Libros: “Jaume Sisa, el comptador d’estrelles”, de Donat Putx

Autor:

“En una larguísima conversación (de muy incisivo y variado cuestionario) descubre sus razones, explica los porqués y nos permite conocer el brutal sentido crítico con el que mira su propia obra, los motivos que le llevaron a transformarse en Solfa”

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Donat Putx
“Jaume Sisa, el comptador d’estrelles”
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Texto: JUAN PUCHADES.

 

 

Jaume Sisa siempre tuvo algo misterioso, quizá por aquel definirse a sí mismo de manera ensoñadora como “cantautor galáctico”, quizá por ese abandonarlo todo y reinventarse en cantante melódico de falso pasado como Ricardo Solfa (o como Ventura Mestres, o Armando Llamado), quizá por jubilar a Solfa y regresar siendo Sisa, quizá porque fue uno de los músicos más indefinibles de los años setenta, quizá por haber escrito aquella joya imperecedera titulada ‘Qualsevol nit pot sortir el sol’, quizá por ser el menos catalán de los cantautores catalanes, quizá por ser el más rockero de los cantautores, quizá por ser el más loco de los rockeros… Fuese por lo que fuese, Sisa siempre resultó un misterio. Parecía no ubicarse en ningún sitio, cada disco era como una huída del anterior (hasta la gran escapada, previa defunción artística de sí mismo) y él no parecía muy dado a explicar sus razones. Jugaba al despiste, a la ironía, al absurdo, y uno siempre intuyó que, como confesionario, antes que las grabadoras de la prensa prefería las barras de los bares. Sisa aparentaba ser de lo más esquivo, y en su gloriosa (aunque poco apreciada) reencarnación como Ricardo Solfa resultó exasperante ese empeño en insistir en la falsa biografía. Es, sin duda, todo un personaje.

Ahora hay que agradecerle al periodista Donat Putx que haya logrado convencer a Jaume Sisa (su nombre real, no uno de sus seudónimos) para sentarse a hablar de lo divino, lo humano y él mismo en este necesario “Comptador d’estrelles”, en el que, de una vez por todas, Sisa se deja de misterios y en una larguísima conversación (de muy incisivo y variado cuestionario: ¡bien por el autor!) descubre sus razones, explica los porqués y nos permite conocer el brutal sentido crítico con el que analiza su propia obra, los motivos que le llevaron a transformarse en Solfa (su intención era conquistar el éxito sin paliativos, ¡ahí es nada! El fracaso, pues, fue rotundo), en jubilarlo y reaparecer como Sisa. Ese recurrir a los heterónimos es como juego de espejos deformantes en el que Sisa (y todos sus demás yo) se refleja y se multiplica.

Este libro (escrito en catalán) nos acerca como siempre deseamos hacerlo al pensamiento de este cantautor galáctico que ha superado la barrera de la edad de jubilación (esta vez de verdad, no como le sucedió a Solfa) y que se confiesa algo misógino, devoto de Dylan (hasta cierto momento de su carrera), coleccionista de discos, devorador de sonidos de todo tipo y pergeñador incesante de ideas algo disparatas aunque con un poso de sentido común desarmante. Nos relata su infancia y juventud, aquellos años del Zeleste, de los primeros discos, de los años vinculado al teatro. Habla Sisa asumiendo la edad que tiene, con la sombra de la muerte amagando en algunas páginas, pero se refiere a ella con tranquilidad, sin aspavientos. Es un Sisa que no se reserva casi nada. Si acaso, los más enfermos seguidores de su obra habríamos agradecido que profundizase con más extensión y datos en los discos, en cómo se gestaron las canciones y las producciones, porque aunque lo hace (y sin el menor atisbo de condescendencia para consigo mismo), nos sabe a poco.

Hacía falta un libro como este (que suponemos nadie se molestará en traducir al castellano, por aquello de que la música y la cultura catalana han dejado de interesar en el resto del país: perverso efecto autonómico que nadie imaginó), y alegra saber que a los pocos días de ponerse a la venta escaló al primer puesto de los más vendidos en Cataluña. Que no es algo que valide su calidad (innegable) pero sí ratifica que Sisa sigue siendo artista admirado en su tierra.

Anterior crítica de libros: “El muelle de la bahía. Una historia del soul”, de Luis Lapuente

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