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New York Land: Homenaje al rey

Texto de publicado el 21 ene, 2012 en la categoría New York Land, Revista

“Tengo para mí que a Bambino no le perdonan que hable de un país proscrito. Que suyo fuera el trueno en las gasolineras. Que ejerciera como ídolo de los bares de camioneros”

Julio Valdeón Blanco, desde Nueva York, y a propósito del descomunal Bambino, se pregunta cómo es posible que en España se trate tan mal la obra de creadores históricos monumentales: las ediciones integrales, por aquí, son toda una rareza.

 

 

Una sección de JULIO VALDEÓN BLANCO.

 
Vuelvo de España con el libro sobre Peret del maestro Puchades bajo el brazo. Leo y aprendo de un texto monumental, trabajado en carne viva. Pienso, como siempre, que España es madre caníbal. Aplaude a condición de que el artista haya expirado. Cuando triunfas, te entierro. Si palmas, acaso te entregue un diploma. El repaso a tantas injusticias, monsergas y falsos golpes de pecho, el que titanes como Peret no tengan la integral que merecen, ulula en mi cabecita mientras busco droga dura en alguna de las maltrechas tiendas de discos que sobreviven en Manhattan. De vuelta al apartamento, con el agradecido recuerdo de las fabulosas cajas dedicadas a Mississippi John Hurt, B.B. King, Big Joe Turner, Memphis Minnie o Charley Patton, todas necesarias, todas estupendas, pincho melancólico aquellas “Canciones de amor prohibido”, doble CD recopilatorio que en 1998 BMG publicó en honor a Bambino. Un buen disco, cuarenta cortes, pero insuficiente. Sin anotar los músicos o las fechas. Con un texto entusiasta aunque anoréxico.

El caso del blues y el flamenco, de los negros y los gitanos, bien merece una reflexión. Ambos fueron un rayo de luz cuando lo que se escuchaba en sus respectivos países era pura nadería. Cantaron con las tripas. Pusieron en pie un repertorio con mimbres de acero, sobre el que luego se levantaría lo mejor que se haya hecho en sus respectivos países. Hablaban de penas, desarraigo, tiempos oscuros. También derrochaban alegría, en noches de farra y fósforos calientes para alumbrar los catres fríos y el puchero vacío. Copularon con la modernidad y parieron hijos como el rock and roll. Otros, más listos, harían dinero explotando una fórmula ancestral, que venía de África o de las ventas del camino que conducen a Jerez de la Frontera. Comprendo que muchos de los jóvenes afroamericanos contemplen con recelo la música de sus bisabuelos. Que vean en el blues un lamento que huele a miseria y los encasilla. Claro que lamento que en su mayoría se hayan entregado a las palomitas inanes y a la puerilidad, al vídeo Disney, a un r&b que ni tiene ritmo ni es blues ni na. Al menos disponemos de box-sets lustrosas, estudios rigurosos, vídeos y grabaciones restauradas. Algo similar ocurre con el flamenco, si bien en el tránsito hacia la modernidad hemos cometido terribles injusticias. Una de las peores atañe a Bambino.

Hablamos de un gigante. Un torbellino cuyo inmarchitable duende debiera de adorarse en cada casa. Su exasperada forma de meter por bulerías la ranchera, el bolero o el cuplé no ha sido ni será igualada. Si nuestro país fuera normal habría festivales recordándolo, premios con su nombre, un centro de estudios y hasta una fundación. En realidad lo aplauden cuatro. Tecleen su nombre en Amazon o iTunes. Apenas encontrarán un puñado de discos. El magnífico que le grabó Gonzalo García Pelayo en 1986. El citado recopilatorio. Una mierda de homenaje bienintencionado y feble. Buena parte de su producción permanece inédita. Enmohecida en los archivos de las discográficas. Carne de vinilo mil veces rayado que si tienes (mucha) suerte encontrarás por los mercadillos. Material de casete podrida, olvidada en la guantera de coches que ya ni siquiera disponen del correspondiente cacharro para que suene. Sumergido como una suerte de Atlántida de la que nadie excepto los fieles, sus leales, parece acordarse. ¿Por qué?

Tengo para mí que a Bambino no le perdonan que hable de un país proscrito. Que suyo fuera el trueno en las gasolineras. Que ejerciera como ídolo de los bares de camioneros. Cantaor sin demagogia de un tiempo marginal, pobre, de clubes sospechosos, golfos, de tablaos donde abrevaban los señoritos del régimen. Un príncipe gitano cuyo ritmo revolucionario era idéntico al de los más grandes y que con la llegada de la democracia, por culpa de las modas, tan caprichosas, se quedó antiguo. De Falete al mejor Sabina (“19 días y 500 noches”), del sabor que destilan las viejas cintas de Almodóvar a la herencia venenosa de los hermanos Amador, del regreso de la copla al triunfo de Niña Pastori, los cantes mestizos de Miguel Poveda o el regreso de la gran María Jiménez, la única que en puridad podría reclamar la sucesión del cetro, aunque a distancia, ojo, por no hablar de herederos light como los Chichos, Chunguitos, etc., su sombra ha sido nutricia y rica. Muchos bebieron y aprendieron del caño fulgurante de Bambino. Sin embargo, pasados trece años de su muerte, seguimos sin disponer del conjunto de sus cantes. Condenados los fanáticos a rebuscar en cajones de saldos y ferias de coleccionismo. Que, como en el caso de Gardel, canta cada día mejor, lo sabe quien lo escucha. Ni admite imitaciones ni perdona a quien lo sigue: los que se prenden de su cuajo, los envenenados por su compás, elegancia y pureza, pasan a formar parte de una secta exclusiva. Que vibra, llora y ríe mientras el gitano largo y fino como un junco le canta al lado turbio del corazón, a los rincones fatales del alma.

País con poca producción de malditos, acaso sea Bambino, si seguimos las enseñanzas de Umbral, el equivalente no racionalizado de Lorca por guitarra flamenca, aquel que sin saberlo o pretenderlo conjuraba poderes ocultos, ensombrecidos, en unas canciones que en boca de otros rezuman merengue (pienso, sin ir más lejos, en ‘Tu me acostumbraste’, una invitación directa a cortarse las venas a mordiscos cuando la vomitan fantoches como Luis Miguel o Andrea Bocelli). Su tono, el de Bambino, crepita borracho de timbres eléctricos. Su violencia era siempre medida. Su fuerza nunca eclipsó el pellizco. Proyectaba en sus historias, las que tomaba de otros y las que le escribían, un conocimiento de primera mano. Fruto de una vida exagerada. Que rozaba el histrionismo sin soltar la brida y revelaba la problemática de una existencia desdoblada, en la que de forma inevitable resonaba la pena de la condición sexual oculta. La gallardía de reivindicarse a pesar de unas penosas circunstancias históricas. La chulería de quien por derecho podría definirse como el Little Richard hispano si el hermano de Macon, Georgia, hubiera compaginado los palos festeros con ese sentimiento, no ya dramático sino trágico, que hace de Bambino un artista único. Primo hermano, para entendernos, de Billie Holiday.

Espero la llegada de un documental que según me comentan voces autorizadas tiene muy buena pinta. Fantaseo desde hace tiempo con la posibilidad de escribirle una biografía. Aplaudo el coraje del portal de internet que Rafael Alfaro y Benito González le han erigido (www.rinconambino.com), la estatua que levantaron en Utrera, el estupendo libro de Santiago González Sacristán (“La fiesta infinita”). No logro evitar el mordisco de la envidia cuando repaso los cofres que en EE.UU. han dedicado a sus pioneros, la certidumbre de que es el nuestro un país caníbal, especialista en amnesias. Capaz de que el Jacques Brel flamenco, cruce entre Frasquita, su madre, y Chavela Vargas, antecedente de Camarón, mil veces más fiero, visceral y lustroso que Raphael y demás pálidos imitadores, siga ejerciendo como convidado de piedra, verso proscrito en la historia de nuestra música.

Faltan dos años para que se cumpla el cincuenta aniversario de su debut, un volcánico conjunto de grabaciones soberanas (entre otras ‘Bambino, piccolino’, ‘El poeta lloró’, ‘Pobre del pobre’, ‘Cuando el destino’, ‘Tu volverás’, ‘Plegaria a Consolación de Utrera’, ‘Cuando nadie te quiera’, ‘Qué manera de perder’ o ‘Plegaria de un fracaso’) repletas de quiebros monumentales, esculpidas con la madurez precoz que distingue al genio. Para variar, para romper la maldita costumbre de hostiar o silenciar a quienes en realidad merecen éxtasis (y en esta categoría entran desde las Vainica Doble al ya citado Peret, Moris o Burning, o sea, que se trata de un desastre no necesariamente ligado al flamenco: quiero decir, metidos en vergonzantes olvidos somos heterodoxos y plurales), para redimirnos de una descortesía inaudita, digo, bien haríamos en reclamar que Bambino, criatura improbable y magnífica a la que rindo pleitesía desde un rincón del Harlem hispano, reciba justa recompensa. No discursos o entorchados póstumos, que poco harán ya por el ánimo de quien murió pobre y en casa de su hermana, un cinco de mayo de 1999, sino al lanzamiento, de una vez, del conjunto de su obra. Para que los niños, y sus mayores, sepan quien cantó como nadie a José Alfredo, Cuco Sánchez, Alfonso Carlos Santisteban, J. Ruiz Venegas, Salvador Tavora, Armando Manzanero (madre mía que revisión la de ‘Adoro’) o Manuel Alejandro. Para que el personal comprenda, al fin, cómo se mata y muere por rumba flamenca. Porque si como explicó Manuel Vázquez Montalbán el justo término medio será siempre injusto, hay que romperse la camisa y gritar que, fuera del cante jondo, Bambino es el cantante más original, inspirado y certero que haya surgido en España, junto a Peret, en el último medio siglo. Ya vale de jalear medianías mientras el rey, el que traía terciopelo y acero en la garganta, sigue en el limbo. ¡Viva Bambino, coño!

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Anterior entrega de New York Land: Luces y sombras de los directos en NY.

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8 respuestas para “New York Land: Homenaje al rey”

  1. benito dice:

    me ha encantado el articulo gracias bambino siempre

  2. Gonzalo García-Pelayo dice:

    Gracias. A Valdeón (que recuerda en su magnífico artículo a Mississippi John Hurt), a carneham y a Adrián. A Santiago también.
    Hice el disco con mucha ilusión como lo cuento en el documental de Mauri, que espero veamos pronto.
    Qué buena reunión recordando a Bambino, a Enrique Melchor y hasta a Gato. Espero que Marcos Ordoñez lea todo esto.

  3. santiago gonzález sacristán dice:

    Soy Santiago González Sacristán, autor de la biografía de Bambino titulada “La Fiesta Infinita: Bambino (1940-1999)”. Me gustaría hacer un breve comentario sin adjetivos al artículo de Julio Valdeón que encabeza estas líneas, con tres consideraciones y un epílogo. A saber:
    1 – La obra musical del utrerano engancha como una droga, si lo sabré yo que le he dedicado más de diez años de mi vida y lo que te rondaré morena.
    2 – Miguel Vargas está muy alejado de países proscritos y de homenajes a la fuerza. Fue un gitano que cantó lo que había mamado, que hizo del cante su forma de vida y que vivió como le dio la gana. Murió con el dinero en el bolsillo que no le había dado tiempo a derrochar. Era un gitano del XIX trasplantado al XX como señalo en mi libro. Y si no recibe más homenajes es porque su música desafortunadamente no se vende hoy como debiera. Es un problema de sensibilidad y de cultura. Los antropófagos son de otra latitud. Sus grabaciones, 168 temas, ni uno más ni uno menos, estará íntegra en las tiendas cuando sea negocio para la editora que se arriesgue.
    3 – Te animo, Julio Valdeón, perdona el inciso pero tienes nombre y apellidos de un gran medievalista, a que cambies la fantasía por una biografía de Miguel que competiría con la mía. Desde ya estoy a tu disposición para lo que quieras, documentación, ánimos, debates, puestas en común, mesas redondas o cuadradas, lo que sea. ¿Estás seguro de que habrá un documental?
    Epílogo: Me permito dejar para los interesados un enlace con mi blog en el que informo, además de mis inquietudes literarias, de las novedades sobre la figura de Bambino. En la última entrada hablé del nombramiento al cantaor de Hijo Predilecto de Utrera a Título Póstumo. Sigo felicitándome por su concesión. Nuestro trabajo nos costó. Aquí va el enlace: El blog de Santiago González Sacristán
    Enhorabuena por el artículo. Un cordial saludo.

  4. carneham dice:

    Hace una semana escuchaba a Chacho, Gato Pérez (uno que sabía que gitanitos y morenos son los amos del compás), Antonio González y Bambino, y pensaba en muchas de las cosas que señala con acierto Julio Valdeón (cuyas crónicas leamos muchos, muchos años, pues están trufadas de pasión, amenidad y conocimiento). Completamente de acuerdo en la incuria y la falta de respeto para los artistas -dignos de tal nombre- en España, pero eso es consustancial al país. ¡Y luego dicen del chauvinismo francés, mil veces preferible al desinterés y la mediocridad reinantes aquí por doquier! Hace poco escribía sobre Brel y le comparaba en un escenario con Mina, Camarón, el Van Morrison de 1973 y Bambino ¡palabras mayores!

    Qué el disco producido por el ” nuncasuficientementebienponderado” Gonzalo García Pelayo (con el recientemente fallecido Enrique de Melchor, entre otros músicos) es una de las verdaderas obras maestras de la música popular, y no solo española, es una verdad incontestable para cualquiera que lo haya escuchado (afortunadamente poseo una copia en vinilo que guardo como oro en paño).

    Y tres deseos:

    1) Declarar 2012 como año de la reivindicación de Bambino (primero tomaremos España, luego tomaremos el mundo).

    2) ¿Donde están nuestros Guralnick, Marsh, Hoskyns, Saka……? Menos complejos y un poco más de respeto y justicia para quién se lo merece. Un día, algún anglosajón (con perdón) o francés escribirá sin mucho fundamento sobre los monstruos -más o menos flamencos- y será un pelotazo. Así que le pido al Sr. Valdeón que se anime y escriba esa biografía. La inmensa minoría se lo agradeceremos.

    3) “No hay nada más poético que todas las transiciones, todas las mezclas heterogéneas” (Hölderlin). Nunca es tarde para recuperar la obra de los músicos que valen la pena, del género que sean ¡Ojalá les toque pronto el turno a Sergio Endrigo, Léo Ferré, Gino Paoli, Michel Legrand, Mickey Newbury, Remigi Palmero, Geraint Watkins, y tantos y tantos talentos semiocultos e infravalorados!

  5. En mi casa también sonó el gran Bambino. Hace tiempo pasé todos los vinilos que tengo a CD y la primera canción que sonó fue Te tengo que queré, de un LP del año 77, sin título y, por supuesto, no reeditado en CD.
    Agradezco y comparto las palabras de este artículo. Es una pena que en este pais se hagan antologías de otros artistas que no llegan a la suela del zapato a Miguel Vargas. Ojalá Leonard Chess (no había visto todavia la película Cadillac Records) hubiera conocido a Bambino cuando empezaba ahora sería un artista de culto, no voy a decir como Etta James pero, al menos, todos sus trabajos en vinilo hubieran sido editados como se merece a uno de los artistas más grandes que ha dado la música universal.
    Salu-os bambineros
    Curro del Realejo
    Pd. Que recuerdos con las cintas de Bambino sonando a todo trapo desde un seat 127 por las calles de Madrid. Disfrutad mientras podais que nadie se lleva nada.

  6. Adrian Vogel dice:

    Hace poco más de dos años compré un doble CD + DVD de Universal/RTVE que está muy bien: “Bambino Artista de Artistas”. El repertorio original pertenece ahora a Sony (los originales eran de Fábrica de Discos Columbia, luego BMG). Era una oferta porque la edición original se editó con motivo del 10º aniversario de su muerte. Y supongo que los 40 cortes del doble CD serán los mismo que los de “Canciones de Amor Prohibido”.

    Conocí la obra de Bambino, en los 70, gracias a Gonzalo García Pelayo (como casi todo el flamenco y derivados). Gracias a Gonzalo tuve la oportunidad de bucear en las profundidades de grandes artistas jondos y festejos.

  7. p. dice:

    Qué buen artículo. Y ojalá el autor escriba la biografía a la que hace referencia. Si fuese la mitad de interesante que la recién publicada de Peret la música española estaría de enhorabuena…

  8. Tuareg dice:

    Increíble: me he levantado, me he duchado y mientras me duchaba me ha dado por tararear “La pared”. Y eso que hacía tiempo que no oía a Bambino.

    Y mientras me tomo un café me pongo a leer Efe Eme y aparece un artículo sobre el rumbero de Utrera.

    Todo apunta que hoy sonará Bambino en mi casa, después de tanto tiempo.

Los comentarios están cerrados.

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