Ricardo Vicente: Música y literatura como trastorno obsesivo compulsivo

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«¿Adictivo estar lejos de casa y tener una falsa libertad? Sí, yo creo que sí. Hay tantas cosas adictivas que hay que saber separar las buenas de las malas»

 

Ricardo Vicente (Tachenko, La Costa Brava y músico de Francisco Nixon) debuta en solitario con “¿Qué haces tan lejos de casa?”, una novela acompañada de canciones escritas expresamente para ella.

 

 

Texto: WILMA LORENZO (@wilma_lorenzo).

 

 

Ricardo Vicente (Tachenko, La Costa Brava y músico de Francisco Nixon) decidió hacer de sus dos pasiones una y contar una misma historia sirviéndose de dos formas diferentes de expresión: la música y la literatura. “¿Qué haces tan lejos de casa?” es un relato de las experiencias de Ricardo Vicente durante la gira de “El problema de los tres cuerpos” junto a Fran Nixon y The New Raemon; de la mano de la lírica y la ficción, alejándose así de la crónica para convertirse en novela. Doce capítulos acompañados por once canciones que dan forma al primer proyecto en solitario del artista, que nos introducen de lleno en su mundo interior y nos descubren el lado menos conocido de tres músicos en carretera.

“¿Qué haces tan lejos de casa?” se trata de un discolibro en el que canciones y capítulos forman parte de un todo. ¿En qué momento y por qué decides aunar música y literatura?
Realmente, si hablamos del libro y del disco concretamente, el momento en el que decido que las dos cosas vayan juntas fue cuando llevaba escritos tres capítulos de la novela. Fue entonces cuando se lo enseñé a Fran y a Ramón; y poco a poco fue surgiendo la idea de cuadrar los capítulos con canciones y hacer las canciones a propósito. Pero la música y la literatura es algo que va unido a toda mi trayectoria desde siempre. Hasta que no tengo la letra no puedo dar la canción por terminada. Así que a nivel biografía esa unión existe desde siempre.

¿Conocías algún proyecto similar?
Similar no. Una novela que es una crónica de una gira y que lleve música que no ha sonado en esa gira…. Seguramente habrá –soy muy cauto con estas cosas–, pero yo no conozco ninguno.

Normalmente, cuando topo con artistas multidisciplinares, suele ocurrir que se expresan artísticamente de una forma u otra dependiendo de lo que quieran comunicar. En tú caso no ocurre de esta manera sino que utilizas dos formas de expresión para comunicar lo mismo.
Es verdad que un artista plástico o gráfico se siente de alguna manera con un hándicap para poder expresarse de otra manera. En el prólogo, Agustín Fernández Mallo hace referencia a esa idea. Muchos artistas intentan hacer algo fuera de su ámbito y tienen una especie de fracaso intencional. El problema o la virtud es que lo más abstracto que hay son las palabras, porque estamos constantemente hablando. En mi caso, no me cuesta nada aunar esas dos cosas porque me muevo muy cómodo en la abstracción. Un pintor se siente incapaz de tocar el violín pero las palabras son tan abstractas que no generan, al menos en mi caso, ningún problema. Aunque claro, hay que saber unirlas.

¿En algún momento pensaste “por qué no seguiría escribiendo la novela sin más complicaciones”?
En la fase creativa en la que hacía capítulos o canciones, no. Esos problemas surgen pero te centras en solucionarlos. No me crean estrés, todo lo contrario, es una experiencia. En la fase posterior, sí. Por eso necesité ayuda. Yo no sé de gramaje de papel, encuadernado… por eso tuve que recurrir a gente que me ayudara a solucionar esos problemas.

Por este y otros motivos es tu primer proyecto en solitario pero no estás “solo”.
Sí, eso es. Honestamente yo no sé de colores, por ejemplo. No entiendo de eso, necesitaba a alguien que me ayudara para la portada. Igual que tipografías… Ahí si que ha habido momentos de “que alguien me ayude, por favor”.

Por ejemplo contando con Sebastián Otero para las ilustraciones. Pero en lo estrictamente musical también has estado bien rodeado. ¿Quiénes han sido tus principales apoyos?
La parte fundamental son dos personas. Una es Nahúm García, el productor. El trabajo ha sido fundamental con él. Estoy muy contento de cómo ha salido la producción y sobre todo de cómo nos hemos entendido de bien él y yo. Y la otra persona es Enrique Moreno, que es el batería con el que llevo trabajando desde hace veinte años…. Son las dos personas con las que más estrechamente he trabajado.

Continuando con ese vínculo entre música y literatura, ¿por qué doce capítulos y once canciones?
En un primer momento, pensando en el disco, no quería pasar de once canciones. Me parece que como formato once canciones ya es suficiente. Es el tiempo que yo pienso que debe ocupar un elepé. Eso me llevó a la idea de hacer once capítulos pero conforme avanzó la novela sentí la necesidad de hacer una pausa y abrir una especie de interludio, que sería el capítulo seis que no tiene su reflejo en forma de canción. Así que salieron doce porque lo necesité.

¿Recomiendas que este libro sea leído a la vez que es escuchado?
No recomiendo nada. Pero la idea es que la mayor parte de la gente que accede al libro generalmente ha escuchado canciones mías. No hay un manual, pero sí me interesa que accedan a ambos a la vez porque el disco y el libro forman parte de la misma cosa. No los entiendo por separado.

En “¿Qué haces tan lejos de casa?” hablas directamente de cómo te sientes o lo que piensas, ¿no crees que para ser tu primer proyecto en solitario supone mostrar mucho de ti?
Sí [risas], es verdad. Es mostrar demasiado. Esto es una cosa que vas aprendiendo con el tiempo. Tienes que dejar muy claro lo que quieres que quede o lo que quieres que te pregunten o cuál es el mensaje de tu obra. Eso suele ser una hoja de promo a partir de la cual dibujan una imagen o caricatura de ti. Si me esfuerzo y me exhibo demasiado corro un riesgo pero me aseguraré de que se ha entendido, si es que puedo ser entendido. Cuando vaya a una entrevista sabré por qué me preguntan y cuando esté en un concierto entenderé cómo tengo que mirar a la gente y qué ha entendido la gente. Yo necesito esa dialéctica y esa conexión, tiene riesgo pero para mí merece muchísimo la pena manejar la mayor información posible. Así que es un riesgo que tenía que correr.

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En el libro aparecen Ramón Rodríguez (The New Raemon) y Fran Nixon. Muestras parte de ellos… ¿sin lectura previa por su parte?
Sí, sí. De hecho, ellos solo leyeron los tres primeros capítulos antes de que empezara con el disco. Me dijeron dos cosas. Ramón me dijo: “Termínalo pronto”. Y Fran me dijo: “Escribe como si no tuvieras familia”. Los dos me estaban diciendo lo mismo [risas]: “nos gusta así y no tengas pudor ni te preocupes por lo que escribas”. Pero, claro, hay mucho que es ficción. Pero en la parte que no es ficción he sido totalmente libre.

Pasar de ser dos, tres o cinco a ser uno. Tú mismo. Y que todo el protagonismo recaiga en ti. ¿Cómo es?
Yo lo interpreto parecido pero de diferente manera. Pasar de ser dos, tres o cinco, no a ser yo mismo, sino a ser otro diferente. No espero encontrarme a mí mismo. Ahora soy una persona y después igual soy otra. Si me pusiera esa exigencia estaría más aterrorizado de lo que estoy ahora [risas]. Pero sí quiero ser otra persona artísticamente hablando.

Con “¿Qué haces tan lejos de casa?” además de dibujar una crónica del pasado,  pretendes dejar dibujada una crónica de futuro.
Sí, tiene que ver con lo de ser otra persona y es una respuesta a qué hay de ficción y qué no. Para mí en la vida hay un montón de cosas de ficción y si no lo aceptas te crees que te traiciona la vida. No, en la vida hay cosas que te las construyes tú mismo. Y yo quería que, ya que la vida es una construcción, mi obra fuera en parte una construcción de un futuro optimista.

Por otro lado hablamos de un estilo de vida que en el que la realidad puede llegar a superar la ficción.
Creo que sé por dónde vas. Se supone que si te dedicas a esto tienes anécdotas que superan la ficción. Pero yo no quería hacer un anecdotario porque además habría habido una separación muy fuerte entre el disco y el libro. No quería que se perdiera la parte lírica. He escondido muchas anécdotas, no por nada, sino por alejarme de la crónica y acercarme a la lírica.

Desde el título hasta los parones en tu carrera para descansar indican un agotamiento respecto a ese estilo de vida, sin embargo ¿no es adictivo?
Es absolutamente adictivo. Casi todo lo que se supone que hago bien es porque me lo tomo como una especie de trastorno obsesivo compulsivo. No me puedo dedicar a algo que no ocupe más tiempo del que debería en mi cabeza. ¿Adictivo estar lejos de casa y tener una falsa libertad? Sí, yo creo que sí. Hay tantas cosas adictivas que hay que saber separar las buenas de las malas.

Has afirmado que esto no es un experimento, esperas que continúe.
No es un experimento en el sentido de “ha salido y ya nunca más”. A mí me interesa trabajar mezclando cosas, pero ya veremos cómo sale todo. Pienso repetir la esencia. No solo porque me sienta cómodo o me sienta contento, sino porque creo que es un buen mecanismo para plantearme mi vida. Mezclar. Me sienta bien.

¿Y cuales son tus planes inmediatos?
Ahora voy por fases. Es muy importante la gira. Que funcione de aquí al verano. En verano supongo que tendré algunas fechas puntuales; y en octubre, que se cumple un año desde que empezó todo esto, pienso hacer una evaluación de cuál sería el siguiente paso. No sería muy honesto que te contara nada más porque no lo sé y me genera ansiedad poner objetivos más allá de un año.

Podéis consultar la gira de Ricardo Vicente en este enlace.

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