“Mars needs guitars”, de Hoodoo Gurus

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“Un disco que tocaba el rock and roll en todos sus palos, siempre con energía y especial buen tino a la hora de buscar el gancho melódico”

 

Fernando Ballesteros nos habla del segundo disco de Hoodoo Gurus, el trabajo que empezó a consolidar la propuesta de los australianos Dave Faulkner (vocalista y guitarrista), Richard Grossman (bajo), Mark Kingsmill (batería) y Brad Shepherd (guitarra, voces y armónica).

 

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Hoodoo Gurus
“Mars needs guitars”
ELEKTRA, 1985

 

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

 

En 1985, no solo Marte, la Tierra también estaba necesitada de guitarras y en Australia nunca han faltado grupos dispuestos a suministrarnos una buena ración de ellas. De Sidney llegaban los Hoodoo Gurus, alumnos aventajados en eso de darle a las seis cuerdas y firmar canciones rotundas. “Stonage Romeos” había sido un más que notable debut, pero con “Mars needs guitars” ponían la primera piedra de una excelente trilogía que les consolidó como punta de lanza entre la oferta que nos llegó de las Antípodas a finales de los ochenta.

Con Brad Shepherd y Dave Faulkner al comando, el bajo de Clyde Bramley y un Mark Kingsmill que había reemplazado a James Baker a las baquetas, los Gurus se fueron a los estudios Trafalgar para alumbrar una espléndida colección de canciones, con Charles Fisher a los mandos.

Lo primero que llamaba la atención y marcaba distancias con su predecesor era la variedad. Los meses anteriores habían sido fructíferos, los chicos se habían pateado los escenarios de medio mundo y habían absorbido influencias aquí y allá, y una vez pasadas por su tamiz, daban como resultado un espléndido lote de canciones con personalidad propia. Con mucha personalidad, por cierto. Algo muy australiano es ofrecer un resultado distinto, con un sello especial cuando los ingredientes son, en principio, los mismos que se utlizan en otras latitudes. No pregunten los motivos, porque los desconozco, pero siempre ha habido algo diferente en los grupos que nos han alegrado la vida desde el otro lado del mundo.

Había mucho potencial en este disco, desde el comienzo con ese medio tiempo de ‘Bittersweet’ lanzado como single, que mostraba la cara más reposada del grupo. Canciones como esta (y su acogida en mercados como el americano) confirmaban que estábamos ante lo más exportable del rock genuinamente australiano.

 

 

En “Mars needs guitars” había mucha tela que cortar, y momentos que incluso les emparentaba –de lejos – con los grupos coetáneos que comenzaban a despuntar en Estados Unidos bajo la etiqueta de “Nuevo Rock Americano”.

‘Death defying’ y ‘The other side of paradise’ son buenos ejemplos de estribillos infalibles y poso de rock clásico; ‘Hayride to hell’ destila aromas country y ‘Like wow-wipeout’ nos sumerge de lleno en el lado más surfero y divertido de la banda.

 

 

Este era, en definitiva, un disco que tocaba el rock and roll en todos sus palos, siempre con energía y especial buen tino a la hora de buscar el gancho melódico. Si algo se habían dejado por el camino eran sus arrebatos más furiosos y ese lado más cercano al garage punk de sus inicios que había cedido protagonismo al lado más pop de Faulkner y Shepherd.

Y si había ambición en el sonido plasmado en el disco, en sus letras tampoco se conformaban con el aprobado. Con mayor o menor fortuna, estos “aussies” siempre han ido a por nota, y en ese empeño el humor ha jugado un papel importante. Sus textos, divertidos e irónicos, eran adornados con frecuencia por referencias a películas y al mundo de la serie B. Y no hay que buscar mucho, porque el mismo título del disco ya era un guiño a “Mars needs women”, una de esas películas de ciencia ficción a las que tan aficionados eran.

El disco y el reconocimiento obtenido puso más focos apuntando a Hoodoo Gurus. Era inevitable redoblar los esfuerzos a la hora de defenderlo sobre las tablas. Por eso tras su publicación se embarcaron en una gira europea, otra por Estados Unidos, y varios conciertos como teloneros de las célebres Bangles, con las que trabaron una amistad que se plasmaría en colaboraciones en discos posteriores como ‘Blow your cool’ y ‘Magnum cum louder’ que no bajaron un ápice el listón aquí superado.

Y la historia, con varios hiatos prolongados, llega hasta hoy. Los escenarios siguen siendo testigos de los directos de unos tíos que acumulan cientos de conciertos a sus espaldas, y el día menos pensando, o eso esperamos algunos, Shepherd y Faulkner se lían la manta a la cabeza y se meten en un estudio. Y vuelven a dar en la diana con varias raciones de tres minutos, como aquellas que nos ofrecían cuando más necesitábamos sus guitarras.

 

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: “Regeneration”, de Roy Orbison.

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