Iggy Pop Las mil caras de la iguana (una discografía esencial)

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Repasar la carrera de Iggy Pop siempre es interesante. Músico inquieto, capaz de moverse entre la violencia y la emotividad como pez en el agua, James Newell Osterberg Jr (su verdadero nombre) nunca ha sido especialmente explotado en nuestro país a nivel comercial, razón de más para sumergirse en lo más interesante de una discografía fascinante que a mediados de este mes contará con una nueva entrega: Preliminaires, un álbum en el que, según parece, la iguana se sumerge en aguas jazzísticas. En este informe recomendamos sus discos esenciales

 

Texto: Juanjo Ordás.

 


THE IDIOT
(Virgin, 1977)

Con la ayuda de su amigo David Bowie y trasladándose a Berlin, Iggy decide iniciar su  trayectoria solista. Kill city, su disco junto al ex Stooge James Williamson había sido grabado pero no se editaría hasta años después, por lo que son varias las razones que hacen pensar en el exuberante The idiot como el primer disco  en solitario de Iggy Pop. Poco parece quedar de su etapa como miembro de los Stooges, aunque no es así: El libertinaje creativo colea con fuerza. Abriendo con las lentas “Sister midnight” y  “Nightclubbing” (Iggy y Bowie de marcha por la capital alemana), The idiot juega con la vanguardia sonora de guitarras tratadas y ritmos en busca de la orginalidad. Y lo consigue con nota: la chulería de “Funtime” y la clásica “China girl” (en una versión mucho más sucia que la que grabaría Bowie años después) elevan sin problemas a clásico un disco que también se nutre del cabaret fantasmal de “Baby” en otros temas también generosos en calidad e incluso en minutaje.

 


LUST FOR LIFE
(Virgin, 1977)

Nueva colaboración con Bowie en un segundo trabajo aún mejor que el ya de por si excelente The idiot. Abriendo fuego con todo un himno como “Lust for life” (un rock and roll acelerado y tribal que toda una nueva generación redescubriría por su inclusión en la película Transpotting), esta vez la experimentación es apartada para dar rienda suelta a canciones mucho más directas como “Sixteen” (de nuevo con reminiscencias cabareteras) o la rockera “Some weird sin”. Pop se vuelve a entregar su alma en la épica “Tonight”, una canción de fuerte influencia inglesa al más puro estilo Bowie, quien también deja notar su mano en “Success”. Ciertamente, no es difícil rastrear el sonido de la etapa berlinesa del Camaleón en los dos primeros discos de la Iguana, aunque el mejor tema de Lust for life era el clásico “The passenger”, melancólica y nocturna canción con la que Iggy se consolidaba como gran interprete y compositor.

 

 

KILL CITY
(Bomp Records, 1977)

Para algunos se trata del cuarto disco de los Stooges, y aunque se nutre en parte de canciones que el combo de Detroit venía tocando en directo antes de su disolución, realmente debería considerarse como el primer disco en solitario de Iggy Pop a nivel cronológico y como un trabajo firmado a medias junto al ex Stooges James Williamson. Iggy entra y sale de un manicomio para escribir letras y componer melodías sobre la música que el guitarrista preparaba. El resultado es un disco de rock puro, con momentos memorables como el stoniano tema título o la espectral “Johanna”. Una joya a la que en su día dedicamos un artículo completo.

 

 

BLAH BLAH BLAH
(A&M, 1986)

La caída en el arquetípico sonido ochenta no le hace particular daño a la Iguana. La citada década barniza el trabajo con percusiones y bajos artificiales mientras las guitarras son expulsadas del primer plano por cortesía de los teclados. Pero la actitud de Iggy puede con todo y rubrica un disco lleno de excelentes melodías que debería ser rescatado sin prejuicios. Pop juega al mainstream y gana, aunque es conveniente dejar de lado la versión de “Real wild child” (un simple reclamo comercial) para introducirse en un trabajo que presenta a un músico disfrutando de medios tiempos que se ajustan como un guante a su grave voz (“Shades”, la soberbia “Isolation”) aunque sin dejar de lado el nervio de su leyenda, esta vez encarnado en pop dinámico (“Blah, blah, blah”, “Cry for love”).

 


INSTINCT
(A&M, 1988)

Fuerza y músculo. El rock directo de Los Ángeles comienza a dominar el mundo y Pop se alía con Steve Jones (Sex Pistols) para parir un disco áspero, sin matices pero tremendamente enérgico. La inicial “Cold metal” no engaña, las seis cuerdas de Jones y la poderosa voz de Pop controlan Instinct con pulso firme, conduciendo cada una de las canciones, dando la sensación de que el disco se grabó en vivo y de un tirón. No parecía ocasión de meditar, sino de actuar.  Entre un listado de temas inspirados, destacaban “High on you” (acertada mezcla de desolación y filo rockero) y el romanticismo callejero de “Lowdown”. Quizá los seguidores de la faceta más “arty” de Iggy consideren Instinct una pieza menor, aunque en realidad se trata del disco que devolvió a su autor a la causa rockera, un compendio adrenalínico de grandes canciones.

 


AMERICAN CAESAR
(Virgin, 1993)

Díscolo, anárquico, ordenado, amable y bestial. Solo así se puede definir American Caesar, un disco en el que conviven el mejor medio tiempo que jamás haya firmado Pop (“Beside you”), canciones irónicas de punk (“Boogie boy”), amagos de country (genial “Highway song”), el retorno ruidista del sonido Stooge (“Wild America”) y perfectos ejercicios de crooner (“Our love”). Parte del porcentaje de la duración era ocupado por cuatro piezas de música de autor, acústicas y personales. “Jealousy”, “Mixin’ the colors”, “Hate” y “Fuckin alone” son un cuarteto demoledor de canciones sinceras y melancólicas en la línea de un Leonard Cohen punk que debería escuchar cualquiera que se ciña a encajar a Iggy en parámetros sonoros limitados.

 


BEAT’EM UP
(Virgin, 2001)

Imposible finalizar un repaso a lo más interesante de la iguana en solitario sin hacer parada en una de sus últimas obras. Beat’em up pasó desapercibido para el público, cuando en realidad se trata de un disco de gran nivel. Sucio, frío y caliente, de guitarras salvajes pera abrasivas canciones, primario en definitiva. “Mask” traía de vuelta el punk y la metálica “L.O.S.T” sonaba apocalíptica, mientras “Howl” invitaba a recorrer las autovías aullando y “Weasels” golpeaba sin miedo. A otro nivel, Iggy firma dos canciones que bien podrían haber formado parte de cualquiera de los últimos discos de Red Hot Chili Peppers: La colosal “Talking snake” y la destacable “The jerk”. Uno de los mejores discos de Pop, de justa producción y fuerte carga adrenalínica. A revisitar.

 

 

A MILLION IN PRICES: THE ANTHOLOGY
(Virgin, 2005)

El mejor recopilatorio de Iggy. Un doble CD editado por Virgin que recorre todas sus etapas, desde los comienzos junto a los Stooges hasta Skullring, su último trabajo en solitario. Incluso hace parada en algunos de sus lanzamientos menos celebrados, rescatando piezas como “Run like a villain” que, en perfecta convivencia junto a clásicos como “Raw power”, ayudan a dibujar con fidelidad una carrera de oro. Es el disco ideal para quienes quieran iniciarse de nuevas en la carrera de Iggy Pop y les provoque un cierto vértigo comenzar por los álbumes originales.

 

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