Los diez mandamientos de Rosendo

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rosendo-08-01-18

Josemi Valle acepta el reto de seleccionar diez canciones totémicas de los treinta y tres años de discografía en solitario de Rosendo, desde su debut “Loco por incordiar” (1985).

 

Selección y texto: JOSEMI VALLE.

 

Cuando escribo este texto sobre las diez grandes canciones de Rosendo compruebo que han pasado treinta y dos años de su debut en solitario, cuarenta y tantos de oficio a sus curtidas espaldas, dieciséis álbumes de estudio, cuatro directos, otro directo compartido, una banda sonora original y varias compilaciones aliñadas con rarezas y curiosidades. Resumir aquí los diez mandamientos de los que profesamos el credo rosendiano se antoja complicado. Pero voy a intentar enumerar las diez canciones esenciales del magisterio del de Carabanchel en estricto orden cronológico. Vamos allá.

 

1.‘Agradecido’ (“Loco por incordiar”, RCA, 1985).
Leño ha muerto, Rosendo está que se sube por las paredes porque padece un cautiverio leguleyo que le impide publicar obra, así que cuando en 1985 por fin puede grabar y editar su primer disco en solitario echa toda la bilis y se autopsicoanaliza en cada una de las inmarchitables nueve canciones que forman su epatante debut. Una rocanrolera guitarra que raspa como una lija, voz de cazalla, lenguaje misterioso y simultáneamente callejero, retruécanos con el léxico, actitud crítica pero no panfletaria y algunos teclados para salpimentar la propuesta: he aquí en qué consiste el sello Rosendo.

El single del debut fue este ‘Agradecido’, en el que ironiza sobre su propia situación mientras musicalmente ofrece toda su pedagogía en cuatro minutos. Todavía recuerdo cómo mis amigos y yo, todos enfermos de rocanrol, arrojamos las bicicletas y nos metimos en el coche de mi padre para escucharla por vez primera mientras sonaba en el radiocasete de su Renault 6. Fue una tarde soleada de septiembre de 1985. Desde entonces la habré escuchado varios millones de veces. Quizá más.

 

 

2. ‘Loco por incordiar’ (“Loco por incordiar”, RCA, 1985).
El segundo single de este trabajo bautismal fue el que le dio título, ‘Loco por incordiar’. Rosendo había vuelto y manifestaba su locura por molestar, ansias que recordaba en el infeccioso y trepidante estribillo una y otra vez como si fuera un salmo de una religión laica. No mentía con su voz ahumada y su Fender Stratocaster. Desde entonces se ha encontrado a gusto dando con el palo en el avispero. Imposible no señalar aquí otros destacados temas de aquel glorioso primer elepé que perfectamente podrían formar parte de estos diez mandamientos sonoros: la irónica y divertidísima ‘Pan de higo’, y el fantástico medio tiempo ‘Y dale’. Ambas habitan lugares de privilegio en sus directos.

 

 

3. ‘Navegando’ (“Fuera de lugar, RCA, 1986).
Pertenece a su segundo disco, “Fuera de lugar” de 1986. Fue el single elegido con la preciosa y tierna ‘Entonces duerme’ en la cara B. Es la canción favorita de uno de mis mejores amigos y siempre la tararea cuando quedamos para tomar unas cervezas:  “Navegando a muerte, verás cómo naufragas en la barra de algún bar”. La pieza es Rosendo en estado puro, pero con inclinación punk a la velocidad y a la rabia. De nuevo dosis elevadas de cripticismo para un tema que se puede releer como un himno de resistencia. Fingimos ser fuertes para sobrellevar tanta precariedad, es decir, estamos navegando a la muerte. Durante una época nuestro protagonista cerraba los conciertos con este tema.

 

 

4. ‘Flojos de pantalón’ (“Jugar al gua”, Twins, 1988).
Fue la primera gran canción desde su álbum de debut. Pertenece a su cuarto disco, “Jugar al gua”, de 1988. Desde su opera prima las cosas se habían torcido sobremanera y en juego estaba su propia supervivencia en el gremio de la música. Estamos en la época más crepuscular del rock hecho por la grey rockera superviviente de los antediluvianos setenta y en el apogeo de la movida madrileña que arrumbó todo lo que se suponía viejo. Visto cómo le iban las cosas en aquel crudo instante se puede decir que fue la canción que le permitió seguir en el tinglado.

La melodía es mágica, pero con la letra forma un binomio irrompible. Con su verbo cada vez más enigmático, nos relata cómo un sinnúmero de modernos avispados se está forrando con tanta tontería. Estamos en los años en que muchos mutan la gastada chaqueta de pana por el traje y la corbata de seda de color rosa, los años en que empiezan a proliferar los horteras nuevos ricos. Si la expresión bajarse los pantalones significa ceder de forma deshonrosa o humillarse ante otro, se sobreentiende mucho mejor quiénes pueden ser los que llevan los pantalones flojos. En algunas listas sobre las mejores canciones de Rosendo figura en primer lugar, incluso por delante de ‘Maneras de vivir’, la canción totémica de la época de Leño.

 

 

5. ‘De qué vas’ (“Para mal o para bien”, DRO 1994).
Canción fantástica con argumento textual muy inhabitual en el folclore rockero. Está cobijada en el disco “Para mal o para bien” de 1994. Al músico de Carabanchel le da por echarle una bronca a su hijo y lanza una diatriba parental extrapolable a esos chavales que se creen que lo saben todo cuando aún no han roto el cascarón. Para ello confecciona un medio tiempo escandalosamente pegajoso con guitarras tremendamente rasposas y un ritmo de batería que te trepana el cerebro.

Esta pieza alberga uno de sus grandes versos. En un momento de la reprimenda, un cansado Rosendo suelta la siguiente perla a su retoño: “¿De qué vas?, si aún no has aprendido a sonreír, confundes marginal con nunca me dan lo que yo quiero”.  Se viene arriba en el rapapolvo a la criatura y, cuando acepta que ya no sabe qué decirle, declama otro par de versos sublimes: «No sé que decir que no te resbale y, aunque para nada me vale, para cuando se te asome al pelo el gris, más te vale que te sientas bien de ti». Siniestro Total la releyeron con dignidad en “Agradecidos”, el disco homenaje que se le tributo a nuestro querido patriarca en 1997.

 

 

6. ‘A la sombra de una mentira’ (“Para mal o para bien”, DRO 1994).
No era su primera balada, o algo tranquilo que pudiera ser designado así, pero aquí se destapa una vertiente íntima y un pelín derrotista. Este formato lo utilizará en posteriores discos con un resultado sobresaliente.  El texto es críptico, aunque se puede entender como la propia situación que atraviesa. El rockero auténtico va tirando en mitad del circo de la música que está plagado de inautenticidad, mediocridad y embuste. Acepta su destino vital de rockero que vive a la sombra de un negocio que no va con él. Este tema lo tocará en el directo de Carabanchel, “Siempre hay una historia”, de 1999, acompañado por Luz Casal, en una versión que gana con el contraste de una voz femenina. En el vídeo elegido aparecen ambos cantándola en el programa de TVE “Séptimo de Caballería”. Luz tuvo el detalle de invitarlo el día que le dedicaron el programa a ella. Aunque muchos no lo crean, en aquella época todavía se podían ver espacios musicales en la televisión pública.

 

 

7. ‘Vaya ejemplar de primavera’ (“A tientas y barrancas”, DRO, 1998).
En 1998 toma una decisión capital para el devenir de su discografía: deja atrás los teclados y se pone a trabajar duro con la guitarra en formato de trío. Como en los tiempos de Leño. El cambio se nota enseguida en el primer disco que recoge la transformación, “A tientas y barrancas”. El single ‘Vaya ejemplar de primavera’ nos devuelve a un Rosendo vacilón y con ganas de hacer escarnio de los que van de listos. El disco es muy superior a anteriores entregas y hay varias canciones de alto nivel, entre las que destacan ‘Como el pico de un colchón’ y la hilarante ‘Spanish diferent’. La guitarra suena mucho más desatada que en los discos precedentes y él se presenta con más ganas de dar guerra. La canción es un retrato irónico de los aprovechados que no dan puntada sin hilo. “¿Vienen o van?”, se pregunta, y él solo se responde: “¡Yo no lo sé!”.

 

 

8. ‘Masculino singular’ (“Veo, veo…¡mamoneo!!”, DRO, 2002).
En 2002 lanza una invectiva contra los vanidosos, los soberbios, los autocomplacientes que, si siempre son insoportables, lo son hasta la náusea cuando se ponen estupendos. En alguna ocasión he leído que es una velada crítica al machismo, pero por más que leo la enredada letra no descubro el vínculo. La pieza tiene un riff que se abraza a los tímpanos con una adherencia de resina. Un clásico. He comprobado en directo que es uno de los temas más coreados, lo que me agrada porque muchos de los que la cantan desgañitándose aún no habían nacido cuando se publicó. La rima es graciosa a fuerza de insistir en las consonantes: “picaporte, no es que no me meta ni me importe, pero si pierdes el norte no va a haber un dios que te soporte…”.  Inolvidable el verso “berberecho, te pasas el día sacando pecho”.  La gracia de la letra no puede hacernos olvidar la guitarra peleona que va coloreando sus descripciones, especialmente ingeniosas en esta ocasión.

 

 

9. ‘Harto’ (“El endémico embustero y el incauto perspicaz”, DRO, 2007).
En 2007 publica el disco con el título más enrevesado de su discografía: “El endémico embustero y el incauto perspicaz”. La canción es un tema cien por cien Rosendo con una guitarra juguetona marca de la casa y una batería machacona que te impele a seguir el ritmo con el pie. La letra retrata muy bien el hartazgo de toda índole que vivíamos en 2007. Una lista de hartazgos que radiografían a la perfección el nuevo ecosistema sociopolítico. Su enumeración de fobias es muy sugerente y no cae en la habitual soflama panfletaria de otros grupos con los que comparte festivales. Su catálogo de repulsiones es tan abierto que cualquiera lo pueda hacer suyo y cantarlo a grito pelado sin que sienta que las fobias son de otro.  El verso más ilustrativo, cuando nos aclara que está “Harto de descubrir el pastel y no escuchar más que sandeces”.

 

 

10. ‘Tú que yo que’ (“A veces cuesta llegar al estribillo”, DRO, 2010).
Hete aquí una de mis grandes debilidades de su cancionero. Pertenece a su antepenúltimo disco, “A veces cuesta llegar al estribillo”, publicado en 2010. Texto impresionantemente lúcido de un autor que por momentos parece un bardo con la habilidad de manipular mordazmente el lenguaje al estilo de Javier Krahe. La música es tan juguetona como la propia letra. Un tema que abre una senda sonora que debería curiosear más. La pieza nos habla de una relación tormentosa en la que una parte siempre hace lo contrario a lo que hace la otra. Vitriólica, hilarante, muy perspicaz. Rosendo en uno de sus momentos cenitales como malabarista del verbo.

 

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