Lo que hay que tener: Dr. Buzzard’s Original Savannah Band

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“Revolucionó la escena disco en 1976 con sus sofisticados arreglos latinos, deslumbrantes percusiones, arrebatadores coros femeninos y un ambiente entre lujurioso, decadente y tropical-neoyorquino”

Dr. Buzzard’s Original Savannah Band
“The very best of”
RCA, 1996

 

 

Una sección de LUIS LAPUENTE.

 

 

 

El primer elepé de la extraordinaria Dr. Buzzard’s Original Savannah Band, titulado con el nombre de la orquesta, revolucionó la escena disco en 1976 con sus sofisticados arreglos latinos, sus deslumbrantes percusiones, sus arrebatadores coros femeninos, su sofisticado y divertidísimo reciclado de viejos clásicos del rhythm & blues y de Broadway, y ese ambiente entre lujurioso, decadente y tropical-neoyorquino que impregnaba desde los dibujos de la carpeta hasta la última de las canciones.

Formaron el grupo en 1976 los hermanos Stony Browder Jr. (guitarra, piano, voz) y August Darnell (bajo, voz), con Mickey Sevilla (batería), Andy Hernandez “Coat Mundi” (vibráfono, marimba, acordeón) y Don Arrnando Bonilla (percusión). De su legendario debut hay que recordar el tono festivo, embriagador y pegajoso de un puñado de canciones delirantes (‘Cherchez la femme’, ‘I’ll play the fool’, ‘Sour and sweet’), una constante en todas las producciones del grupo hasta su separación en 1980. Aún más barroco y mesmerizante fue el segundo álbum del grupo, “Or. Buzzard’s Original Savannah Band meets King Penett” (1978), escrito por August (textos) y Stony (música) a modo de descacharrante comedia musical mezclando el francés con el inglés, el alemán, los ritmos cubanos, las luces de neón y el más lujurioso y elegante de los sonidos disco, con cortes tan memorables como ‘The gigolo and I’, ‘Mister love’ o ‘Soraya’. Lamentablemente, y pese a lo atractivo y original del pastiche, muy pocos supieron degustarlo y su tercera entrega (“Dr. Buzzard’s Original Savannah Band goes to Washington”, 1979) pasó absolutamente desapercibida. Entonces, Browder y Mickey Sevilla continuaron con el nombre abreviado (Dr. Buzzard’s Savannah Band) con más pena que gloria, mientras Darnell y Coati Mundi se afanaban en inundar las pistas de baile con las inclasificables y sensuales producciones para Kid Creole & The Coconuts.

Para introducirse en la obra de la Original Banda de la Savana del Dr. Buzzard, parece obligatorio concentrarse en la escucha y disfrute de este fantástico recopilatorio digital, una generosa colección de disparates rítmicos y fastos orquestales facturada con todas las canciones de los dos primeros álbumes, que alguna mano caprichosa decididó mezclar a su antojo, sin respetar el orden original. No importa: la atmósfera extravagante y frondosa de aquellos dos trabajos es perfectamente intercambiable, las mismas voces selváticas, el mismo fragor lascivo de las cuerdas, la misma vorágine melódica. El sueño de un par de francotiradores de la heterodoxia llamados August Darnell y Stony Browder Jr.: un lujo insólito, un placer secreto y lúbrico reservado para “gourmets” de la pista de baile.

Anterior entrega de lo que hay que tener: John Edwards.

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