Kiss, la película: En vivo mucho mejor

Autor:

kiss-24-06-15-a

“Su escena digna de Oscar la escenifica durante ‘God of thunder’, más concretamente durante el momento gore él sólo con su bajo-hacha mientras inunda de sangre su inhumana lengua y vuela hasta la plataforma más elevada”

 

La desenfrenada gira española de la banda neoyorquina pasó el lunes por la capital, donde descargaron sus cuarenta años de rock duro y maquillaje. Allí estuvo Miguel Tébar A.

 

 

Texto: MIGUEL TÉBAR A. Fotos: ALFREDO RODRÍGUEZ.

 

 

Llevan más de 40 años de carrera, son una de las bandas que más millones de discos ha vendido por todo el mundo –y con menor cantidad de números 1 respaldándolos–, Kiss posee la marca de rock que ha generado y despachado mayor variedad de objetos inverosímiles –producto de su certera mercadotecnia–, seguramente sus miembros lucen los maquillajes y plataformas más copiados en fiestas y conciertos, están considerados unos auténticos pioneros del espectáculo musical circense más divertido, probablemente sea una de las bandas de hard rock con más registros y mayor número de seguidores (el fan club “KISS Army”), aunque quizás también de las que menor atención le dedica en profundidad la crítica especializada.

En pleno solsticio de verano, Kiss pasó una vez más por nuestro país y en esta ocasión pudieron concluir su parte europea del “40th Anniversary World Tour” en el Barclaycard Center madrileño, en el cual finalmente se colgó el ansiado cartel de “sold out”. Tras los ilusionados teloneros australianos The Dead Daisies –sobran las comparaciones con unos Def Leppard, por ejemplo–, se alzó el identificativo logotipo sobre telón negro y tras los cambios oportunos de escenografía, se apagaron las luces y se encendieron dos pantallas laterales –con mayor resolución aún si cabe que la propia vista–. A través de ellas los cuatro transformistas más reconocibles del glam metal saludaron a cámara, mientras en pleno travelling esta les acompañaba al plató, obviamente los actores en salir al gran escenario se llaman: Gene Simmons “The Demon” (1949), el bajista y cantante; Paul Stanley “The Starchild” (1952), el guitarrista y cantante; Eric Singer “The Catman”, el baterista, y Tommy Thayer “The Spaceman” (1960), el guitarrista solista.

El show dura cien minutos y en su guión se incluyen casi todos los tópicos que se pueden imaginar para un espectáculo de música en directo. Lo mejor de la historia es que cumple cualquier expectativa y finalmente queda una buena sensación pese a la intrínseca analepsis, a poder proveerse el final o incluso a si un fastidioso hermano mayor te lo hubiese contado con ganas de dar envidia antes del día señalado en tu entrada.

Kiss inician a rodar enganchando al espectador con ‘Detroit rock city’ y ‘Deuce’ –favoritas de Stanley y Simmons, quienes respectivamente las interpretan marcando su liderazgo,–, seguidas de la explícita bienvenida ‘Psycho circus’ –su último hit del siglo XX– y de una amable toma de contacto con el público, pese al obvio papel de paripé que le toca al protagonista “el Chico Estrella”, obligado incluso a probarse saludando en simpático español e incluso a entonar ‘Cucurrucucú paloma’ con su debilitada voz. De hecho, su discurso tuvo menor seguimiento que las púas constantemente lanzadas como trofeo.

kiss-24-06-15-b copia

La acción discurre con ‘I love it loud’, el primer tema súper coreado y un potente sencillo del mismo disco que ‘War machine’ en el que Simmons juega con fuego. Aunque sin duda su escena digna de Oscar la escenifica durante ‘God of thunder’, más concretamente durante el momento gore él sólo con su bajo-hacha mientras inunda de sangre su inhumana lengua y vuela hasta la plataforma más elevada. Por su parte, Stanley también tuvo su momento de gloria sobrevolando nuestras cabezas para alcanzar otra explanada central, donde poder acaparar toda la atención del pabellón a ritmo de ‘Love gun’ e introducir la épica ‘Black diamond’ en la que Singer ejerce de cantante y Thayer de guitar-hero –como bien dejaron registrado los originales predecesores en KISS–.

Y para desenlazar la trama de “Kiss, la película (redux)”, llega el necesario dúo ‘Shout it out loud’ inspirado por The Hollies y con un groove que recuerda a los del sello Motown –a este punto no hubiese estado nada mal encajar un baldón–, justo antes de disparar los últimos miles de vatios láser directos a la “mirror-ball” para acompañar la discotequera y primorosa ‘I was made for lovin’ you’ o el echar el resto definitivo de pirotecnia para marcar cada riff de guitarra y redoble de timbal en el himno ‘Rock and roll all nite’.

¿Cuánta satisfacción no dará, a estos tristemente llamados dinosaurios del rock, encontrarse tocando ciudad tras ciudad ante una afición de la que distan varias generaciones y triunfar? Lo muy cierto es la cara de felicidad que dejan a cualquier aficionado o profano que se acerque a ver su película, sin pensar siquiera que pueda tratarse de un propio remake. Como bien pronosticaron los británicos Argent en 1973 –fecha en que se formó KISS– “Dios nos dio el Rock and Roll (y a cada cual una canción para cantar)”, la lluvia de confeti blanco que inundó el recinto subrayó tal máxima celestial. Llamémoslo incombustibilidad.

 

 

Artículos relacionados