Setenta años del nacimiento de Freddie Mercury

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“Hermético, tras lo epidérmico que se le cataloga podía verse a un ser humano tan o más complejo que otros artistas que catalogamos dentro de la mística del rock por decreto”

 

Este lunes 5 de septiembre se cumplen 70 años del nacimiento de Farrokh Bulsara, Freddie Mercury, una figura que marcó para siempre el curso del rock. También marcó el rumbo de nuestro colaborador Ignacio Reyo, que hoy recuerda cómo le descubrió y las canciones que le recordarán siempre.

 

Texto: IGNACIO REYO.

 

Hay estudios psicológicos que corroboran que los cinco primeros años de edad de una persona son cruciales para su desarrollo personal posterior. Añadamos un número más. Entremos en el cerebro de un niño de seis años, en su percepción de la realidad. Dado que tenía hermanos mayores, crecí escuchando desde Springsteen hasta Prince o AC/DC. Pero hubo un antes y un después. Hipnotizado, de la misma forma que relata Zulueta en su película “Arrebato”, un día vi el videoclip de ‘Breakthru’. El famoso clip en el que Queen habían customizado una locomotora, bautizándola como The Miracle Express. La canción en sí misma, el ritmo, y sobre todo, la presencia de Freddie Mercury, ya con barba de tres días para que no se notara el deterioro del SIDA, me hechizaron.

 

 

Lo veía cada vez que lo echaban en 40TV. Esa energía, sus poses, la manera de interactuar con la cámara y la entonces novia del batería Roger Taylor. Desde entonces han pasado unos cuantos veranos. Y la figura de Mercury no solo no ha perdido su poder de evocación, de crearme serotonina. Me hice con las biografías pertinentes, la discografía completa, e incluso añadí durante estas décadas bootlegs, entrevistas a colaboradores, amigos suyos como el productor Mack. Incluso llegué a charlar con el alemán precisamente en Múnich, donde ambos vivieron. Y hoy se celebra el setenta cumpleaños de la figura musical que más me ha impactado, e intento escribir algo sobre él aquí. Hay cuestiones demasiado complejas para exteriorizarlas en papel, resultan casi inefables. Realizaré un esfuerzo y expulsaré algunos de mis dispersos pensamientos.

Freddie Mercury supuso un espejo en el que mirarme en los confusos años de la adolescencia y postadolescencia. Era excesivo, y tímido en la privacidad. Le gustaban las fiestas, así que celebremos este día poniendo su música, sin pensar que todas las fiestas del mañana conllevan resacas terribles, como él la tuvo tras su espiral de excesos.

Puede parecer que me refiero al creador de ‘Crazy little thing called love’ como una persona frívola, una estrella de rock que iba de prima donna. Todo es más complejo que ese estereotipo. En él encontramos un enigma que la otredad aún ni siquiera se ha planteado. Que eligiera versionear en solitario ‘The great pretender’, con lo que conlleva ese título, no fue una elección al azar. Contradicción pura.

Hablando con Fred Mandel, famoso teclista de estudio, me dijo que Mercury le había comentado “que si fuera siempre como en el escenario eso lo mataría”. Esa pomposidad, esa pantera en que se convertía en escena poco tenían que ver con el Mercury del día a día. Solo invitaba a sus fiestas a gente que conocía, sufría cuando debía dar entrevistas, apenas hablaba en ellas de su infancia. Hermético, tras lo epidérmico que se le cataloga podía verse a un ser humano tan o más complejo que otros artistas que catalogamos dentro de la mística del rock por decreto. Escucha ‘Bohemian rhapsody’ sin prejuicios. Lee la letra, piensa en la opereta como un grito de ayuda. Una de las canciones más trágicas de la historia. Que se haya extrapolado esa lectura a otras causas por la multitud de acontecimientos que a lo largo de la historia la han asociado, no minimiza su impacto. La despedida final de una persona, su adiós a la vida, o su muta de piel, matando una parte de su ser y de ese deceso saliendo el Mercury que todos conoceríamos. Así creo que fue Freddie Mercury.

 

Mito y mitómanos

Hoy cinco de septiembre, en Montreux, la idílica localización que tanta paz le dio en vida, habrá bastantes fans de Queen honrando su memoria. No será mi caso. Ya hice la famosa peregrinación y pude escuchar en un simulador de estudio ejerciendo de seudo ingeniero su última canción a capella, ‘Mother love’. Una de las razones por las que no me gustan ese tipo de eventos es su fondo ambiguo; un homenaje que quizá el fallecido gustaría de distinta variedad. Amaba a su público tanto como cantar, pero no que su leyenda terminara en mitómanos que solo adoran un becerro de oro. O eso al menos me gustaría pensar. Él era mitómano, de diferentes conceptos y grupos. Amaba la música de Hendrix, la ópera, el arte japonés, entre muchas otras filias. También realizar fiestas fastuosas que celebraba a la mínima de cambio. Sus cumpleaños no eran una excepción. Quizá por eso, hoy es el día indicado para escuchar ‘Living on my own’, una canción festiva de fondo introspectivo, cuyo clip mostraba uno de sus últimos grandes festejos, en 1985, pocos meses después de demostrar en el Live Aid que sólo podía quedar uno.

 

El primer lanzamiento oficial del cantante nacido en Zanzibar. En una estratagema de Trident y EMI, se lanzó un single de doble cara a, en el que participaban sus compañeros Brian May y Taylor. Usando un nombre descaradamente glam, reinterpreta este clásico que Ronettes y Beach Boys habían aupado en las listas previamente. Una elegía a su vitalidad y carrera.

 

 

2. ‘Love of my life (Live)’, de Queen.

Incluida en ‘Live killers’, de gran éxito en Brasil, cualquier versión en directo de este trozo de ambrosia del álbum ‘A night at the opera’, demuestra la conexión de Mercury con su público. Amor a primera vista. La guitarra de May acaricia la canción mientras Freddie realiza un dueto con la audiencia. Muy recomendable ver o escucharla en los conciertos bonaerenses donde sus ojos se empapaban de emoción.

 

 

3.‘I was born to love you’, de Freddie Mercury.

El primer single de su debut en solitario, y que más tarde el resto de miembros de Queen reconstruirían para incluirlo en el póstumo ‘Made in heaven’. Canción que mostraba sus gustos musicales a mediados de los ochenta, orientados a las discotecas, y emana en ella su amor a la vida.

 

 

4.‘Barcelona’, de Freddie Mercury y Montserrat Caballé.

No es la mejor canción del que Mercury consideraba su mejor álbum, pero sí la más representativa de un sueño hecho realidad. Así nació el disco de mismo nombre, por el encuentro entre la diva española de la ópera y su admirador en la Ciudad Condal. Caballé le pidió una canción que elogiara su ciudad. A dos manos con Mike Moran compuso este tema que terminaría siendo himno de los juegos olímpicos celebrados en 1992 en Barcelona.

 

 

5.‘These are the days of our lives’, de Queen.

La despedida a sus fans. Relatando instantes vitales pretéritos, la canción de Roger Taylor la interiorizó para repasar los buenos momentos, la nostalgia y encarar el fatídico destino que nos lo arrebataría para siempre. En el vídeo es conmovedor cómo su figura, casi irreconocible, dice adiós con un ‘Still love you’. Un hasta siempre a la altura de las circunstancias. Es recíproco, Freddie.

 

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