LaVette reinventa a Dylan

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COMBUSTIONES

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“Cuando ya todos la daban por amortizada, va LaVette y entrega, junto al seminal ‘Child of the seventies’, su obra cumbre”

 

Cinco años después de escribir sobre ella en su anterior sección, Julio Valdeón vuelve a poner la lupa en Betty LaVette, gran figura del soul que ha editado recientemente un disco de versiones de canciones de Bob Dylan.

 

Una sección de JULIO VALDEÓN.

 

Asistimos desde hace quince años a una segunda edad de oro del soul y el rhythm and blues. En buena medida gracias a luminarias eclipsadas en los viejos tiempos. Por ejemplo, a Bettye LaVette, cuyo único éxito, ‘My man – he’s a loving man’, databa de 1962.

 

 

Hubo que esperar a 2006 para que saliera al mercado “Child of the seventies”. El portentoso disco del 72 que Bettye grabó en Muscle Shoals para Atko y cuyos masters parecían perdidos hasta que los encontró un cazador de mariposas en las mazmorras de Atlantic. Su fichaje por Anti, sus trabajos con Joe Henry, los Grammys y los homenajes, la imprescindible biografía y el resto de oropeles desembocan en 2018 en un trabajo capital, “Things have changed”. Doce versiones de Bob Dylan como doce soles incandescentes. Doce joyas que operan el milagro: insuflar vida, reinventar, retorcer, experimentar y calentar un material de primerísima categoría y que, para gozo supremo, rechaza tanto las interpretaciones canónicas, masticadas hasta perder al jugo, con las canciones más evidentes: descontado ‘It ain’t me babe’ y ‘The times they are a-changin”, el resto pertenecen a discos menos conocidos, o también al Dylan de los últimos años.

 

 

Escuchen su incendiario ataque de ‘Political world’, respaldada por su viejo amigo Keith Richards, y que ya venía cantando desde hace unos años. Yo mismo la escuché cantar el single de ‘Oh mercy’ en directo, hace un lustro. Me voló la chola. Descúbranse ante ‘Emotionally yours’, aquella suave maravilla de ‘Empire burlesque’, maltratada por la escoria, los tecladitos de feria, las reverencias a la penúltima moda, los afeitados y el azúcar cortesía del productor Arthur Baker. O una monumental, verdaderamente prodigiosa ‘Ain’t talkin”.  Dylan la publicó en 2005 y permite afirmar que estamos ante el único artista de su generación que, aunque sea con cuentagotas, todavía puede y sabe escribir y grabar canciones a la altura de sus clásicos incontestables. Sobrecoge la facilidad con la que la hace suya Lavette, que frasea como dios pero no como Dylan. Con el descaro de quien se las visto de todos los colores y no piensa, a sus 72 primaveras, rendir otro tributo que el de viajar a su aire y conforme a sus reglas.

 

 

Mención especial para Steve Jordan, productor de “Things have changed”. Supo colorealo todo con cuajo rock, rotundo y grasiento, de sus aventuras junto a Richards. Cuando ya todos la daban por amortizada, cuando parecía que no lograría sorprendernos, condenada a homenajes, conciertos en salas con cena incluida y festivales europeos como cementerios de elefantes, va LaVette y entrega, junto al seminal “Child of the seventies”, su obra cumbre. Y eso, tratándose de ella, es mucha cumbre.

 

 

Anterior entrega de “Combustiones”: Por el bulevar de Levon Helm.

 

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