La cara oculta del rock: ¿Qué fue de la nariz de Michael Jackson?

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“La inquieta nariz de Jackson no le dejó tranquilo ni siquiera después de su muerte, ya que los medios difundieron que al realizar la autopsia, en el centro de su rostro faltaba esta parte de su cuerpo.”

 

Con el paso de los años, aquel niño negro de cara redonda se convirtió en una criatura pálida y de facciones cadavéricas. El rostro de Michael Jackson sufrió tantos cambios como especulaciones se hicieron sobre su aspecto físico. Pero, ¿llegó el Rey del Pop a perder su nariz en algún momento?

 

Una sección de HÉCTOR SÁNCHEZ.

 

La nariz de Michael Jackson dijo basta y se desprendió cuando el cantante se encontraba grabando un programa de televisión para celebrar sus treinta años en el mundo de la música. Este especial se emitió por la cadena CBS el día 13 de noviembre de 2001, pero los espectadores no pudieron comprobar cómo el cantante perdía una parte de su cuerpo ya que este había decidido eliminar tan comprometido momento del montaje final. Aunque nunca se ha demostrado que este suceso ocurriera de verdad, el rumor corrió a la velocidad habitual a la que solía circular cualquier bulo relacionado con el Rey del Pop. Y es que la inquieta nariz de Jackson no le dejó tranquilo ni siquiera después de su muerte, ya que los medios difundieron que al realizar la autopsia, en el centro de su rostro faltaba esta parte de su cuerpo.

A Michael Jackson, su nariz le dio guerra desde muy joven. No estaba contento con ella y se planteaba someterse a una operación para modificarla; si algo le frenaba a hacerlo era el miedo a la cirugía. Cuando en 1979 tropezó en un ensayo y su nariz acabó rota sobre el escenario, a Michael se le presentó la oportunidad en bandeja de plata. ¿Era necesaria esta operación o fue la excusa que necesitaba? Gina Sprague, secretaria de Joseph Jackson, el padre del cantante, se pronunció al respecto: “Joseph me dijo que dudada de que Michael se hubiera sometido a esa cirugía de no haber sido indispensable. Fue la primera. Nadie imaginó a qué conduciría en el futuro. Cuando le quitaron las vendas, a Michael le gustó lo que vio”. Con esta primera rinoplastia, Michael Jackson acaba de destapar la caja de Pandora y no tenía ninguna intención de volver a cerrarla.

A la primera rinoplastia le siguió una segunda, supuestamente por problemas respiratorios. Y a esa segunda, inevitablemente, le siguió una tercera. En 1984, una fuente cercana a su cirujano plástico, el doctor Steven Hoefflin, explicó el motivo de esta tercera operación: “(Michael Jackson) había decidido que las últimas dos no habían quedado lo suficientemente bien. ‘Tiene que ser más fina. ¿Vieron lo que parecía mi nariz en los Premios American Music, junto a Diana (Ross)? La de ella era tan fina… y la mía parecía tan gorda… La detesté’. No se atrevió a decir que quería la nariz de Diana Ross, pero era bastante obvio que estaba buscando eso”. Este era otro de los rumores habituales relacionados con el artista: según las malas lenguas, se operaba con la intención de convertirse en su amada Diana Ross. Más adelante, la diva se cuestionaría el supuesto parecido: “¿Yo me parezco a eso?”.

Durante este periodo de metamorfosis, otra de sus amigas, Jane Fonda, le pidió que le hiciera un favor, o que se lo hiciera a él mismo: “Quiero que te detengas ya mismo. No más. Prométeme que no irás más lejos con todo esto. Debes quererte tal como eres, por lo que eres”. Aunque la respuesta fue un “lo intentaré”, Jackson no tenía mucho empeño en finalizar con su renovación de imagen. La cuarta rinoplastia tuvo lugar en junio de 1986 y esta vez vino acompañada de un hoyo en la barbilla. “¿Para qué?”, se preguntó Katherine, la madre del artista. “Sencillamente, no lo entiendo”. Pero su hijo fue conciso: “Me lo puedo pagar, lo quiero y me lo voy a hacer”. No todos los miembros de la familia vieron mal estas decisiones, al menos, a su hermana Janet le pareció bien: “Creo que si más gente se lo pudiera pagar, también lo haría. No veo que tenga nada de malo”. Aunque a Janet le pareciera normal, varios profesionales consideraron que Michael sufría un trastorno dismórfico corporal.

Detrás de cada operación, Michael Jackson encontraba una cierta lógica: “Realmente quiero ser perfecto. Me miro al espejo, y sencillamente quiero cambiar, y para mejorar. Siempre he querido ser mejor, así que tal vez es por eso que quería el hoyuelo. No veo otra forma de explicarlo”. Cuando su mánager, Frank Dileo, le preguntó que cuándo se iba a detener, Michael le lanzó una curiosa respuesta: “Soy una obra en ejecución”. A estos cambios quirúrgicos, había que sumarle el aspecto delgado que el cantante había adquirido en los últimos años. Sobre esto, Jackson se pronunció en su autobiografía publicada en 1988: “La redondez ha seguido ahí hasta hace unos años en que cambié la dieta y dejé de comer ternera, pollo, cerdo y pescado, así como otros alimentos grasos. Simplemente quería tener un aspecto mejor, llevar una vida mejor, más sana. Poco a poco, a medida que adelgazaba, mi rostro adquirió la forma que tiene ahora; mientras, la prensa empezó a acusarme de alterar mi aspecto quirúrgicamente, más allá de la rinoplastia a la que admito que me sometí, igual que muchos otros intérpretes y estrellas de cine”. En este mismo libro, Michael negaba cualquier otra operación: “Me gustaría dejar las cosas claras. Nunca me he arreglado las mejillas ni los ojos. Tampoco me he afinado los labios ni me he sometido a una dermoabrasión ni a un peeling. Todas estas acusaciones son ridículas. Si fuesen ciertas, lo diría, pero no lo son. Me he arreglado dos veces la nariz y hace poco me he puesto un hoyito en la barbilla, pero eso es todo. Nada más. Me da igual lo que diga la gente; es mi cara y sé lo que es cierto”.

Después de la operación del hoyuelo, el Rey del Pop empezó a mostrarse en público con tres elementos de los que no se desprendería: el sombrero de fieltro negro, las gafas de sol y la mascarilla. Jackson también encontró una explicación para justificar el uso de esta última pieza: “Cuando me sacaron las muelas del juicio, el dentista me dio una mascarilla para que me la pusiese en casa y evitase infecciones. Me encanta esa mascarilla. Es estupenda, mucho mejor que las gafas de sol, y fue divertido llevarla durante un tiempo. En mi vida hay tan poca privacidad que ocultar una pequeña parte de mí es una manera de darme un respiro de todo esto. Puede que parezca extraño, lo sé, pero me gusta mi privacidad”. No obstante, J. Randy Taraborrelli en su biografía “Michael Jackson. La magia y la locura, la historia completa” (Alba Editorial) asegura que se sometió a tantas operaciones que perdió la cuenta y tuvo que verse obligado a utilizar una punta de nariz protésica, y como consecuencia, la mascarilla: “Es interesante notar que, cuando Michael era visto usando la mascarilla, que ya formaba parte de su imagen, no siempre se debía a que intentaba ocultar su identidad o evitar gérmenes. A veces se debía simplemente a que no deseaba usar la prótesis. Colocar el aplique implicaba un proceso molesto y frustrante, una cruz que debía cargar diariamente, y ciertos días simplemente no toleraba. Por eso la mascarilla”.

Pero el cambio de forma no fue lo único que llamó la atención en la metamorfosis del cantante, lo mismo sucedió con su cambió de color. Aunque se le diagnosticara en 1986 la enfermedad llamada vitíligo, la despigmentación de la piel, las malas lenguas preferían asegurar que Michael Jackson se avergonzaba de ser negro y quería convertirse en blanco. A pesar de sus cambios de imagen, se cuestionaba por qué los medios tenían tanta fijación en su apariencia: “No entiendo por qué está la prensa tan interesada en especular en torno a mi aspecto. ¿Qué tiene que ver mi cara con mi música o mi forma de bailar?”. Y aunque varias de las leyendas urbanas relacionadas con el cantante las alimentara él mismo, nunca estuvo de acuerdo con la imagen que los medios de comunicación ofrecían de él: “Tengo la opinión de que mi imagen se distorsiona a ojos del público. No reciben una imagen completa de cómo soy, a pesar de la cobertura mediática (…). En ocasiones, publican mentiras como si se tratase de hechos ciertos y muchas veces solo cuentan la mitad de la historia. La parte que no publican suele ser la parte que haría que el artículo fuese menos sensacionalista porque revelaría la verdad”.

A pesar de su talento musical, gran parte de la humanidad se ha quedado con la imagen de un excéntrico cantante con síndrome de Peter Pan adicto a pasar por quirófano. “La mayor felicidad que he tenido jamás fue saber que podía tomar decisiones con respecto a mi rostro”, llegó a comentar Michael Jackson. Sin duda, una confesión como esta tampoco le hacía ningún bien. Pero más allá del castigo irónico que el Rey del Pop recibiera al perder su nariz después de tanta operación, si es que esto hubiera sucedido en realidad, se esconde un trauma infantil. Cuando era niño, recibió un cruel apodo por parte de sus hermanos: Narizotas. Pero la última razón por la que Michael Jackson decidió operarse su nariz, e inaugurar una espiral de operaciones sin fin, fue que, al mirarse al espejo, no quería ver el rostro de un hombre que guardara cierto parecido al de su padre.

 

 

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