La cadencia fúnebre de Chris Cornell

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chris-cornell-18-05-17

“Esa cadencia fúnebre, ese pesar, esa maldición que, misterios del alma humana, resultaba reconfortante”

 

A pocas horas de conocer la marcha de Chris Cornell, Juanjo Ordás reflexiona sobre parte de su camino con Soundgarden, Audioslave y en solitario, y el momento que estaba atravesando justo ahora.

 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

 

La vida es impredecible. Se extingue cuando menos te lo esperas. La muerte de Chris Cornell nos ha supuesto una desagradable sorpresa, disfrutaba de una buena madurez y no dejaba de trabajar, ya fuera como solista, con Soundgarden, el proyecto paralelo Temple of the Dog e incluso abriéndole los brazos a una posible reunión con Audioslave. Es decir, estaba aglutinando todas las vivencias de sus vidas pasadas en una sola, nueva y actual.

Ya hizo historia, se revolcó por el underground, llego al mainstream según sus propias reglas y cotejó las más altas esferas del éxito hiper masivo para descubrir que su lugar no estaba ahí. Ahora parecía volcado en escribir buenas canciones. Su último disco, “Higher truth” (2015), así lo demostró. No era un trabajo rompedor, sino una colección de canciones muy sentidas que no iban a revolucionar el mundo, pero sí unos cuantos corazones.

Por razones inexplicables más allá del propio placer, me encontraba escuchando hace muy poco dos discos tangencialmente alejados en su carrera. Uno es “Superunknown”, que llevó a Soundgarden a la cima definitiva; el otro, “Euphoria morning”, su debut a solas. El punto común entre ambos, más allá de esa voz fuerte y sensible capaz de cualquier registro, era la huella que Cornell imprimía a todo lo que cantaba. Esa cadencia fúnebre, ese pesar, esa maldición que, misterios del alma humana, resultaba reconfortante.

 

 

Sin duda, la de Cornell ha sido una pérdida triste. Siempre decimos aquello de que su obra queda, y es cierto, pero su temprana partida también hace pensar en la cantidad de cosas que le faltaban por hacer, no solo como músico, sino como persona. Y eso siempre es triste.

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