Las mejores portadas del rock: Small Faces, “Ogdens’ nut gone flake”

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“Sentados frente a una hoguera con la luna sobre sus cabezas, encontraron un hilo conductor para el álbum que ya tenían claro iba a ser conceptual”

 

En 1968 a los Small Faces se les ocurrió diseñar para su disco conceptual una portada circular. Una gran idea y un diseño perfecto si no fuera porque era un infierno para venderlo en las tiendas.

 

Una sección de XAVIER VALIÑO.

 

Diseño: Mick Swan.
Fotografía: Gered Mankowitz.
Ilustración: Pete Brown y Nick Tweddell.
Fecha de edición: 24 de mayo de 1968.
Discográfica: Immediate.

Un diseño original tiene mucho a su favor para llamar la atención. Además, como todo buen estudiante de esta disciplina debería saber, tiene que ser funcional respecto al producto al que envuelve. El primer precepto lo cumplía “Ogdens’ nut gone flake”, una frase que parece casi un trabalenguas y que sirvió a Small Faces para titular su último álbum en estudio con su formación original en 1968.

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Sin embargo, al preparar su portada se olvidaron de la segunda máxima. Su formato circular fue un auténtico quebradero de cabeza para las tiendas de discos. El álbum rodaba por los estantes y generalmente acababa por caer. No había forma de emplazarlo adecuadamente. Además, la frágil unión de sus distintas partes únicamente por un lateral se rompía muy pronto.

Su compañía buscó una solución de urgencia: lo envolvió en una funda de plástico cuadrada y transparente con un botón en el lado derecho, pero casi fue peor el remedio: el botón se clavaba tanto en el propio disco como en otros que se colocasen con él, así que numerosos compradores optaron por devolverlo. El resultado: varios premios de diseño para el autor de la cubierta pero una vida conflictiva en las tiendas y en los hogares de los seguidores del grupo.

El cuarto y último álbum de Small Faces antes de su primera separación en los sesenta comenzó a tomar forma en un accidentado viaje en un barco por el río Támesis. Gran parte del disco ya había sido registrado entre el 5 de febrero y los primeros días de 1968 con la colaboración del productor Glyn Johns. Con tiempo ilimitado para grabar, aunque la compañía se lo cobraba de sus derechos de autor, el grupo se aburría. Todos intentaban buscar algo en qué pasar el tiempo. El baterista Kenney Jones, sin ir más lejos, se entretenía trabajando en la mecánica de sus coches (dos Minis, un MG y un Zephyr) que había aparcado en la calle del estudio para tenerlos a mano.

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Su manager, Andrew Loog Oldham [en la foto], los metió entonces en un barco en Berkshire. Durante unos días recorrieron el río que pasa por la capital inglesa buscando poner orden a lo que habían hecho hasta entonces y, también, con la intención de acabar de dar forma a las canciones. Paraban a dormir en hostales de los pueblos ribereños. En una ocasión se encontraron con el teclista y cantante de rhythm & blues Georgie Fame, así que pararon a charlar con él. Poco después, la marcha atrás del bote se rompió en Maidenhead y el teclista Ian McLagan, que manejaba la embarcación en aquel momento, no pudo evitar la colisión con otra embarcación conducida por un viejo lobo de mar. “¡Escoria del río!” fue lo más suave que escucharon de su boca.

El guitarrista y vocalista Steve Marriott y el bajista Ronnie Lane recordaron durante aquella excursión una idea que Pete Townshend, guitarrista de The Who, les había adelantado de su próximo proyecto: una ópera rock titulada “Tommy” sobre un chico ciego y sordomudo. En una noche, sentados frente a una hoguera con la luna sobre sus cabezas, encontraron un hilo conductor para el álbum que ya tenían claro iba a ser conceptual: un joven de nombre Stan (tanto el padre como el hermano de Ronnie se llamaban así) que va en busca de la mitad perdida de la luna.

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Compusieron entonces buena parte de la segunda cara del álbum y contactaron con el cómico Spike Milligan para que pusiese su voz en los interludios entre las canciones de la cara B. Al grupo le gustaba jugar con las palabras en directo, así que el rechazo de Milligan abrió el camino para que el elegido fuese otro cómico famoso de la televisión inglesa con el que tenían más que ver: Stanley Unwin [en la foto], quien acostumbraba a mezclar las palabras en un idioma de su creación conocido como “unwinese”.

Todos estos elementos ayudaron a que el disco tuviese una gran repercusión cuando se editó a mediados de 1968 con la coletilla de primera ópera rock. Por supuesto que su original portada también contribuyó lo suyo. Según reconoció el propio grupo, pasaron más tiempo pensando en la cubierta que en el propio concepto del disco, algo que solo se hacía evidente en su cara B. Alguno de los componentes de la banda, como Ian McLagan, creía que la idea debería haberse extendido también a su cara A.

Su fascinación con la vieja Inglaterra empapó la portada del álbum, que reproducía la caja metálica de un tabaco victoriano fabricado en Liverpool desde 1899. La idea partió de Ronnie Lane, que estaba al tanto de que este tipo de latas era el recipiente utilizado en los ambientes más al día de Londres para esconder marihuana, tanto que ellos mismos habían empezado a utilizarlas. A todos les parecía una buena forma de atraer a todo el mundo sin decir expresamente que la consumían.

Andrew Loog Oldham contactó entonces con la compañía Ogdens, que llevaba funcionando desde mediados del siglo XIX y hoy sigue en activo como parte integrante de Imperial Tobacco. La empresa les envió los originales de todos sus diseños en el mercado y también de algunos ya desaparecidos, así que el grupo los dispuso todos en el suelo para valorarlos mientras –no podía ser de otra forma– aprovechaban para probar los distintos tipos de tabaco.

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Fue el cantante Steve Marriott quien lo tuvo claro cuando vio el diseño de la lata de Ogdens’ Nut Brown Flake (Hoja marrón de nuez de Ogden). Además de llamar su atención por los colores y los motivos de la tapa de la caja, en ese mismo momento se le ocurrió una modificación para el nombre de aquel tipo de tabaco que les serviría perfectamente para lo que andaban buscando: en lugar de Ogdens’ Nut Brown Flake, Steve Marriott sugirió llamarlo Ogdens’ Nut Gone Flake (Hoja de Ogden que ‘coloca’ la mente). De esa forma insinuaban implícitamente su consumo de drogas al mismo tiempo que lo relacionaban con el personaje de Happiness Stan, aquel del que se contaba su historia en los interludios del disco.

El modelo de caja que les habían enviado era cuadrado, aunque también tuvo su versión redonda hasta que en 1983 dejó de fabricarse. Fue su manager quien sugirió que hicieran una adaptación en forma circular, idea que copiaría más adelante XTC para su disco “The big express” (1984). Para su diseño llamó a Mick Swan, un profesor de la Facultad de Arte de Lowestoft, en Suffolk, en lo que fue su única aportación al mundo del rock. Como inspiración, este sacó distintos elementos de otras de las latas de la compañía; así hizo con los reclamos en los que se podía leer “brightest selection” (la más brillante selección), “special” (especial) o “celebrated” (célebre).

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Swan cambió “manufacturado por Ogdens”, como era lo habitual en sus latas de tabaco, por la leyenda “manufacturado por Small Faces”. Además, añadió en las monedas de la lata que llevaban habitualmente retratos de reyes unas caricaturas de los cuatro componentes del grupo, con nuevos apodos que los identificaban. Así –de izquierda a derecha– Steve Marriott pasó a ser The Phantom Sheet Whistler (El fantasma silbador de sábanas), Kenney Jones era George the Cleaner XVIII (Jorge XVIII el Limpiador), Ian McLagan se llamaba Maximilian III (Maximiliano III) y Ronnie Lane era nombrado Leafy Lane (Camino de hojas frondoso).

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Las primeras copias venían en una carpeta redonda desplegable en cinco círculos de papel conectados que imitaban a la lata circular de tabaco. Años después, alguna de las ediciones en compacto traía el disco envuelto en una caja metálica, completando la similitud. Para la contraportada, McLagan eligió otra de las imágenes que Ogdens les había remitido, en este caso una en la que se leía en grandes letras que el contenido de la lata era de 1 libra (unos 450 gramos).

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Por su parte, el interior desplegable de la carpeta llevaba un collage psicodélico hecho por dos viejos conocidos de McLagan, Nick Tweddell y Pete Brown. En él se podía ver a un elfo de orejas puntiagudas fumando una larga pipa, rodeada de hojas de todo tipo que se supone tenían su efecto alucinógeno. Enfrente colocaron una fotografía del interior de una caja un papel de liar que imitaba a la conocida marca Rizlas, pero que denominaron “Sus”, según ellos una abreviatura de “suspect” (sospechoso). De esa forma, si se leía entre líneas, quedaba claro que había que liar el tabaco especial que llevaba el disco con aquel papel, fumarlo y pinchar el álbum para comenzar un viaje de los que altera la percepción.

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Al desplegar la funda interior se encontraban también cuatro retratos en blanco y negro de los componentes de la banda bajo un efecto psicodélico hecho con papel de celofán y que semejaba una tela de araña. El responsable había sido el fotógrafo Gered Mankowitz. A McLagan lo retrató en su casa de Hanover Terrace Mews, con su gato y un banjo que Rod Stewart le robaría meses después. Steve Marriott se olvidó de llevar efectos personales al estudio, así que el fotógrafo le prestó un cepillo de limpieza para que asumiera su papel de George el Limpiador.

El disco y su carátula obtuvieron varios galardones aquel año que Andrew Loog Oldham recogió en nombre de la banda: “Mejor trabajo artístico”, “Mejor diseño” y “Mejor álbum”. El grupo se lo encontró un día en las escaleras de la discográfica Immediate llevándoselos todos para su casa. No se lo impidieron, siendo conscientes de todo el trabajo que había hecho por ellos, empezando por la organización de aquel viaje en barco por el Támesis.

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Estaba claro que el manager había hecho lo posible para conseguir el éxito del álbum. Por si no fuese suficiente, todavía tenía otra bala en la recámara con la que generar un escándalo. Publicó como anuncio del disco un texto que parodiaba y adaptaba a su conveniencia el Padrenuestro cristiano. Tras las iras suscitadas, lo retiró, pero ya había conseguido una publicidad extra y gratis, por si todavía había alguien que no había captado el mensaje de la portada:

“Small Faces,
que estabais en los estudios,
santificado sea vuestro Nombre.
Venga a nosotros vuestra música,
cántense vuestras canciones,
en este disco como cuando vienen a la cabeza.

Os damos hoy nuestro pan de cada día.
Danos este álbum en una portada redonda
como también nosotros te damos 2 libras
Condúcenos a las tiendas de discos
y entréganos Ogdens’ Nut Gone Flake
porque buena es su música, la portada y la historia.
Por los siglos de los siglos,
Immediate”.

Anterior entrega de Las mejores portadas del rock: John Lennon & Yoko Ono, “Unfinished music No. 1: Two virgins”.

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