Serge Gainsbourg: 10 canciones para celebrar su 90 cumpleaños

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Tal día como hoy, en 1928 y en París, nació el músico, actor y director Serge Gainsbourg. Una efeméride que celebramos escogiendo diez perlas de su discografía, tarea de la que se encarga César Prieto.

 

Selección y texto: CÉSAR PRIETO.

 

1. ‘Le poinçonneur des Lilas’ (“Du chant à la une!”, Mercury, 1958).
Lucien Ginzburg se estrena en 1958 con este single en plena era de las cavas —el fondo es jazzístico— y de Saint Germain des Prés, pero a la seriedad existencialista opone una socarronería no exenta de subterráneas alusiones sexuales. Es el aburrido taquillero de la estación de metro Porte de Lilas —al extremo noreste de París— quien aburrido y harto de ver el sol, se queja de hacer agujeros y agujeros y agujeros en los billetes. ¿Una anticipación del Gaisbourg reiterado e inestable amante? No es posible deducirlo, pero sí que el propio autor escribió una parodia en “Le Fossoyeur de Pacy-sur-Eure”. Gainsbourg y el metro: los jardines frente a la boca de metro llevan su nombre, como lo llevará una estación que se está construyendo.

 

 

2. ‘La chanson de Prévert’ (L’Étonnant Serge Gainsbourg, Mercury, 1961).
Jacques Prévert y Joseph Kosma escribieron una de las canciones más bellas que existen: ‘Les feuilles mortes’. Estaba destinada a un ballet. La versión canónica es la de Juliette Gréco en 1951. Diez años más tarde, Gaisbourg la toma como tema de otra de sus canciones más bellas. Como el modelo, el amor, la esencia difusa del tiempo y la melancolía se alían en un dulce sentimiento, más suave aún porque la canta impecablemente sereno y emocionado. Un Gainsbourg que tuvo que hacerse pequeño cuando fue al poeta para pedirle que le autorizara. Fácil: “Está muy bien, chiquillo”. Y le firmó el papel. En un principio iba a ser para Yves Montand, que puso de vuelta y media a su autor cuando se enteró de que ya la había grabado.

 

 

3. ‘L’anamour’ (“Jane Birkin-Serge Gainsbourg”, Fontana, 1969).
Entre Serge Gainsbourg y Fraçoise Hardy hubo una química especial, pero nada de ardor físico. Gainsbourg y Brigitte Bardot han roto, y al pequeño apartamento de la calle Bougeaud acude Françoise para proponerle poner letra a ‘Comment te dire adieu’. Antes de marchar, el compositor dice que quiere presentarle otro tema: ‘L’anamour’. La cantante la edita y se convierten en grandes amigos. La versión femenina es dulce, potencia el misterio de la sencillez. Gainsbourg la retoma después y la hace más rabiosa y amarga, potencia su letra llena de retruécanos y sus silencios, sus redobles, sus wah-wah. Otro de sus preciosos regalos.

 

 

4. ‘Marilou sous la neige’ (“L’Homme à tête de chou”, Philips, 1976).
Tras el éxito del ‘Je t’aime…’, Gainsbourg está un poco de capa caída. Su historia de Melody Nelson, llena de canciones anticipadoras de parte de la estética de los setenta, no acaban de cuajar en el público. Y su continuación con “L’homme à tête de chou” tampoco. Se trata de un álbum narrativo en el que un cuarentón de vida licenciosa se enamora de una jovencita. Circunstancias de su vida y obsesión en sus temas de esos años. Pero el descenso a los infiernos al que va a abocar a su protagonista será especialmente cruel. Celoso, acaba matando a Marilou con un extintor y enterrando su cadáver bajo la espuma blanca de nieve carbónica. La creciente locura se hace más estremecedora con ese colchón orquestal y la exquisita melodía.

 

 

5. ‘La poupée qui fait’ (“Vu de l’extérieur”, Philips, 1973).
Es 1973. Serge Gainsbourg tiene 43 años y está en un momento de plenitud familiar impresionante. Ha sufrido hace poco una crisis cardíaca; pero por otra parte, tiene una hija de dos años y la relación con Jane Birkin es dulce. Serge está loco con Charlotte, y le compone alguna canción llena del contenido escatológico propio de los niños. Entre ellas, destaca por su ternura ‘La poupée qui fait’, una canción que expresa más de lo que está en su partitura. Aquí, el viejo canalla volcó el amor perfecto, desesperado y pleno que siempre había buscado entregar. Y tan importante como la interpretación es el vídeo con que se acompañaba, plagado de imágenes íntimas de los dos, de Jane y de Kate, la hija que ésta aportó al matrimonio. Imágenes que no se pueden mirar sin pudor. Imágenes de lo que ya no existe y que no se pueden mirar sin estremecerse.

 

 

6. ‘Yesterday yes a day’ (“Madame Claude”, Philips, 1977).
Como recuerdo de las bandas sonoras que Gainsburg asumió, la que probablemente es la mejor canción de todas ellas. El francés escribe ‘Yesterday yes a day’ para “Madame Claude”, la historia de la proxeneta que regentó la mayor red de prostitución de lujo de Europa, conectada también con los servicios secretos. La película es de una luminosidad brillante y flou a la vez —como en el cine erótico de la época — y el tema, cantado por Jane Birkin, se abre a un sonido cristalino, leves toques de sintetizador y unas cuerdas majestuosas. La voz de Jane Birkin no llega, desafina, se apaga; pero es tremendamente emocionante en su desamparo.

 

 

7. ‘La décadanse’ (single, Fontana, 1972).
De su trilogía de canciones eróticas, destaca por su calidad ‘La décadanse’, que no es sino un baile. En el vídeo se aprecia la forma de danzar, que no esconde más que otro de sus juegos sexuales que de nuevo llevó al escándalo. Un diálogo íntimo, mucho más romántico que el de ‘Je t’aime’ y menos pop que ‘69, anne erotique’, que crea una atmósfera especial, un entregarse de los amantes más cercano a lo que sucedía en otros vídeos. Únicamente apareció en single, y fue un fracaso comercial; sin embargo, pocas cosas hizo tan delicadas como esta.

 

 

8. ‘Aux armes et cætera’ (“Aux armes et cætera”, Universal, 1979).
Inteligente, visto que la decadencia puede empezar a afectarle y con una música que apunta parámetros distintos a los suyos, Gainsbourg decide reinventarse. Y escoge la senda del reggae. Bisoño en el estilo, contacta con Island Records, quienes le ofrecen músicos e ideas. Incluso van a grabar a Jamaica. Los músicos se lo toman todo a pitorreo, y Serge, para reconducir la situación, les pregunta si conocen alguna música francesa. Más risas. Uno de ellos dice ‘Je t’aime’, asienten los demás. Cuando Gainsbourg indica “es mía”, ya se los ha ganado. Pero en Francia esta versión de “La Marsellesa” —en que la garganta del cantante, macerada por el alcohol y el tabaco, no puede más que hablar— tiene problemas con los conservadores y los militares que afectan a su difusión y conciertos.

 

 

9. ‘Lemon incest’ (“Love on the Beat”, Mercury/Universal 1984).
Nuevo escándalo. En medio de su etapa de disco music, fascinado por lo que se hacía en Nueva York, se le ocurre cantar a dúo con su hija Charlotte un panegírico al incesto. Todavía lo arregla más en el vídeo con ambos en la cama. Necesitaba ser malévolo, necesitaba escandalizar. La canción, sin embargo, es de una pureza profunda. Está basada en el estudio número 3 en mi mayor de su maestro Chopin y si las palabras son golpes que acrecientan el escándalo—aunque no hay nada erótico en ella—, la música es de una ingenuidad, de un candor, que todavía hace a la canción más perversa por enfocar el incesto desde el amor, no desde la perversión. Cuanto más tierno, más transgresor.

 

 

10. ‘Poupée de cire, poupée de son’ (single, 1965).
Y para compensar, el momento álgido de su carrera. Nunca llegó tan alto la carrera de Serge Gainsbourg como cuando subió al escenario de Nápoles —el año anterior había ganado Gigliola Cinquetti— donde se celebró el festival de Eurovisión de 1965. Con ello Eurovisión, que no tenía nada que ver con lo que es ahora, se alió al público joven y a una forma nueva y más natural de cantar. Un gran escaparate para las nuevas canciones de los sesenta. France Gall representaba a Luxemburgo y apenas tenía 17 años; defendió la canción de forma magistral, con una interpretación juvenil y femenina. A pesar de ello, la orquesta protestó indignada porque decían que sonaba a ritmo de caballería. Y en la reinterpretación, ya ganadora, se observa como aceleran el ritmo como protesta. Los países francohablantes no le dieron ni un voto.

 

 

Bonus track: ‘Le mal interieur’, de Isabelle Adjani (“Pulla marine”, Philips Records, 1983).
Como muestra de composiciones ofrecidas por Gainsbourg a mujeres —aunque ya ha aparecido alguna, pero afines a momentos vitales del compositor—, podíamos abordar a Catherine Deneuve, Anna Karina o Brigitte Bardot, pero nos decantamos por esta maravilla destinada a la actriz Isabelle Adjani, de padre argelino y madre alemana. En 1983, escribe para ella el elepé “Pull marine”, en el que destaca la delicadeza, el exquisito y romántico trazado de ‘Le mal interieur’. La mirada de la actriz en el vídeo es la idea pura de tristeza.

 

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