‘Penélope’ y otras nueve grandes canciones que compuso Augusto Algueró

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Un 16 de enero, concretamente el de 2011, murió el gran compositor Augusto Algueró, célebre por las grandes canciones que escribió para Nino Bravo (como ‘Te quiero, te quiero’ o ‘Noelia’, Joan Manuel Serrat (firmó la música de ‘Penélope’) o la inolvidable ‘Tómbola’ de Marisol. Un legado amplísimo que merece una revisión, de la que se ha encargado César Prieto con esta selección de diez de los grandes himnos del músico catalán.

 

Selección y texto: CÉSAR PRIETO.

 

1. Ana Belén: ‘Muy cerca de ti’.
Una debutante María Pilar Cuesta de trece años le pasa la mano por la cara a todas las chicas yeyé de 1965. Un prodigio de canción que representa lo mejor del compositor barcelonés. Algueró sabe extraer perfectamente el espíritu Beatle, la niña canta con una convicción efervescente y, sobre todo, tiene detrás a Los Shakers de Ricky Morales que la potencian con las guitarras y la suavizan con los coros. Puro mersey beat castizo que aprovecho Alaska y su tropa de Kaka de Lux para “Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón”.

 

 

2. Rocío Dúrcal: ‘Volver a verte’.
Vamos al otro extremo. Una escena melodramática de “Canción de Juventud” hace que la voz de Rocío Dúrcal estalle en llanto al final. Los de lágrima fácil mejor que no la vean. En este caso, Algueró tira por la balada italiana y la voz de Marieta lo borda, llenando de emoción una letra magistral de Antonio Guijarro. Dicen que era un señor elegante, educado y misterioso. No se sabe apenas nada de él, pero era capaz de crear emoción sin resultar cursi. Lástima de coro estudiantil, que estraga la interpretación. Con unas cuerdas leves estaría al nivel de “Moon River”.

 

 

3. Marisol: ‘Chiquitina’.
La tercera niña prodigio, y de nuevo cambio de tercio. Versátil, el maestro barcelonés se acoge a melodías castizas. De hecho, esta primera etapa de Pepa Flores explotó la canción tradicional hispana. Sirva de modelo “Chiquitina”, que abre “Tómbola”, con todo el sabor popular e incluso versos derivados de auténticas canciones infantiles. Simpática, en una producción que no es realmente de lo mejor del maestro. Como curiosidad intertextual, en “Marisol rumbo a Río” se recupera: la ya adolescente proclama que ahora es una “Muchachita”.

 

 

4. Bocaccio Soul.
Cerramos el apartado de bandas sonoras originales con una bestialidad. La incursión de Algueró en los sonidos negros no puede ser más excitante. Los vientos desmedidos, gritos a lo James Brown en la versión instrumental —la mejor, toneladas de Groove, “Soul Finger” total—. No debe de ser ajena la colaboración de Phil Trim en la banda sonora. Los Gritos hicieron una versión con letra que no desmerece, pero que no resulta tan explosiva. Curiosamente, en la calle de Balmes, cerca de Tuset —epicentro moderno en el 69 y eje de la película, “Tuset Street”— se encontraba la tienda de discos del insigne compositor barcelonés, abierta hasta hace poco tiempo.

 

 

5. La Lupe: ‘Estando contigo’.
Y seguimos con sonidos calientes. Las versiones hechas sobre canciones del mágico dúo son ingentes, desde los Shadows hasta disco music; pero, puestas en mano de La Lupe, queman. En 1971 la cantante llega a Madrid y graba en los estudios de Columbia un en parte insulso elepé  de repertorio español en el que destaca esta composición que había sido eurovisiva en la garganta de Conchita Bautista. Menos de dos minutos en los que se convierten en una especie de cumbiaguaracha y en los que da tiempo a cantarla completa, llenarlo todo de gritos y apelar con vibrantes y sonoros ánimos a Javier Vázquez, e histórico cubano, que es quien la dirige y quien le hace los arreglos.

 

 

6. Raphael: ‘Con las manos abiertas’.
Esporádicamente, Raphael aborda también composiciones de Algueró. En el 69, por ejemplo, estrena un ‘Te quiero, te quiero’ en un elepé en el que probó el camino con el que después triunfaría Nino Bravo en orquestaciones y coros. Situémonos cinco años antes. En un epé producido por Greg Segura —uno de los hermanos García Segura, que incluso son más prolíficos y exitosos que Algueró— introduce un bolero de este último en el que la garganta del cantante logra una mínima contención y aparece un punteo de guitarra eléctrica bastante efectivo.

 

 

7. Nino Bravo: ‘Mi tierra’.
Escondida tras las más célebres ‘América’ o ‘Libre’, ‘Mi tierra’ representa el tercer puntal de canciones de grandilocuencia chicletera. Escogida para representar a España en el Festival de Río de Janeiro del 72, se la aparto del primer premio gracias a un escandaloso tongo que el cantante siempre lamentó. Su estribillo es, desde luego festivalero: Algueró no fallaba una y su letra, un sentido homenaje a la geografía española, tiene un leve aire machadiano, o ese “polvo del camino” al que le canta, incluso de Serrat.

 

 

8. Los Brincos: ‘Esa mujer’.
Hasta ahora, todo han sido solistas, vamos a darle cancha a un grupo. En su último elepé Los Brincos acuden a Algueró para que produzca y haga los arreglos, quizás seducidos por la fuerza de “Tuset Street”. Dentro del batiburrillo sinfónico y progresivo, con unos Brincos a los que no se les dejaba crecer como a sus colegas anglosajones y a los que el público dio la espalda, destaca por extraña ‘Esa mujer’. Una balada que es un oasis, sostenida por una guitarra acústica y unas cuerdas que se desbordan al final. Hacen, simplemente, lo que tan bien sabían hacer: una soberbia canción.

 

 

9. Mari Trini: ‘El desamor’.
Experto en bandas sonoras, Pedro Masó le encarga a Algueró la de “Experiencia prematrimonial”, un aviso moral con leves apuntes de erotismo flou protagonizado por la bellísima Ornella Muti. Mari Trini recoge la canción de la película —también con mucho “flou”— y la convierte en un íntimo ejercicio de melancolía. Curiosidad: por única vez, que yo sepa, hay una conexión entre Algueró y otro grande: la producción del disco de Mari Trini es de Rafael Trabuchelli.

 

 

10. Joan Manuel Serrat: ‘Penélope’.
Augusto Algueró había escrito una música en 1969 con el objetivo de llevar una canción al Festival de Río de Janeiro. El mánager de Serrat se enteró y, espabilado como un diablo, enredó para que le pusiese letra y la interpretase Serrat. En ella, hace un retrato impecable de un amor que carcome y un recuerdo que lleva a la locura callada, cercana a las historias de la música ligera. La instrumentación la dota de una orquesta entre lo potente y lo melifluo que en vez de convertir en cursi la canción potencia el sentimiento sin dulcificarlo. Parecen incompatibles, de hecho cuentan que Serrat planteó cantarla con una partitura diferente que él mismo había compuesto y había maquetado, pero casan a la perfección. Tragedia homérica griega y romántico despojo a la vez. Estremecedora. Impresionante. No hay más palabras.

 

 

Bonus Track: El príncipe Gitano: ‘Beatnik’.
Siempre alegra el día concluir con un punto bizarro.  El príncipe gitano, que tantas alegrías nos ha dado cantando en inglés, se torna aquí un noble y devoto seguidor de Kerouak y esquiva a una chica que le acosa porque lo han de querer como un beatnik, sea lo que sea eso. Y claro que él mismo es beatnik. Lo demuestran bien a las claras las guitarras yeyés de base, que funcionaban de forma simpática en la interpretación hecha para Concha Velasco, pero que aquí son sublimes. Vamos, puro garajer umba en el camino.

 

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