“Kong: La Isla Calavera”, de Jordan Vogt-Roberts

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CINE

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“Toda la trama no es sino una excusa para los efectos especiales”

 

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“Kong: La Isla Calavera”
Jordan Vogt-Roberts, 2017

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

Con “Kong: La Isla Calavera” no solo nos encontramos con un remake nostálgico de un gran clásico de Hollywood, sino el intento de poner en marcha una lucrativa franquicia de cine de monstruos. Se trata de las dos tendencias más habituales en la industria cinematográfica contemporánea, siempre dispuesta a seguir las modas que correspondan con tal de seguir obteniendo ingresos multimillonarios.

 

 

El filme recupera y actualiza “King Kong”, la cinta de 1933 de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack que ya era a su vez una reinterpretación del cuento popular de “La bella y la bestia”. Sería injusto para “Kong: La Isla Calavera” no admitir que como nueva versión de un clásico es bastante más capaz de respetar al tiempo que reinventar la historia original que otros remakes anteriores que se han limitado a copiar espectacularizando. Puede Peter Jackson darse por aludido. Sin embargo, a pesar del merecido homenaje que se hace aquí al clásico de los años 30 y los innumerables guiños (incluyendo la venganza contra la aviación que el nuevo argumento parece ofrecerle a Kong), resulta complicado obviar todos los flagrantes errores de construcción fílmica.

Ninguno de los personajes humanos parece existir más allá de la superficie y a pesar de tener un reparto estelar, sorprende que la mayor expresividad y emoción provenga del propio Kong, que no es sino una creación digital. El resto, y en especial el personaje interpretado por Samuel L. Jackson, rozan la parodia. Pero lo cierto es que con un guion y unos diálogos afectados y construidos sobre el cliché tampoco se puede hacer mucho más. En realidad, no termina de quedar claro si la película se toma en serio o toda esta exageración es deliberada, pero en todo caso no deja de resultar una experiencia divertida, bien porque uno se deje llevar de verdad por el tono pseudo-épico de la película o bien porque uno decida, como placer culpable, disfrutar del exceso.

Si se hace el esfuerzo de dejar de lado (como claramente se ha hecho desde la realización) lo relacionado con las cuestiones de coherencia narrativa interna, “Kong: La Isla Calavera” es pornografía Kaiju-eiga. Las imágenes de un colosal Kong luchando contra otros monstruos o contra una horda de helicópteros funcionan por sí mismas y nos confirman que toda la trama no es sino una excusa para los efectos especiales. Pura forma sin fondo.

Anterior crítica de cine: “Fences”, de Denzel Washington.

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