“Los nobles salvajes”, de Coppel

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DISCOS

“Este esqueleto de banda consigue dotar de empaque a las buenas canciones a las que Íñigo nos tiene acostumbrados”

 

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Coppel
“Los nobles salvajes”
AUTOEDITADO

 

TEXTO: EDUARDO IZQUIERDO.

 

 

Coppel no es un cantautor al uso, aunque reúne todos los condicionantes para considerarlo así si estuviéramos en Estados Unidos, por ejemplo. Porque su propuesta está muy, muy cerca de la del songwriter yanqui. Él disfruta de los blues hablados, del ‘fingerpicking’ y de la insurgencia más de lo que la mayoría de sus congéneres patrios de estilo. Y es que el vasco ha conseguido eso tan difícil que todo músico persigue: una identidad propia, me atrevería afirmar que reconocible desde que arrancan los acordes de cualquiera de sus canciones y se acompaña de su habitual y particular fraseo. Servidor, eso sí, lo prefiere acompañado de una buena banda detrás, por lo que el anuncio de que su próximo disco iba a contar con una instrumentación mínima me dejó bastante frío. Hasta su escucha, eso sí.

Bajo la batuta de la producción de José Nortes se agolpan el propio Coppel para encargarse de voz, guitarra y armónica, Manu Clavijo al violín y Jairo Martín al piano. Nada más. Y nada menos. Porque desde esa desnudez, este esqueleto de banda consigue dotar de empaque a las buenas canciones a las que Íñigo nos tiene acostumbrados. Porque esta especie de Phil Ochs nacional que confiesa haber descubierto el rock and roll viendo a Michael J.Fox tocando bailando ‘Johnny B. Goode’ en “Regreso al Futuro” para que Dylan y su ‘The lonesome death of Hattie Carroll’ acabaran cambiándole la vida, es ante todo un cancionista espléndido. Da igual si envuelve sus magníficas y originales letras en chanson francesa (‘14 de enero (Caminando como James Cagney pero desnudo)’, en folk medieval (‘Íñigo Coppel viaja al siglo XVII y se une a los piratas de Libertalia’) o en music hall (‘La balada de Edu el rata’). Sale airoso y vencedor en todas las batallas. Pocos pueden afirmar lo mismo.

 

 

Anterior crítica de discos: “Maratón de baile”, de Los Ginkas.

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