“Scream Dracula Scream”, de Rocket from the Crypt

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OPERACIÓN RESCATE

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“En ‘Scream’ los vientos son huracanados y los estribillos rotundos, sin concesiones. ‘Lightning Fat Lip’ vuelve a golpear con furia y ‘Suit City’ guitarrea sin descanso con Speedo dejándose la garganta y el alma.

 

Fernando Ballesteros nos traslada a 1995 para conocer mejor el tercer disco de Rocket from the Crypt, “Scream Dracula Scream”, a su juicio el mejor trabajo que publicó la banda de San Diego.

 

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Rocket from the Crypt
“SCREAM DRACULA SCREAM”
INTERSCOPE, 1995

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

Es imposible hablar de un disco protagonizado por John Reis, por mucho que sea el mejor de su carrera (es el caso que nos ocupa), sin reivindicar el conjunto de una trayectoria muy difícil de igualar. Hablamos de un artista sobrado de carisma, clase y con una capacidad de trabajo casi legendaria. Ya sea dirigiendo una compañía, en su labor como locutor radiofónico o liderando bandas, el control de calidad nunca le ha fallado, y eso, créanme, tiene mérito, teniendo en cuenta sus múltiples asaltos con Hot Snakes, The Night Marchers, Drive Like Jehu, Pitchfork, Sultans o, por supuesto, los grandísimos Rocket from the Crypt.

La banda de San Diego, que había empezado a grabar al comienzo de los noventa, vivió un 95 mágico. Tras la salida al mercado de su segundo elepé “Circa Now”, las grandes compañías, que vivían en la búsqueda permanente de la próxima gallina de los huevos de oro de la independencia, se los rifaron. Y fue Interscope la que consiguió su objetivo, entre otras cosas porque con ella iban a tener libertad para editar singles en vinilo con pequeñas compañías, algo imprescindible para un grupo que ha lanzado más de cien referencias.

Y una vez contratados los chicos de Reis, alias Speedo, se pusieron manos a la obra. Un año grabando para registrar decenas y decenas de canciones que darían forma a tres títulos, el epé “The State of Art is Fire”, el elepé “Hot Charity”, que contó con corta tirada y que estuvo descatalogado durante años y “Scream Dracula Scream”, uno de los mejores discos de la década. Así, sin exageraciones.

Oficialmente era su primer elepé para Interscope, y se notó en los medios de los que disfrutaron. Para empezar, grabaron en los Gold Star Studios de Los Ángeles, un lugar que había acogido ya a artistas como los Beach Boys, Neil Young o el mismísimo Sinatra. Tenían el sitio y el dinero porque el sello puso a su disposición un generoso presupuesto y tiempo, sobre todo tiempo.

Aquellos dos meses iban a desembocar en el cuarto disco del sexteto, ya con la incorporación a la alineación del trompetista Jason “JC 2000”. El resultado era puro fuego, desde el comienzo –quizá deberíamos decir la explosión inicial– con ‘Middle’, un cañonazo de energía de un minuto que nos pone sobre aviso de la bestidalidad que va a llegar, nada menos que dos pelotazos del calibre de ‘Born in ‘69’ y ‘On a rope’, dos singles, guitarreros, pegadizos, para corear puño en alto.

 

 

Estas dos canciones y sus vídeos, por cierto, les granjearon cierta popularidad. MTV en Europa les dio cancha y hasta el NME se ocupó de ellos y los llenó de elogios. Todo aquello tuvo su repercusión comercial, ya que llegaron a situarse a las puertas del top ten de las listas británicas. El 96, además, les iba a dar la oportunidad de tocar ante grandes audiencias teloneando giras de grupos como Rancid, Foo Fighters o Soundgarden.

Pero su show, el que les valió el título honorífico de “mejor banda del mundo en directo” entre sus seguidores, lo daban al cien por cien en los conciertos en los que eran cabeza de cartel, con Speedo escupiendo fuego y la banda derrochando energía y presencia escénica. Rock and roll directo, sin concesiones, punk-rock con inspiración en lo mas killer de la década de los cincuenta.

El éxito masivo se resistió. Su sonido y su actitud no encajaban con la escena alternativa del momento. No eran, precisamente, un grupo para sonar en las college radios, no tenían nada que ver con el Grunge ni su resaca, ni con aquellos grupos contemporáneos y de bajo octanaje a los que también llamaron punk.

Aún así, “Scream Dracula Scream” fue un éxito y lo más cerca que han estado de dar el gran salto. Aquella aparición en las listas del Reino Unido es a lo que se debe referir el líder del grupo cuando dice que durante dos semanas si que sintió que el reconocimiento masivo podía llegar.

No lo hizo, entre otras cosas porque eran demasiado crudos. Y ellos tan contentos con lo logrado que no fue poco, la verdad. Lo normal cuando tienes una joya como esta bajo el brazo. Sus catorce cartuchos arrasan con todo, ‘Young Livers’ y esa chulería en la dicción del vocalista o ‘Drop out’ que capta en tres minutos buena parte de las virtudes del grupo, son pura crema y ‘Used’ se permite el lujo de dejar de pisar el acelerador para conquistar con sus bonitas armonías antes de continuar con la tormenta.

 

 

En ‘Scream’ los vientos son huracanados y los estribillos rotundos, sin concesiones. ‘Lightning Fat Lip’ vuelve a golpear con furia y ‘Suit City’ guitarrea sin descanso con Speedo dejándose la garganta y el alma.

‘Misbeaten’ es otro respiro que les sitúa más cerca de la melodía pop, antes del asalto final con ‘Come see come saw’ otro de los platos fuertes del disco, ‘Salt Future’ y ‘Burnt Alive’ un brillante colofón a tres cuartos de hora de genuino rock and roll, del de toda la vida.

 

 

En 1998, después de publicar “RFTC” rompieron con Interscope. Siguieron, editaron un espléndido “Group Sounds” y firmaron su defunción hace más de una década con el directo titulado de forma explícita “RIP”, que no ha sido tal porque John Reis no va a dejar de rockear nunca. Lo hará con distintos nombres y encabezando diferentes proyectos, pero seguro que siempre hay un hueco para Rocket from the Crypt.

 

 

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