Maud The Moth, transpirando sensibilidad

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“El papel de mujer orquesta tiene su límite, y muchas ideas simplemente no funcionan desde la intimidad”

 

Amaya López-Carromero, rara vis en una escena poco dada a prospecciones en la onda de Tori Amos, Julia Holter o Kate Bush, presenta este mes en nuestros escenarios The inner wasteland, su notable segundo álbum.

 

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

 

 

No hay muchos proyectos en el ámbito de la música independiente española como Maud The Moth. Partícipe de un clasicismo con cierta vis de actualidad, que podría ser pariente de Julia Holter, Tori Amos, Kate Bush e incluso nuestra Maria Coma, tramado con elegancia y sutileza, es la suya una marca emergente tras la que se oculta el talento de la madrileña Amaya López-Carromero. Ella es quien guía con pulso firme los pasos del proyecto, al mando de un piano y una de esas voces prácticamente intransferibles, de las que no se permutan. Gestado en un principio como un ente unipersonal, debutó hace cinco años con “Home futile home” (autoeditado, 2011), pero es el reciente –y notable– “The inner wastelands” (autoeditado, 2015) el álbum que está llamado a situar a Maud The Moth en el mapa de las propuestas más prometedoras y sugestivas de nuestro país. El que demanda a gritos que se les preste atención. Un disco en cuya nómina, prácticamente foránea, figuran Helena Sköld al violín, Sebastian Freij al chelo, Rob Coe al contrabajo y Crispin Anderson a la batería y masterización, que se llevó a cabo en Gotemburgo (Suecia). Lo presentarán en directo este mismo mes de abril: el 14 en Madrid (Funhouse), el 15 en Valencia (Deluxe Pop Club) y el 16 en Barcelona (Apolo, junto a Obsidian Kingdom).

“Tori Amos y muchas otras compositoras que se salen de cualquier género y han sabido reinventar la clásica y el jazz son grandes influencias para mi a la hora de escribir canciones, y actualmente creo que le doy más importancia a los arreglos: en concreto Julia Holter, con su último disco, ha sido un auténtico descubrimiento para mí y mi actual banda”, confiesa Amaya al respecto de las influencias apuntadas. Paralelismos que sirven para encuadrar ante el neófito un discurso que “sucede tras una óptica de irrealidad y fantasía, motivo por el cual nunca me planteé llamar este proyecto por mi nombre real, sino basado en la idea de crear un personaje imaginario tras el cual esconderme y mutar, incluyendo a todos los músicos con los que he tenido la suerte de contar como banda”. El proyecto sentó sus bases en Madrid hace seis años como inciativa unipersonal, pero su formación se ha asentado en los últimos tiempos en torno al trío que forma Amaya con Paul González y Szymon Podborączyński, gestado nade menos que desde su actual residencia en Escocia: “El papel de mujer orquesta tiene su límite, y muchas ideas simplemente no funcionan desde la intimidad, así que desde que vivo en Edimburgo, donde conocí a Paul y a Szymon hace cosa de un año, hemos logrado formar una banda bastante sólida que espero que dure mucho tiempo, ya que hay bastante trabajo detrás de todo proceso de adaptación mutua”, recalca.

 

 

El carácter cinemático y acentuadamente evocador de sus canciones tiene su porqué, ya que visualizan las canciones “como escenarios e historias; algunas han sido usadas para cortos”, y afronta el reto de traducirse al escenario con las particularidades del directo: “Me gusta la idea de tratar cada canción como un ser vivo, o una historia que cambia según quien la cuente, y escarbar para extraer la esencia”, esgrime. Y es lógico que así sea, sobre todo asumiendo que “The inner wastelands” se grabó antes de conocer a su banda actual: “Ha sido un proceso de reinvención, adaptación y ensayo/error bastante largo hasta llegar a la situación en la que estamos ahora, que es la que presentamos en esta gira”.

 

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