Mañana inauguramos una nueva sección, «El oro y el fango»

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«Esta sección será como la vida pero enfocando hacia la música popular, donde el oro (casi siempre vulgar oropel) refulge con intensidad y donde el fango se torna cruento»

Con Darío Vico de baja, Juan Puchades toma el testigo de las columnas de opinión de los viernes inaugurando mañana «El oro y el fango», que él mismo se encarga de presentar.

 

 

Texto: JUAN PUCHADES.
Ilustración: BORJA CUÉLLAR.

 

 

 

«Un día rock y un día tango,
como el oro y el fango»
Ariel Rot.

Como Darío Vico anda un poco apurado últimamente, servidor toma el relevo en el espacio de opinión de los viernes, por lo menos hasta el regreso del maestro atlético. Darío y yo nacimos el mismo año, por tanto pertenecemos a la misma generación, tenemos un sentido bastante similar y desprejuiciado de aproximarnos a la música, gustos sonoros relativamente parecidos, un humor coincidente en lo absurdo y pare usted de contar. Él es infinitamente más provocador, seguramente más rockero, aunque a veces se haga el despistado, y bastante más «aventurero» sonoro. Desde luego, enormemente más futbolero e hípico; yo en absoluto. A él le gustan los comentarios de los lectores bastante más que a mí (de ahí que en esta serie vayan a permanecer cerrados). Así que dejemos claro que aunque haya puntos concordantes, no somos el mismo.

Espero, en todo caso, que Darío regrese pronto a este espacio porque produce vértigo el solo hecho de pensar en cumplir todos los viernes con las entregas (ya puedo disculparme por las semanas fallidas, que las habrá). Las ocasiones en las que he pensado en mantener un blog, afortunadamente han sido escasas, y la nube de la enajenación pasajera. Sin embargo confieso que pensé en un título para él, «Cenizas en el aire», como el mejor disco y una de las más emocionantes canciones de Ariel Rot. Menos mal que hace unos meses me sentí liberado: mi amiga Arancha Moreno rotuló así su blog en Popes80.com, ¡sin título, ya tenía una buena excusa para no caer en la trampa bloguera!

Aunque esta sección no será un blog, más bien una columna de opinión, su genérico obvio sería precisamente ese, «Cenizas en el aire», tan sugerente, tan importante para mí por razones que no vienen al caso. Como no puede serlo, pensé en el cancionero de Rot (abro paréntesis, que últimamente me apetece repetirlo en voz alta: hace unos meses tuve la «revelación»: Ariel Rot, en solitario, ha grabado los mejores discos de rock español de los últimos quince años. Opinión completamente personal, por lo tanto subjetiva y nada discutible. Fin del paréntesis) y no hubo que buscar mucho, recordé ‘El oro y el fango’. Ácido tema en maqueta que se recuperó para la caja «Etiqueta negra» y que, unos años antes, fue uno de los posibles títulos que barajamos para el libro de conversaciones «Sin vuelta atrás» (no es publicidad, de hecho rogaría a quién esté pensando en adquirirlo que no lo haga: hace tiempo dejamos de percibir las liquidaciones correspondientes por derechos de autor. A ver si un día nos animamos, lo ampliamos y lo ponemos de nuevo en la calle… con otra editorial) y que en los últimos tiempos regresa con frecuencia a mi cabeza (quizá por padecer a tanto tarado que cree vivir en el oro, cuando el fango le llega hasta las pestañas y, por mucho que lo intente, jamás saldrá de él), tanto que creo firmemente que ese tendría que haber sido el nombre del libro, diáfano y rotundo. Así que poco resta por explicar, «El oro y el fango» será el título de este espacio que arrancará mañana mismo y que Borja Cuéllar tendrá a bien ilustrar.

Y es que todos pasamos del oro al fango con rapidez: estamos eufóricos y una llamada de teléfono nos fastidia la fiesta; caminamos erguidos y, en un segundo, nos vemos despatarrados en el suelo y con una extremidad maltrecha; nuestras perspectivas económicas, en un giro inesperado se tornan halagüeñas y, ¡alehop!, veinticuatro horas después, de cantar victoria pasamos a lamernos las heridas pues perdemos la mitad de nuestros seguros y habituales ingresos, así que regresamos a la casilla de salida; confiamos abierta y sinceramente en alguien, y, en lo que tarda un relámpago en romper el cielo, descubrimos, ¡una vez más!, lo crudo y decepcionante de la condición humana; vuelves a casa tras un memorable almuerzo en el que tus jefes te han hecho creer que estás tocando el cielo con los dedos y cambiamos traje por ropas ajadas con las que ponernos a limpiar el baño, que si no lo haces tú, nadie lo hará por ti… Así es nuestra existencia y así pretende ser esta sección, como la vida pero enfocando hacia la música popular, donde el oro (casi siempre vulgar oropel) refulge con intensidad y donde el fango se torna cruento.

Por último, comentar que lamento que tengan que soportarme, soy el primero que desea leer a Darío cuanto antes. Por cierto, amigo, tú andarás bajo de forma, pero yo estoy escribiendo con una mano, que el brazo izquierdo lo tengo escayolado. ¡Ya te vale!

Mañana, más.

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