La Música de El Mundano: Extorsión y Payola (1)

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La Música de El Mundano: Extorsión y Payola (1)Texto: ADRIAN VOGEL.


En un momento en que los ataques a discográficas y editoriales suelen ser moneda común en los medios, quizás sea el momento de recordar sus actitudes y reacciones en referencia a la corrupción; que en muchos casos tienen su origen en los propios periodistas y las empresas que los emplean.

Pero antes de seguir adelante conviene definir conceptos y significados. El diccionario de la RAE es la mejor fuente:

EXTORSIÓN
(Del lat. extorsio, -onis).
1. f. Amenaza de pública difamación o daño semejante que se hace contra alguien, a fin de obtener de él dinero u otro provecho.
2. f. Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido.

Payola no figura en el diccionario (y “fistro” tampoco, por mucho que se empeñe una “miembra” del gobierno). Para algunos es un mexicanismo, pero en realidad es la unión de dos palabras: el verbo inglés “to pay” (pagar) y Victrola, la marca de los primeros tocadiscos (o Rockola, las famosas jukebox). Se conoce como payola al acto de presionar a una empresa, estación de radio o locutor, por medio de sobornos y/o amenazas para promover a un grupo musical o artista.

SOBORNAR.
(Del lat. subornare).
1. tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.
Payola sí forma parte del idioma inglés, por obra y gracia del negocio de la música grabada y los medios. El primer caso judicial data de 1960. El 9 de mayo el disc-jockey Alan Freed (autor de la expresión Rock & Roll que bautizó la revolución musical de los 50) fue condenado por haber aceptado 2.500 dólares. También se vieron involucrados otros precursores del rock & roll en la radio como Dick Clark y Murray “The K” Kaufmann.

Antes del “caso Alan Freed” la payola no era ilegal, pero sí lo eran los sobornos comerciales. Después del juicio se aprobaron medidas anti-payola, con multas de hasta diez mil dólares y un año de cárcel. La revista Billboard recordaba que “el cáncer de la payola no podía ser atribuible al r&r… era flagrante durante la década de los 20 (vaudeville) y también en los 30 y 40 (las big bands)”.

Podría extenderme sobre casos estadounidenses que afectan al crimen organizado, a promotores independientes (eufemismo que refleja aquello de “tirar la piedra y esconder la mano”), condenas a Sony BMG (10 millones, 2005), Warner (5 millones, 2005), Universal (12 millones, 2006) por el lado de las discográficas o los 12 millones y medio de dólares con las que fueron condenadas importantes cadenas de radio como CBS, Citadel, Clear Channel y Entercom.

Está claro que el morbo se encuentra en el solar patrio. Y quisiera dejar claro que esta miniserie de artículos no van a tratar de los conciertos y festivales y las corruptelas de nuestros políticos en ayuntamientos y comunidades autónomas.

Comienzo por el llamado maestro de periodistas, el franquista Emilio Romero. Impulsor de la creación de la Facultad de Ciencias de la Información desde su puesto de Director de la Escuela de Periodismo. El mismo que declaraba que el periodista no se vendía, se alquilaba. Mal empezábamos…

Así es como le reflejan en la Wikipedia: “Emilio Romero podía perfectamente atacar a la banca o a un presidente de un gran banco español basándose en que el estatus de los banqueros era provisional si se atendían a los principios de Falange Española. Después de una serie de artículos sobre el tema, con una extrema dureza contra el banquero, no volvía a mencionar el asunto. Este silencio casi empezaba en el momento en que Romero estrenaba un nuevo Mercedes de brillante color verde. Su habilidad como escritor y orador era tal que parece que convirtió su pluma y su palabra en genuinas herramientas de ganarse la vida, vamos en un pico para abrir y una pala para enterrar.”

De momento reproduzco las líneas maestras de lo que debería ser, y que escribí hace unos años para el Libro Blanco de la UFI (Unión Fonográfica Independiente). Desafortunadamente sigue vigente.

[…]

2.7. LUCHA CONTRA LA “PAYOLA”.

La “payola” es un fenómeno de corrupción específico del sector fonográfico. Se resume como el soborno a medios de comunicación, locutores, programadores, periodistas y/o DJs a cambio de promoción y publicidad de los productos fonográficos. En muchos países está tipificado como delito castigado por ley. Estados Unidos de América fue pionero tanto en su creación e implantación como en su persecución y prohibición.

Éste es un fenómeno comparable a los laboratorios y la clase médica.

En España la “payola” existe. Tanto en el ámbito individual como en el “modus operandi” de algunas empresas y medios de comunicación. Y con el paso del tiempo se ha ido sofisticando. Estas prácticas suponen un gasto para las empresas discográficas que las usan y lógicamente encarecen el precio final del producto.

Desde la UFI estamos activamente en contra de estas prácticas y proponemos su eliminación, aplicando todo el peso de la ley, tanto a las empresas como a las personas que practican y fomentan este delito. Tanto al corruptor como al corrupto.

Pero la “payola” no es el único fenómeno de corrupción que se da en el sector. Desde las clásicas comisiones en la cadena de valor que se dan en casi todos los sectores (que también encarecen el producto final) hasta la venta de productos y muestras promocionales por parte de los medios y periodistas que reciben gratuitamente nuestras ediciones. Esto último era algo también casi exclusivo de nuestro sector, pero casos recientes como el de los periodistas que revendieron sus pases de prensa a unos “hooligans”, en la reciente final de la UEFA celebrada en Sevilla, nos hacen ver que ocurre en otras industrias. Claro que estos dos periodistas fueron sancionados de forma inmediata. Algo que desdichadamente no ocurre en nuestro sector.

Otros fenómenos de corrupción son las vacaciones y viajes pagados a medios y periodistas/programadores/locutores; regalos suntuosos y, según los casos, procedentes del catalogo de productos electrónicos y electrodomésticos de la casa madre de la discográfica; reformas y amueblamiento de viviendas de locutores y programadores; falsos concursos; pago en especie, acciones o dinero (bien negro y en metálico o bien mediante facturas de agencias de publicidad del medio/programador/locutor de turno); actuaciones gratuitas para el medio/programador/locutor, etc. Todo a cambio de la difusión y apoyo masivo de los discos de la compañía que sea.

Tanta inversión (en millones) corresponde a tratamientos favorables en la difusión y promoción de sus productos.

Es necesario, pues, abogar por la ética y el bien hacer en los medios de comunicación.

Y también la concentración de poder que se da entre algunos medios y su propia discográfica; algunas cadenas de tiendas y su discográfica así como sus propios medios de comunicación, etc.

Proponemos que se acabe con todo este tipo de prácticas que manchan la reputación de todos y afectan a la credibilidad de los productores y discográficas de cara al público comprador y al sector creativo y nos colocan ante claras situaciones de competencia desleal por parte de quienes practican estas ilegalidades.

Otro ejemplo de corrupción practicado por las grandes compañías es el de la autocompra de CDs para manipular las listas de ventas. Actividad que expresamente está prohibida por la normativa que rige en AFYVE –hoy Promusicae–, pero que nadie persigue ni vigila. Un claro ejemplo de doble moral que afecta y pervierte claramente el mercado y su normal funcionamiento y donde se da la paradoja de que artistas con ventas de verdad se ven relegados en la lista de ventas o simplemente no entran, porque la inversión en autocompra de ciertas compañías se lo impide y cierra el paso.

Una normativa clara, sencilla y directa podría ser la mejor de las soluciones. Y abundan los ejemplos a nuestro alrededor, veamos solamente dos:

1. – En USA se prohibió tajantemente, a mediados del siglo pasado, que los productores de cine/estudios fuesen a la vez propietarios de salas de cine/exhibidores.
2. – En Prensa y Televisión existe el concepto de publirreportajes y la palabra “publicidad” impresa en pantalla, para no confundir/engañar al lector y/o telespectador. Es decir que si va sonar una canción, un fonograma, en una emisora como parte de una inversión publicitaria, que se especifique claramente por el locutor/ resentador/DJ para no engañar al oyente. Esto es una situación claramente distinta a la de la llamada cuña publicitaria, que nunca dura lo que la canción y tiene un claro mensaje publicitario. Lo que denunciamos es pagar por poner música, confundiéndolo con un criterio de selección por parte de la emisora. […]

Los pelos y señales, así como algunos casos significativos ¡la semana que viene!

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