Patxi Andión, diez canciones y un disco

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Javier Márquez se enfrenta a la extensa carrera de Patxi Andión y prepara una selección perfecta para el neófito: diez composiciones clave y un álbum para entrar en el universo del cantautor madrileño.

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

1. ‘La Jacinta’ (“Retratos”, 1969).
Esta es, sin más, la historia de una prostituta, temática en la que reincidirá el autor entroncando con ello con otros colegas de generación, que encontraban en la “profesión más antigua del mundo” un ámbito más de denuncia de la decadente y precaria sociedad española del momento. De hecho, la canción salió ‘del horno’ ya censurada, entendiendo el comité de marras que el español de bien no necesitaba recurrir al servicio de damas de lenocinio y que, por tanto, no había razón para cantar sus desventuras. En el terreno artístico, la canción pone ya en relieve lo que serán rasgos estilísticos habituales de Andión, tales como la sutileza de sus descripciones, el rítmico estribillo o el cuidado lenguaje. En el campo instrumental, por otro lado, se advierte una asimilación evidente de los juegos orquestales de la chanson francesa para marcar la emoción de la narración. En las grabaciones de estos primeros años el acordeón es un instrumento muy presente, un sonido bucólico que entronca con esa nostalgia del mar vasco que Andión no dejará nunca de sentir desde el Rastro madrileño. En su más reciente grabación en directo, ese sonido es sustituido y elegantemente evocado por el de la armónica.

 

 

2. ‘Rogelio’ (“Retratos”, 1969).
Una de las primeras grabaciones de Andión pone de manifiesto la complejidad del análisis de su obra. Lo que a priori pudiera solventarse con la afirmación de ser un mero retrato del devenir de dos vagabundos resulta, con un análisis más detallado, en una pieza compleja en su planteamiento, narrada en primera persona, con una primera parte evocativa y una segunda de conclusión moral, como bien apunta Luis García Gil en la reciente biografía del cantautor. Basta echar un vistazo a la interpretación televisiva del tema para advertir la clara influencia de Jacques Brel y la chanson en el músico madrileño. Como en tantas otras de sus creaciones nos encontramos ante una canción cargada de desencanto y amargura, con dos amigos que sueñan con la felicidad y, al alcanzarla uno de ellos, olvida y desdeña al eterno camarada. Esta canción de larga duración (seis minutos) fue elegida para cerrar el popular programa radiofónico “El gran musical”, y estaba Andión en mitad de la interpretación cuando el noticiario obligó a cortar. José María Íñigo dijo que eso no podía ser y que volviera a la semana siguiente. Así lo hizo Andión, y debido a la larga duración del tema volvió a ocurrir lo mismo. Y una tercera vez fue convocado. Tres semanas seguidas cantando ‘Rogelio’ en “El gran musical”: aquello ubicó a Patxi Andión en el panorama nacional.

 

 

3. ‘Samaritana’ (“Once canciones entre paréntesis”, 1971).
Reincide Andión con esta pieza en el tema del ‘amor en venta’, de la soledad, de las mujeres convertidas en cuasi solidarios auxilios del hombre errante, con evidente referencia bíblica a la mujer de Samaria de vida casi tan dudosa como la de María Magdalena, pero de cuyas manos aceptó Jesucristo un poco de agua para recuperar el resuello. El texto de Patxi Andión lo revalida como un exquisito retratista de situaciones, capaz de transmitir ambientes y emociones con un inteligente y sutil empleo del lenguaje. Y si en el caso de ‘La Jacinta’ se trataba de un fresco más rural, en este caso entramos de lleno en un ambiente aún más frío y descarnado, urbano por necesidad, con una emoción y una ternuras amargas y contenidas en esos versos que anticipan el final: “Me diste agua, me hiciste café… yo no recuerdo ya ni si te pagué”.

 

 

4. ‘20 aniversario’ (“Once canciones entre paréntesis”, 1971).
Este vals lírico compuesto con apenas 24 años desvela una doliente y sobrecogedora capacidad de Andión para retratar la monotonía del amor, la convivencia entre dos personas a las que, tras dos décadas juntos, mantienen unidos y vivos la rutina, la necesidad de seguridad y, también y a pesar de todo, los rescoldos de la pasión de antaño. La construcción melódica resulta impecable y el recitado cobrará aún mayor relevancia dos décadas después cuando el autor vuelva a grabar la canción en 1998 para el álbum “Nunca, nadie”. Sin lugar a dudas una de las joyas del cancionero de Andión, que fue inicialmente grabada por Massiel.

 

 

5. ‘Con toda la mar detrás’ (“Palabra por palabra”, 1972).
Esta pieza es otra muestra de la extraordinaria sensibilidad de un muy joven Patxi Andión para narrar episodios muy duros, con una pesada carga de amargura. En este caso se trata del naufragio de un barco de pescadores, grupo del que solo uno sobrevivió, consumido por la culpa y el alcohol. Es esta probablemente la canción más destacable de las muchas que el compositor dedicó a la mar como hogar y destino, así como a los hombres que se ganan la vida, y se la juegan, en ella. Además, su talento como cronista costumbrista cobra mayor relevancia con esta historia real, la del Virgen de Begoña, que naufragó en la bahía de San Sebastián durante un temporal. Tal y como cuenta la canción, el piloto iba borracho y sus compañeros lo ataron a un palo para impedir que cayera por la borda. Una infame ironía quiso que todos perecieran salvo él.

 

 

6. ‘Padre’ (“Palabra por palabra”, 1972).
Un sentido homenaje a su progenitor, hombre culto, comprometido y de valores sencillos, para el que Andión recurre a diversos elementos marineros en la construcción de un tema de progresión lírica e instrumental, con una emoción cada vez más lacerante. Esta es una de las muchas composiciones que ejemplifican cómo el autor, a pesar de su recia presencia física, su voz rasposa y la impulsiva imagen que solía desprender en sus papeles dramáticos, escondía un alma sensible e intimista, capaz de declaraciones de amor tan estremecedoras como esta a la figura del padre. Irónicamente, poco después de la publicación de esta canción, Francisco Andión Vara caería enfermo para fallecer al poco tiempo.

 

 

7. ‘Una, dos y tres’ (“A donde el agua”, 1973).
Cuenta el propio Patxi Andión que el famoso estribillo de esta canción se lo ‘facilitó’ una anticuaria, ya de amanecida, que abría su tienda en Las Galerías Piquer cuando el cantautor volvía a su estudio de El Rastro guitarra en ristre. No lejos de allí vio el joven una silla en la basura, rota, pero pensó que podía serle de utilidad, así que se la echó al hombro, y mientras se alejaba, escuchó decir a la mujer: “Una dos y tres, lo que usted no quiera para el Rastro es”. Estamos ante una de las grandes creaciones de su autor, tan sutil en su grandeza como la mayoría de sus obras mayores. En algo más de tres minutos el cantautor es rapaz de retratar con viveza y color el ambiente del popular mercadillo madrileño, desde la descripción de su gente y su ambiente hasta la propia jerga de los vendedores y las típicas situaciones de regateo con los clientes. La construcción musical de la canción no hace sino reforzar ese fresco, con un desarrollo en apariencia caótico y desmadejado que parece evocar las voces y el ajetreo en uno de esos placenteros paseos por este mercadillo imprescindible de domingo.

 

 

8. ‘El maestro’ (“A donde el agua”, 1973).
No es difícil encontrar en internet vídeos de esta canción acompañando a escenas de la película “La lengua de las mariposas”, de José Luis Cuerda, en la que Fernando Fernán Gómez lleva a cabo una homérica encarnación de un sencillo maestro de pueblo, figura fundamental en miles de pueblos de la geografía española en esos años en los que la educación y la cultura, cuando llegaba, lo hacían bajo la atenta mirada de las pistolas. La composición es un sentido homenaje y canto de agradecimiento a aquellos hombres que hacían de sus alumnos casi unos hijos más, y que, en muchos casos, no temían nombrar a los ‘innombrables’, para luchar así, desde modesta pero inmensa aportación, contra el manto de olvido y silencio que pretendían imponer “los Vencedores”. Melancólica, sentida, enérgica en su versión original más por rabia del autor que por necesidad del canto, la narración concluye como años después lo hará la película: con el exilio obligado del maestro.

 

 

9. ‘Amor primero’ (“Amor primero”, 1983).
Con esta canción, que daba título también al álbum, se precipita el comienzo del fin de aquella etapa musical de Patxi Andión. Sus trabajos para el cine y el teatro (arrollador su éxito como Che Guevara en el musical “Evita”, en 1981, junto a Paloma San Basilio) y su agitada vida social (como su boda con la miss Universo Amparo Muñoz) parecían empujar la barca de este autor hacia una popularidad que poco parecía compartir con el espíritu que venía reflejando en sus canciones. El del 83 fue un trabajo en el que la discográfica influyó lo suyo para dulcificar a la estrella, hacerla más agradable y accesible, hasta el punto de arroparlo nada menos que por Mocedades (en pleno furor del ‘Amor de hombre’) para grabar la canción que ocupa este epígrafe. La esencia del estilo Andión sigue intacta, aunque con una entrega a la nostalgia sin concesiones, muy en la línea del cine y la música de aquellos años, evocando los días de las primeras miradas y sonrisas sonrojantes, de los primeros besos y las primeras caricias. Una canción muy de la época, muy Andión en el texto y con la sombra de Juan Carlos Calderón (es decir, Mocedades), sobre los arreglos musicales y vocales. El combinado fue un éxito: número uno en España y Latinoamérica. Una faena para Patxi Andión, porque su siguiente paquete de canciones, en su línea habitual, puso los pelos de punta a la discográfica, que esperaba un “Amor primero, parte segunda”. Pero el cantautor no estaba por venderse al mejor postor. Hay que apuntar que la revisión del tema en el directo de 2014, “Cuatro días de mayo”, donde las armonías vocales —magistrales por otro lado— de Mocedades son sustituidas por el grito bronco y roto de Andión, dotan a la canción de una nueva vida, una nueva concepción menos afectada por los arreglos de los 80.

 

 

10. ‘María en el corazón’ (“Porvenir”, 2010).
Tras “Amor primero”, Andión grabó en 1986 el desigual “El balcón abierto” (donde destacaban sobre todo adaptaciones de autores italianos, como en ‘General’ o ‘Si yo fuera mujer’), y con él se despidió de una escena musical, y especialmente una industria, en la que no se sentía nada cómodo. En 1998 volvió para regrabar algunos de sus éxitos en “Nunca nadie”, y no volveríamos a saber de él hasta transcurrir otra década, cuando en 2010 presentó esa joya de intimismo y reflexión que es “Porvenir”. El álbum se abría con el tema que nos ocupa, canción llamada a pervivir como una de las imprescindibles de su autor. Casi cinco minutos para narrar un apasionado y efímero romance que, en realidad, ni siquiera llega a existir. Dos metros se detienen en una estación de Madrid (la de San Bernardo, para ser exactos), y dos desconocidos intercambian miradas. Y durante ese tiempo en el que los vagones están uno junto al otro, transcurre toda una vida, todo un mundo de posibilidades, para esas dos personas que conectan. Hasta que “Silbó el metro y de repente / lo que no empezó, acababa…”. Elegante y sutil en su construcción musical, y extremadamente exquisita en la narrativa, resulta una canción fascinante, que apuntala la maestría de su autor como compositor de retratos cotidianos.

 

 

Bonus track: El disco “Cuatro días de mayo” (2014).
Se trata del único registro en directo de Patxi Andión, grabado en cuatro escenarios diferentes de Portugal, país en el que el cantautor siempre ha gozado de una gran popularidad. Lejos de ser una mera compilación de grandes éxitos, este disco presenta una revisión muy interesante de buena parte de sus imprescindibles (incluye, entre otros, ocho de los títulos de esta lista), con dos nuevos aportes que les hacen ganar puntos en todos los casos. Por un lado, una instrumentación sutil que encamina el recital hacia senderos de melancolía, sentimiento que impregna buena parte de las canciones, con un protagonismo destacable de la armónica como acompañamiento habitual de las guitarras. Por otro lado, la voz del autor, con 64 años en el momento de las grabaciones, ha cobrado un encanta especial al volverse más ronca y profunda, tan tosca como lo son en ocasiones sus personajes retratados; imperfecta incluso, en ocasiones, consiguiendo con ello subrayar aún más la vulnerabilidad y sensibilidad de esas creaciones. Vienen a la mente con ello las imperfectas voces de madurez de Chavela Vargas o Kris Kristofferson y un efecto similar de honestidad y cercanía hacia el oyente. En definitiva, este disco es una muy buena elección para acercarse al Patxi Andión de hoy, a la espera —confiemos en que pronto— de su próximo disco.

 

 

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