Punto de partida: Isa Cea (Triángulo de Amor Bizarro) y Serge Gainsbourg

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“Esa voz penetrante, de fumar como un carretero, la intensidad, lo brillante y lo vivo de todas sus canciones, me hacían saber que eso era algo muy importante, casi mágico”

 

La bajista y vocalista de Triángulo de Amor Bizarro, Isa Cea, escoge uno de los discos que marcaron su infancia —y su vida— de forma especial. Se trata del “Histoire de Melody Nelson”, de Serge Gainsbourg.

 

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Serge Gainsbourg
“Histoire de Melody Nelson”
PHILIPS RECORDS, 1971

 

Texto: ISA CEA.

 

Los fines de semana, antes de irse a trabajar, mi madre acostumbraba a levantarnos con alguno de los pocos discos que le habían quedado del divorcio, antes de que llegara la chica que nos cuidaba para torturarnos con Glenn Medeiros.

 

Recuerdo que con el de “Histoire de Melody Nelson” de Serge Gainsbourg me quedaba paralizada en la cama. Por supuesto, no entendía nada de lo que ese señor decía, pero esa voz penetrante, de fumar como un carretero, la intensidad, lo brillante y lo vivo de todas sus canciones, me hacían saber que eso era algo muy importante, casi mágico. Es un disco conceptual, que cuenta la historia de un señor que pilla, y que se pilla de una adolescente, Melody. La historia empieza con un ritmo sostenido con un bajo, que se va apoyando poco a poco en una grandiosa orquesta. Las canciones evocan una atmósfera de algo misterioso e inmoral, es un disco que te atrapa del principio hasta el final. Toda esa profundidad se sostenía en los alucinantes bajos de Herbie Flowers. Eso condicionó mi forma de escuchar la música, a partir de ahí buscaba los bajos en todas las canciones que escuchaba, y entendía sus estructuras.

Cuando empecé a tocar con Triángulo de Amor Bizarro, solo sabía tocar alguna chorrada en la guitarra, nunca nos gustó lo de hacer versiones y ahí coincidíamos plenamente. No nos interesaba lo de hacer hacer algo resultón, sino hacer algo para provocar. Si bueno o malo, ya cada uno.

Con Rodrigo dirigiendo la orquesta, yo solo tenía que centrarme en tocar el bajo. Pero claro, yo no podía compararme al mejor bajista del planeta, y a falta de virtuosismo, seguí explorando en bajos que me permitiesen seguir aguantando las canciones como ese disco me había enseñado (odio los bajos que no se oyen y que nos son importantes). Así que me fui a lo duro. Empecé a fijarme en los bajos de Motorhead o en los bucles infinitos de la Velvet, de los Pixies, Sonic Youth… que bien cumplían la condición de hacer que el bajo fuese bien potente y el soporte de toda la estructura.

Con los años me hice con muchos de los discos de Serge Gainsbourg, vi alguna de sus pelis y me leí un par de biografías. Como curiosidad, de pequeño, y durante la invasión nazi en París, vivió una semana en la rama de un árbol. Definitivamente es un artista muy importante en mi vida.

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