Operación Rescate: Moncho Alpuente y Los Kwai

Autor:

moncho-alpuente-01-10-09

Moncho Alpuente y Los Kwai
«Souvenir»
MOVIEPLAY, 1980

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

El binomio pop/humor rara vez casa satisfactoriamente, tal vez porque la humorística sea una de las disciplinas musicales más complejas de llevar a buen puerto. Caer en el chiste fácil es sencillo (¿y quién se ríe de un chiste cuando lo ha escuchado más de dos veces?), y extremadamente difícil resolver canciones cáusticas, divertidas, mordaces y perdurables, de aquellas que uno pueda escuchar cuando le plazca sin pensar que la broma solo tuvo gracia hace diez años y durante cinco minutos. Desde luego que hay magos del humor musical que para esto de enhebrar gracia y pericia son unos maestros; a la cabeza, en el ámbito castellano, podríamos situar a Les Luthiers, a Javier Krahe y, cómo no, a Moncho Alpuente. Este periodista y mucho más (escritor, autor teatral, director de cine, letrista, tertuliano radiofónico, animador televisivo…), tiene una rara habilidad para transformarse en encomiable cantautor rijoso.

A él le debemos una de las mejores formaciones ácidas que por aquí hemos tenido, la Desde Santurce a Bilbao Blues Band, que allá por los primeros setenta se atrevía con todo. Recién estrenada la década de los ochenta, Alpuente se descolgó con este «Souvenir» preñado de excelentes canciones y grandes ideas. Un disco estupendo, para el que se rodeó de músicos bregados como Jean Pierre Torlois y Alberto Gambino: uno mano derecha y el otro izquierda, que la garganta ya la ponía Alpuente.

Como si de un recorrido por los géneros populares se tratase (por aquí desfilan son, gospel, rock, ska o tumbao) se van desgranando divertidas historias en homenaje a Carolina de Mónaco (‘Carolina querida’), nada veladas indirectas a la pareja Víctor y Ana y otros progres del montón (‘La experiencia comunal’); estratosféricas alabanzas anticlericales (‘Ese cura’); alegatos antipoliciales (‘Nocturno berlinés’); e incluso un recuerdo a esos días aciagos en los que llegas a casa y donde vivía una señora solo queda una braga olvidada —entre las camisetas de uno, para más señas— (‘Adiós muñeca’, con ambiente jazzístico y de intriga, como corresponde a una canción con título de novela de Raymond Chandler). Una obra, como se puede ver, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, algo así como un catálogo de estados (de ánimo y sociales), con propiedades adictivas y terapéuticas (ver que alguien está peor que uno mismo siempre resulta de lo más saludable). Desgraciadamente Alpuente se prodiga poco en esto de la canción.

Para vergüenza general y solaz personal, «Souvenir» solo lo compramos cuatro y no ha tenido ni siquiera la fortuna de verse reeditado en cedé.

[Texto publicado originalmente en EFE EME 15, de febrero de 2000]

 

Anterior entrega de Operación Rescate: Extremoduro.

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