Músicos en la sombra: Osvi Grecco, del rock al tango

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«Con Ariel, cuando él está haciendo el solo de guitarra, tiene que haber otra guitarra que suene como la que grabó él, tiene que sonar a él. Eso al principio me costó, yo lo tocaba con mi onda, pero me di cuenta que en esos momentos puntuales tenía que hacer de Ariel»

Al argentino Osvi Grecco lo conocen los seguidores del rock español por ser el guitarrista de la banda de Ariel Rot, pero también ha tocado con Luz Casal, Miguel Ríos o Ana Belén. Arancha Moreno lo entrevista en su recorrido semanal por los «músicos en la sombra».

 

Una sección de: ARANCHA MORENO.
Fotos: MARTA PICH.

 

Viajó de su Rosario natal a Buenos Aires, y de Argentina a España, de la misma manera que pasó del rock al tango. Osvi Grecco se crió entre bandoneones, pero pronto escogió la guitarra como medio de expresión y de vida. Desde entonces, el argentino ha formado parte de las bandas de Luz Casal, Ana Belén, Miguel Ríos y Ariel Rot, entre otros. Y al final, el camino le llevó hasta el punto de partida: ha vuelto a interesarse por la música que sonaba en su casa de niño. En los últimos años ha producido dos discos de tangos de Marcela Ferrari, y ha aprendido a expresarse en ese lenguaje, en el que continúa trabajando. Ahora está terminando Composición en el Conservatorio de Segovia, y trata de recuperarse de una fractura de muñeca, que le está impidiendo tocar desde hace un par de meses. Nos encontramos a mediodía, en una terraza cerca de Moncloa.

 

Llevas muchos años subido a los escenarios, pero apenas hay pinceladas sobre ti en la red.
No estoy muy acostumbrado a hacer entrevistas, habré hecho dos en toda mi vida. Hay información en el Myspace de Gran Jefe, una de mis bandas, pero ni siquiera la he puesto yo. Me tiro mucho tiempo sin entrar en las redes sociales, no he tenido más trabajo por tener un Facebook o un Myspace.

¿No utilizas las redes sociales como foco de trabajo?
No. Mola, porque conoces gente de otros sitios, pero en mi caso sale más por los años que llevo. Al final es siempre el contacto con la gente. Por eso no me gusta cambiar tanto de trabajo. Si me gusta, prefiero quedarme y aguantar todo lo posible.

¿Eres de proyectos largos?
Sí, con Luz [Casal] he estado siete años, con Ana Belén ocho… Con Ariel [Rot] llevo ya doce años. Es mejor, ya lo conoces todo, te da posibilidades de desarrollar algo, un sonido. A la hora de grabar pasa lo mismo, es por contactos. Grabar casi me gusta más que tocar. Siempre tienes más posibilidades si tocas otros instrumentos de cuerda, además de la guitarra.

¿Qué otros instrumentos tocas tú?
El ukelele, la guitarra portuguesa, el charango y el requinto. También mucha guitarra clásica, eso me ayuda bastante. Si no te llaman por una cosa, te llaman por otra.

Creo que, hasta ahora, la mayoría de los músicos a los que les he preguntado, prefieren los directos a las grabaciones.
A mí me encanta grabar. También leo música, y es un punto más. Durante mucho tiempo grabé guitarras para publicidad, y ahí un segundo es oro: en media hora tienes que solucionar un anuncio de un minuto, el mismo en la versión de treinta segundos y otro en la versión de diez segundos.

¿Funcionar a contrarreloj te ha hecho más versátil?
Sí, eso es algo que da la experiencia. Lo importante es que no te vayas sin haber conseguido lo que el tipo quería, para que te vuelva a llamar [risas].

He leído que vienes de familia de músicos.
En mi casa eran todos músicos: mi madre era acordeonista y mi padre bandoneonista, tocaba tangos. Había una escuela de música en mi casa. Las primeras cosas las aprendí con mi padre, pero como no le hacía mucho caso, me mandaron a otro sitio.

¿Empezaste interesándote por la guitarra?
Primero me pusieron a tocar el piano, que se supone que es el instrumento más completo que hay, pero no había manera, era un sufrimiento, una obligación. Hasta que cogí la guitarra y dejó de ser una obligación. La obligación después es tuya, de desarrollarte y ser buen instrumentista.

¿Hasta donde uno se exija, entonces?
Exacto, lo que no significa que vayas a tener éxito como músico. Es una cosa personal, saber que haces las cosas lo mejor que puedes, pero eso no te asegura nada. Estudiar te ayuda, porque sabes hacer cosas que otros músicos no pueden hacer, pero al final el éxito se lo llevan los que no han estudiado [risas].

Creciendo en una casa en la que sonaban tantos tangos, ¿te interesó ese género?
Al principio no. Mi padre lo intentó, toqué alguna vez con él, pero era la época de Led Zeppelin, de los Beatles, de los Rolling Stones, y no había otra música para mí. Me perdí algunas cosas, me encantaría saber tocar el bandoneón y en su momento no le hice caso. Es un instrumento muy difícil, si no lo pillas desde jovencito es imposible tocar. Ahora, cuando me puse con los tangos de Marcela Ferrari, pensé que iba a necesitar a alguien que me ayudase, pero me sorprendí a mi mismo: me salió la onda del tango.

Quizá se quedaron en tu subconsciente esos “posos” que viviste en casa.
Puede ser. También el tango se actualizó, con Piazzola, que incorporó elementos de rock en el tango: sintetizadores, guitarras eléctricas… Ahí hubo un momento en el que estuve con el tango, y ahora otra vez. Además, el tango no lo oía solo en casa, en Argentina se oye en todas partes: en el taxi, los anuncios se hacen con tangos…

Pero tú seguiste por el rock.
Claro, me hice guitarrista, y en aquel momento no había mucha guitarra en el tango, aunque en los primeros tangos de Gardel sí había guitarra. Yo iba a los solos de Jimmy Page, George Harrison… Me tenían alucinado. No me arrepiento de haber elegido eso, pero me hubiera gustado seguir con el tango también. El clásico nunca lo dejé, por ejemplo. Me gusta mucho.

Te mudaste de Rosario a Buenos Aires, ¿empezaste a tocar allí?
Sí, me mudé el mismo día del golpe militar de Videla, en el 76. Estuve allí diez años. Allí estuve en dos bandas, tenía diecisiete años, era demasiado crío todavía. Grabé un par de discos con una de ellas, Púrpura, con Polygram. Entonces se grababan los discos en los estudios de las discográficas. Luego hubo desbandada, el bajista se vino a España, y detrás vine yo.

“Estudiar te ayuda, porque sabes hacer cosas que otros músicos no pueden hacer, pero al final el éxito se lo llevan los que no han estudiado”

¿Por qué viniste a España?
Aquello era un desastre. Llevábamos dos años de democracia, pero era muy complicado, estaban prohibidas las reuniones… Mi padre ya había venido a España a tocar a un restaurante argentino, y me encontré con él aquí. Empecé a trabajar en orquestas de baile, algo de lo que mucha gente se arrepiente, pero yo no. Estuve tres o cuatro años en los que viví en un montón de sitios. Allí donde había trabajo, me iba: Benidorm, Lanzarote, Zaragoza… Luego me vine a Madrid, y por contactos salió tocar con Luz Casal, después Ana Belén, Miguel Ríos, Ariel…

¿Cuál fue para ti la época dorada?
Hubo trabajos que me gustó mucho hacer. El año que más trabajé fue con Luz Casal, en el 90 o así, hicimos más de cien conciertos. Me encantó tocar con Jorge Drexler, hicimos tres o cuatro conciertos nada más, cuando el disco “Frontera” (1999). Me gustó mucho tocar con Miguel Ríos, hice una gira con su Big Band y otra más rockera. También trabajé con Jose Antonio Ramos, un timplista que hacía música folclórica canaria. Grabé cuatro discos con él, era un tipo genial, la música era buenísima, pero fue un trabajo que hice poco, como el de Jorge. Me hubiese quedado con los dos haciendo siempre eso.

¿Te gustaban esos dos proyectos?
Sí, y su dedicación a su música: cómo enfocan un concierto en directo, cómo hacen que trabajes su música. Jorge es muy metódico… Ariel también, es un tipo muy ocupado y preocupado de su música, y a mí me gusta eso.

¿Te dan la oportunidad de desarrollar tu sonido?
Sí, además ellos son inquietos, van cambiando las cosas, y eso cuando estás trabajando con alguien se agradece. Es difícil sacarlo, porque cada artista tiene su estilo y eso es inamovible, pero se trabaja, se habla, se prueba hasta qué instrumentos vas a utilizar. Es un trabajo muy creativo.

En aquella primera época formaste parte de grandes giras. ¿Cómo se vivía siendo músico de directo de grandes producciones?
La más grande fue la de Serrat, Victor Manuel y Ana Belén, fue la más poderosa en cuanto a infraestructura. A la hora de tocar era fenomenal, éramos una banda enorme: metales, tres guitarras, dos teclistas, percusión, tres coros… Todos buenos músicos. Fue la primera vez que tocaba con Serrat. Creo que fue lo último de ese estilo, y no sé si lo único. Pero me sigo quedando con las otras cosas, y con Ariel: una música genial, mucho desenfado.

Llevas con Ariel Rot desde el 2000. ¿Habíais hecho algo antes?
Ya nos conocíamos, habíamos hecho canciones para un disco que se llamaba “Palabra de guitarra”. Cada uno eligió un tema para tocar, solo valía tocar guitarra. Ariel hizo un blues, y yo hice ‘Bycicle race’, de Queen. Le conocí cuando lo presentamos en directo, en el Festival de Guitarra de Córdoba. Toqué mi canción con Pedro Andrea y Ariel, fue la primera vez que toqué con él. Al tiempo me llamó porque no tenía guitarrista. Me presenté previo casting y me volvió a llamar. Empezamos en Mallorca en un garito, tocamos dos días para rodar un poco.

Así que desde entonces formas parte de esa familia. Por duración, ya lo sois, ¿no?
Sí, llevamos tanto tiempo… Mac [Hernández] es el que menos lleva, y aun así lleva un montón de años. Funciona bien la banda, todo el mundo sabe lo que va a tocar el otro y lo que quiere Ariel.

¿En qué suele incidir más Ariel, cuando os pide cosas?
Es muy particular. Ariel oye todo a la vez, mientras está tocando y cantando. Está con la oreja puesta en todos los instrumentos, tiene una capacidad alucinante. No todos conseguimos eso. Pide detalles, cómo tocar la batería, que el bombo no haga mucho bombo… Se crea un diálogo, y se prueba. Y si lo de antes era mejor, volvemos a eso, y nadie se siente mal.

¿Qué supone ser el segundo guitarrista de uno de los mejores guitarristas del país?
Está muy bien. Es interesante, porque hay momentos en los que tengo que hacer de Ariel, y eso me llevó un tiempo. Yo he grabado guitarra con Ariel en un disco nada más, en “Ahora piden tu cabeza”, en los discos anteriores y posteriores Ariel graba todas las guitarras. Y en directo, cuando él está haciendo el solo de guitarra, tiene que haber otra guitarra que suene como la que grabó él, tiene que sonar a él. Eso al principio me costó, yo lo tocaba con mi onda, pero me di cuenta que en esos momentos puntuales tenía que hacer de Ariel, y en otros momentos ser yo. Con la primera gira llevaba una Gibson, y llegamos a la conclusión de que tenía que llevar una Fender para parecerme más a su sonido. Ahora lo tengo controladísimo, sé cuando tengo que ser Ariel y cuando tengo que ser yo.

Vives en un desdoblamiento continuo.
Sí, ¡además sé que me está escuchando! [Risas] Y eso es una presión terrible.

Eso es lo bueno y lo malo de trabajar con un buen músico.
Sí, ante todo es un buen músico. Creo que su virtuosismo es el buen gusto: cómo elige las frases, los solos, los arreglos… Creo que su punto máximo es el buen gusto. Es mejor saber callarse algunas veces que estar todo el tiempo tocando, algo que muchos músicos aún no han aprendido, y eso Ariel lo tiene clarísimo. Y yo también, por eso nos va bien.

En estos últimos años, ¿en qué otros proyectos has trabajado?
Como proyecto mío, los discos de “Tangos propios” con Marcela Ferrari. El primer disco llevó mucho tiempo, hubo que investigar. Me iba saliendo pero fue un proceso bastante largo. El segundo disco fue un poco más corto.

Tienes un estudio, El Agujero Molinero. ¿Los grabásteis allí?
Del primer disco hicimos muchas voces, pianos, guitarras… Casi todo, menos violín y chelo. Fue un disco muy artesanal, el segundo está más tocado, lo grabamos en dos días y es fresco, como si fuera un concierto. No tenemos compañía discográfica, ni editorial. No porque no queramos, no ha surgido. Mucha gente se cargó el sistema natural del disco: que alguien te lo saque, te haga la promoción y que todo el mundo gane. Se cargaron una cosa tan fácil, y se tiende a autoproducirse.

Entonces, ¿vas a seguir por las dos sendas, la del rock y el tango?
Sí, en el último disco de Luis Pastor, que hice la producción, me aproveché de todo lo que descubrí en el tango: utilicé el ukelele, toqué el piano…

El piano que odiabas de niño… La vida es un círculo.
Exactamente. Ahora estoy terminando Composición en el Conservatorio de Segovia y es obligatorio estudiar piano. Pero esta vez sé que esa obligación es necesaria, ir creciendo y no quedarse en lo mismo.

Llevar treinta años tocando y volver a pasar por la escuela para perfeccionar y aprender es muy meritorio.
Sí, mi trabajo me cuesta. Yo tengo compañeros en el conservatorio de 16 años, de 20… Ellos tienen todas las neuronas frescas, saben cómo enfrentarse a un texto, yo lo tenía olvidadísimo y me cuesta. No tengo el mismo tiempo que ellos, tengo otras obligaciones… Además, acabé en Segovia porque no me dejaron entrar en el de Madrid por mi edad.

¿Hay una edad límite para entrar en el Conservatorio de Madrid?
No debería haberla, pero sí es cierto que estás ocupando una plaza que podría utilizar un joven con un futuro más prometedor. Los conservatorios no están hechos para músicos con experiencia. Hay cosas de las que podrías eximirte, como el trabajo de música de cámara, que es conjunto instrumental. Yo vivo haciendo conjunto instrumental, se trata de escuchar a los demás.

Y eso llevas haciéndolo toda la vida.
Claro, aprender a oír esas sutilezas que ya sé, y son tres años de esa asignatura que tengo que hacer. Pero bueno, ¡no me van a ganar! Estoy pensando en lo próximo: a lo mejor hacer el superior de jazz en Salamanca…

Ahora te falta recuperarte de la lesión de muñeca que tienes.
Sí, me rompí la muñeca, el radio. Fue un palo porque no he podido cursar el último trimestre. Me operaron bien, tengo un buen rehabilitador, que es guitarrista, además… No puedo tocar, pero en casa ya empecé, como parte de la rehabilitación. Pero duele muchísimo.

La última, ¿también trabajas como compositor?
¡Uff! Me gusta componer para una canción de alguien, hacer los arreglos, inventarme lo que tiene que tocar el instrumentista. Creo que estoy componiendo haciendo ese tipo de trabajos, en el disco de Luis Pastor hay introducciones con melodías que no existían, las inventé yo. ¡A lo mejor componer es lo próximo! Aunque creo que me interesan más otras cosas.

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