición “Sonic Youth etc: Sensational Fix”, en Móstoles. Allí, Shellley y Ranaldo improvisaron bien a gusto con el maestro. De la primera experiencia, la de Valencia, podemos disfrutar en la edición especial con motivo del vigésimo aniversario de “Omega”, en el que se incluye la canción ‘Oriente y Occidente’ que Morente interpretó junto a los neoyorquinos.

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